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Thread: Verismo / Giovane Scuola

          
   
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  1. #166
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  2. #167
    Schigolch
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    El gran tenor Fernando de Lucia, cuyo estilo de canto parece a veces tan alejado del verismo, fue sin embargo un asiduo colaborador de los compositores de la época. Y participó nada menos que en los siguientes estrenos:

    L'Amico Fritz, I Rantzau, Il Profeta Velato (de Daniele Napoletano), Silvano, Iris, Fedora, Marcella y Vita Bretone (de Leopoldo Mugnone).

    Vamos a escuchar un par de arias de Fedora, cantadas por Fernando de Lucia:




  3. #168
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    RE LEAR,
    de Antonio Cagnoni (2/2)


    Cagnoni terminó “Re Lear” en 1895, pero una pérdida de interés de La Scala por la obra y el fallecimiento del compositor al año siguiente convergieron para frustrar su estreno, que no se produjo hasta el 19 de julio de... ¡2009!, en la 35ª edición del Festival della Valle d’Itria. Los intérpretes fueron: Costantino Finucci (Barítono; Lear), Danilo Formaggia (Tenor, Edgar), Serena Daolio (Soprano; Cordelia), Eufemia Tufano (Mezzo; Regan), Rasha Talaat (Soprano; il Matto), Vladimer Mebonia (Bajo, Conde de Gloucester), Domenico Colaianni (Barítono, Conde de Kent), Maria Leone (Soprano, Guneril), Gianni Coletta (Duque de Cornwall), Cristian Camilo Navarro Diaz (Edmund), Coro eslovaco de Bratislava, Orquesta Internacional de Italia. Director: Massimiliano Caldi.

    De esta representación procede la única grabación existente, comercializada por Dynamic.


    Para su “Re Lear” Cagnoni no contó con el libreto de Cammarano-Somma, sino con uno de Ghislanzoni, que si bien sigue el original shakespeariano en algunos puntos, se aparta escandalosamente en otros. Hay que tener en cuenta que la obra teatral es muy enrevesada, y para presentarla como ópera era necesario simplificar bastante. Por ejemplo, del libreto operístico desaparece el personaje del Rey de Francia, y en consecuencia, no sabemos de dónde saca Cordelia las tropas en el Acto IV. Guneril, una de las hermanas, se queda casi sin papel. Edmund, que es fundamental para el desenlace, sólo aparece en el Acto II como un invitado más, y hasta el último momento no nos enteramos de que es medio hermano de Edgar, y que ama a Regan. Por otro lado, Edgar mantiene una relación amorosa con Cordelia que no aparece en Shakespeare. En cambio Ghizlanzioni guardó bastante fidelidad al drama en el primer acto y, sobre todo, mantuvo la escena clave, la de la tormenta en el bosque. Todo ello se puede comprobar en el libreto: http://www.eclassical.com/shop/art81...pdf-872007.pdf


    ACTO III
    Escena Primera
    Aquí tenemos la escena del bosque, ésa que arredraba a Verdi. En mitad de la noche aparecen Kent y Edgar, éste vestido como un mendigo, en un bosque desde el que se divisa a lo lejos el castillo de Gloucester. Edgar se queda allí. Kent, que sigue camino hacia el castillo, se despide de él. En un ratito que le queda hasta que aparecen otros personajes, aprovecha para cantar una quejumbrosa aria:

    Comienzo del Acto III

    EDGAR
    Delle sventure mie
    come pianger potrei?
    Esiglio, povertà, carcere, morte...
    Tutto con gioia affronterò per lei.
    O celeste Cordelia, io vivo solo
    di questa fiamma che si accende al raggio
    di tua bellezza. Una caligin tetra
    l’universo ricopre... Il ciel minaccia
    ire tremende... E solo io qui m’aggiro
    in veste da mendico, entro una selva
    ov’è smarrita d’ogni uman la traccia.

    Ma tu, divina, eterea
    larva, i miei passi guidi,
    tu nelle dense tenebre
    qual astro a me sorridi...
    Fiso lo sguardo in quella
    luce serena e bella,
    il mio sentier di triboli
    parmi una via di fior.
    Per te morrei, Cordelia,
    col paradiso in cor.
    EDGAR
    ¿Cómo podría
    llorar mis desventuras?
    Exilio, pobreza, cárcel, muerte...
    Todo lo afrontaría con alegría por ella.
    Oh, celeste Cordelia, tan sólo vivo
    para esta llama que se enciende con el rayo
    de tu belleza. Una tétrica niebla
    recubre el universo... El cielo amenaza
    con ira tremenda... Y solitario ando por aquí
    vestido de mendigo, en un bosque
    sin rastro de existencia humana.

    Pero tú, divino, etéreo
    espíritu, guía mis pasos,
    entre las densas tinieblas
    sonríeme como un astro...
    Fijo la mirada en aquella luz
    serena y bella,
    y mi senda llena de tribulaciones
    me parece un camino de flores.
    Por ti moriría, Cordelia,
    con el paraíso en el corazón.

    Aparecen unos leñadores buscando refugio ante la tormenta que se prepara. Como no sabe de qué bando están, Edgar se hace pasar por tonto y da una identidad falsa. A la reunión se suman Lear y su bufón, que surgen sobre un promontorio. La aparición del Rey, también en harapos y con evidentes síntomas de enajenación mental, coincide con el estallido de la tormenta, en clara muestra de que no sólo asistimos a una alteración de la naturaleza sino que, además y sobre todo, estamos ante una representación del estado de ánimo del monarca, igualmente alterado. Por cierto, que la descripción musical de la tormenta que hace Cagnoni recuerda mucho a la de “Rigoletto”.

    Edgar reconoce al Rey y se pone a su disposición. El monarca, viéndole hecho un mendigo, le pregunta si acaso tiene hijas ingratas a las que haya donado sus bienes. Cuando se calma la tormenta, una nueva figura aparece al fondo: Gloucester, que ha sido cegado por Regan en pago a su lealtad al Rey Lear. Padre e hijo cruzan unas emocionantes frases de reencuentro. Los leñadores se van y la escena concluye con el cuarteto formado por los personajes que quedan.


    Escena Segunda
    Aquí se produce el reencuentro entre el Rey depuesto y la hija exiliada. Conducido por Edgar y Kent, Lear llega ante Cordelia, quien, enterada de las penurias que ha sufrido, le ofrece un vaso de agua. El Rey se lo devuelve y con ello comienza el dúo:

    Dúo de Lear y Cordelia

    LEAR
    Prendi: mercé ti rendano
    di tua pietà gli dei...
    Come soavi posano
    le tue pupille in me!
    Ch’io ti contempli: un candido
    spirto del ciel tu sei.
    No, tu non sei mia figlia,
    non diedi un trono a te.

    CORDELIA
    (Baciandolo in fronte)
    Ah! Questo bacio dissipi
    le angosce tue crudeli...
    Tua figlia son, ravvisami...
    la tua Cordelia son.

    LEAR
    (Alzandosi)
    Sì, dal tuo labbro echeggiano
    le melodie dei cieli;
    il nome tuo ripetimi...

    CORDELIA
    La tua Cordelia io son

    LEAR
    Cordelia era una gracile
    bambina... or lo rammento...
    Su’ miei ginocchi assidersi
    io la vedea talor;
    mi sorridea baciandomi,
    mi carezzava il mento,
    e poi... laggiù nel prato
    toglea farfalle e fior...

    CORDELIA
    Quella son io...

    LEAR
    Il nome tuo ripetimi...

    CORDELIA
    La tua Cordelia.
    ¡Cordelia, oh padre!

    LEAR
    ¡Cordelia, oh figlia!
    LEAR
    Ten: que los dioses
    premien tu piedad...
    ¡Con qué suavidad posas
    tu pupilas en mí!
    Deja que te mire: eres
    un cándido espíritu del cielo.
    No, no eres hija mía,
    a ti no te di un trono.

    CORDELIA
    (Besándole en la frente)
    ¡Ah! Que este beso disipe
    tus crueles angustias...
    Soy tu hija, mírame....
    Soy tu Cordelia.

    LEAR
    (Levantándose)
    Sí, en tus labios resuenan
    las melodías del cielo;
    repíteme tu nombre...

    CORDELIA
    Soy tu Cordelia.

    LEAR
    Cordelia era una grácil
    muchacha... Ahora lo recuerdo...
    Sobre mis rodillas
    la veía sentarse a veces;
    me sonreía besándome,
    me acariciaba la barbilla,
    y después... allí, en el prado,
    cogía mariposas y flores...

    CORDELIA
    Aquella muchacha soy yo...

    LEAR
    Repíteme tu nombre...

    CORDELIA
    Soy tu Cordelia.
    ¡Cordelia, oh padre!

    LEAR
    ¡Cordelia, oh, hija!

    Lear acaba recordándolo todo y recuperando el juicio. Viendo el estado al que les ha llevado su decisión de abdicar y su ingenua confianza en las hijas mayores, pide perdón a la pequeña y la reconciliación llega de inmediato. A lo lejos, un coro anuncia que va a empezar una guerra contra los Duques y sus consortes Regan y Guneril.



    ACTO IV
    Escena Primera
    Entre el acto anterior y éste, ha estallado la guerra. Y de hecho, está ya decidida. Rodeada por los insurgentes en su castillo, Regan es informada del transcurso de la batalla por su marido, el Duque de Cornwall. La derrota es total. Guneril ha sido hecha prisionera, el Duque de Albany herido de muerte... Regan le confía que aún espera dar la vuelta a la situación con la ayuda de un traidor: Edmund. Resulta que el hijo bastardo de Gloucester la ama y por ello ha aceptado el encargo de infiltrarse en el campamento enemigo, ganarse la confianza de Cordelia y asesinarla. Cornwall, harto de crímenes, no quiere más manejos turbios. Decide lavar su nombre muriendo honrosamente en la batalla, y eso sí que lo consigue plenamente. Regan lo presencia desde las ventanas del castillo.

    La reina llama a la guardia, a sus leales, pero no acude nadie. A los únicos que ve, en un momento de trastorno mental, es a los fantasmas de Gloucester y de Lear, que le acusan silenciosamente de sus crímenes. El siguiente al que ve es Edgar, pero éste es de carne y hueso, y blande una espada. Regan lanza su órdago: si me matas, tu hermano Edmund ejecutará a Cordelia. Edgar sale con el corazón en la boca hacia el campamento donde ha dejado a su amada, mientras a lo lejos se oyen voces que anuncian la quema del castillo.


    Escena Segunda
    En el campamento de los sitiadores se celebra la victoria. Gloucester pregunta a Kent por unos y otros, y cuando se entera de que Cordelia está con Edmund, el ciego demuestra que ve más que ninguno: “¡Corre!” le grita a Kent. ”¡No me fío de Edmund!”. Kent sale hacia la tienda de Cordelia pero no llega a tiempo. El bufón, que viene de allí, se presenta ante los alegres vencedores y les da la funesta noticia: Cordelia ha sido asesinada. Al compás de una marcha fúnebre traen su cadáver sobre una camilla, para desesperación de Edgar, que llega en ese momento, y del Rey Lear, que cae muerto de dolor junto a su hija.

    Final

    BUFFONE
    Di danze e canzoni
    questa vi par giornata?
    Dei pazzi e dei buffoni
    la stella è tramontata...
    Dacché cadea reciso
    quel fiore di beltà,
    su labbra umane il riso
    più mai non spunterà.

    CORO
    Oscura è troppo e mesta
    la tua canzon...

    BUFFONE
    Credete?
    Pure, canzon di questa
    più gaia non mi udrete
    mai più cantar.

    CORO
    (Respingendolo)
    Va! Porta
    tai nenie altrove! Va!

    BUFFONE
    (Piangendo, con disperazione)
    E morta! E morta! E morta!

    CORO
    (Con sorpresa)
    Ei piange... Che sarà?

    (Squillo funebre a poca distanza)

    Qual suon lugubre!

    BUFFONE
    E dessa...
    Addio per sempre!

    (Fugge verso il castello)

    CORO
    (Osservando)
    Quale triste corteo si appressa!

    GLOSTER
    (Alzandosi)
    Numi! Qual suon ferale!

    (Kent, indi soldati che portano sovra
    una barella la salma di Cordelia; Donne, ecc.)

    KENT
    (Piangente)
    Cordelia!

    CORO
    (Circondando Kent)
    Ebben? La buona Cordelia?

    KENT
    Non è più...

    TUTTI
    Spenta! O dolor!

    KENT
    Dal perfido Edmondo uccisa fu...

    (Tutti vanno incontrao ai soldati che portano
    La barella al suon di marcia funebre)

    GLOSTER
    Ah! Fu il mio cor presago...

    CORO
    Pera chi osava infrangere
    questa celeste imago
    d’ogni gentil virtù!

    LEAR
    Ululate! Ululate!
    Uomini, siete di macigno? Oh! S’io
    le vostre lingue avessi e gli occhi vostri!
    Gridar... pianger vorrei, finché disfatta
    si spezzasse la volta ampia dei cieli...

    CORO
    Ei delira...

    KENT
    Nessuna voce lo turbi...

    LEAR
    (Additando)
    E là... Guardate... E là...
    Mio cor, ti sciogli in lagrime,
    per sempre ella è partita...
    Pur... se in quel petto un alito
    spirasse ancor di vita...

    (Gettandosi sulla salma di Cordelia)

    Come la terra è gelida
    la mano... e muto il cor!

    TUTTI
    Sventura atroce! Quale
    strazio del suo maggior?

    LEAR
    (Parlando alla salma)
    No! Non è ver che il candido
    fior di tua vita è spento!
    Cordelia mia, Cordelia...
    Dimmi che vivi ancor!
    Sciogli le labbra... parlami
    col tuo celeste accento...
    Gli occhi dischiudi, irradiami
    d’un tuo sorriso il cor.

    CORO
    Si tragga altrove il misero.

    KENT
    (Accostandosi a Lear)
    Sire...

    LEAR
    (Alzandosi)
    Chi a me favella?
    Dessa è ben morta! Vivono
    i corvi, i lupi; ed ella,
    ella si pia... si amabile...
    più mai, più non vivrà...
    Questo collar scioglietemi...
    Colà guardate! Là.

    (Cade presso la salma di Cordelia)

    EDGAR
    (Correndo allarmato)
    Cordelia!

    GLOSTER
    (Intercettandogli il passo)
    Arresta!

    EDGAR
    (A Gloucester)
    Oh, vista atroce! Spenta!
    E vivere poss’io?

    GLOSTER
    Lo dei per me...

    (Edgar si getta piangendo nelle braccia di Gloucester)

    CORO
    Pace alla pia Cordelia,
    pace all’estinto Re.

    (Le donne gettano fiori sulla salma di Cordelia,
    i soldati abbassano le bandiere. Gloucester, Edgar
    e Kent formano un gruppo al lato della scena,
    su cui dal castello in fiamme vienne a
    proiettarsi una luce rossastra)
    EL BUFÓN
    ¿Os parece que hoy es día
    para danzas y canciones?
    De los locos y los bufones
    ha caído hoy la estrella...
    Desde que fue cortada
    aquella flor de belleza,
    ninguna sonrisa apuntará
    en los labios de los hombres.

    CORO
    Demasiado oscura y triste
    es tu canción...

    EL BUFÓN
    ¿De verdad?
    Y sin embargo,
    no me oiréis cantar
    una canción más alegre.

    CORO
    (Apartándolo)
    ¡Vete! ¡Llévate
    tus endechas a otra parte! ¡Vete!

    EL BUFÓN
    (Llorando desesperadamente)
    ¡Está muerta! ¡Muerta! ¡Muerta!

    CORO
    (Con sorpresa)
    Está llorando... ¿Qué pasarà?

    (Suena cerca una trompeta funebre)

    ¡Qué lúgubre sonido!

    EL BUFÓN
    Es ella...
    ¡Adiós para siempre!

    (Corre hacia el castillo)

    CORO
    (Mirando)
    ¡Qué triste cortejo se acerca!

    GLOUCESTER
    (Levantándose)
    ¡Dioses! ¡Qué funesto sonido!

    (Kent y varios soldados que llevan sobre
    una camilla el cadáver de Cordelia; mujeres, etc.)

    KENT
    (Lloroso)
    ¡Cordelia!

    CORO
    (Rodeando a Kent)
    ¿Qué? ¿La buena Cordelia?

    KENT
    Ya no existe...

    TUTTI
    ¡Muerta! ¡Oh, dolor!

    KENT
    La asesinó el pérfido Edmund.

    (Todos van al encuentro de los soldados que llevan
    la camilla al son de marcha fúnebre)

    GLOUCESTER
    ¡Ah! Mi corazón lo presintió...

    CORO
    ¡Perezca quien haya osado destruir
    esta celestial imagen
    de todas las virtudes!

    LEAR
    ¡Aullad! ¡Aullad!
    Hombres, ¿sois de piedra? Oh! ¡Si yo
    tuviese vuestra lengua y vuestros ojos!
    Quisiera gritar... llorar, hasta que
    se derrumbase la bóveda de los cielos...

    CORO
    Delira...

    KENT
    Que ninguna voz le moleste...

    LEAR
    (Señalando)
    Ahí está... Mirad... Ahí está...
    Corazón mío, te disuelves en lágrimas,
    ella se ha ido para siempre...
    Sin embargo... si aún quedase en su pecho
    un hálito de vida...

    (Arrojándose sobre el cadáver de Cordelia)

    Como la tierra está helada
    su mano... ¡y mudo el corazón!

    TODOS
    ¡Atroz desventura! ¿Hay tormento
    mayor que el suyo?

    LEAR
    (Hablando al cadáver)
    ¡No! ¡No es verdad que la cándida
    flor de tu vida se haya apagado!
    Cordelia mia, Cordelia...
    ¡Dime que vives aún!
    Separa los labios... Háblame
    con tu acento celestial...
    Abre los ojos, ilumíname
    el corazón con una sonrisa tuya.

    CORO
    Llevémonos al infeliz.

    KENT
    (Acercándose a Lear)
    Señor...

    LEAR
    (Levantándose)
    ¿Quién me habla?
    ¡Ella está muerta! Viven
    los cuervos, los lobos; y ella,
    ella tan buena... tan amable...
    no más, no vivirá más...
    Quitadme este yugo...
    ¡Mirad ahí! Ahí.

    (Cae junto al cadáver de Cordelia)

    EDGAR
    (Corriendo alarmado)
    ¡Cordelia!

    GLOUCESTER
    (Cerrándole el paso)
    ¡Detente!

    EDGAR
    (A Gloucester)
    ¡Oh, visión atroz! ¡Muerta!
    ¿Y puedo vivir yo?

    GLOUCESTER
    Debes hacerlo por mí...

    (Edgar se arroja llorando en los brazos de Gloucester)

    CORO
    Paz a la buena Cordelia,
    paz al difunto rey.

    (Las mujeres echan flores sobre el cadáver de Cordelia,
    los soldados bajan las banderas. Gloucester, Edgar
    y Kent forman un grupo a un lado de la escena,
    sobre la cual el castillo en llamas proyecta una luz
    rosácea)

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    GIUSEPPE DANISE



    Nació en Nápoles en 1883 y estudió en el Conservatorio local. Debutó en 1906 en el Teatro Bellini de la ciudad, interpretando Alfio en “Cavalleria Rusticana” Hasta 1912 su carrera transcurrió en compañías de provincias, y después en Rusia, siguiendo los pasos de Battistini durante tres años. Varias actuaciones posteriores en Palermo y Turín llaman la atención, y en 1913 interpreta el papel de Amonasro en la primera “Aida” que se representa en la Arena de Verona. Tras una gira por Uruguay, Argentina y Brasil, es acogido triunfalmente en La Scala con “La battaglia di Legnano”.

    En 1921 debuta en el Met y allí canta ininterrumpidamente durante once años papeles verdianos, belcantistas y veristas, como “Andrea Chénier” o “Loreley” (ambas con Muzio y Gigli), e “I gioelli della Madonna”.

    Vuelve a su patria para la temporada 1932-33 y, si bien el retorno se inicia con los mejores auspicios (éxitos clamorosos con su Lohengrin turinés y la Tosca scalígera), su Conte di Luna es extrañamente protestado por el público milanés. Tras algunos recitales en el San Carlo de Nápoles y en el Carlo Felice de Génova, decide dejar la escena, regresando a Nueva York en 1935, donde abre una escuela de canto que le permite vivir cómodamente. Tras un sonado divorcio de la bailarina Ines Rognoni, se casa con la soprano brasileña Bidú Sayao en 1946. Muere el 9 de enero de 1963.

    Danise fue un ejemplo emblemático del cantante de transición entre la vieja y la nueva escuela, ya iniciada con la generación precedente de los Ancona, Scotti, Sammarco, pero que todavía hallaba en los años próximos a la I Guerra Mundial a los últimos depositarios del estilo decimonónico. Danise había asumido indudablemente los principios fundamentales de la escuela decimonónica, pero, al igual que todos sus colegas de la época, tuvo que confrontarlos con las óperas de la Giovane Scuola. De todas formas, el cambio desde el belcantismo romántico a la visceralidad verista fue menos traumático en los barítonos que en otros registros vocales, y si en lo tocante a tenores y sopranos Caruso y Burzio habían trazado una nítida línea de separación entre el cantante del pasado y el moderno, la cuerda baritonal tuvo su transformador en Titta Ruffo, pero de manera mucho más gradual y algo más tardía.

    La voz de Danise, de barítono dramático verdiano, amplia y extensa, poseía una igualdad entre registros absoluta, y una enorme rotundidad tanto en el grave como el agudo. "Voz de resonancias claustrales", que dijo Lauri-Volpi al escribir acerca de la "austera solemnidad" de su canto, el timbre era más oscuro y robusto que el de un Stracciari o un de Luca, pero también menos pulido y rico en matices.

    Como cantante decimonónico, Danise fue un valedor de la emisión relajada, el canto ligado, los contrastes piano-forte para recrear el soliloquio, el respeto a la melodía aliado a la dicción nitidísima. Estas líneas maestras las aplicó no sólo al repertorio romántico, sino también al verista, en particular a Scarpia y Gerard. De esta forma se convirtió en baluarte de la escuela clásica frente a los envites de la nueva, más visceral y musculada.

    La grabación acústica de Rigoletto realizada por HMV en 1917, que por problemas técnicos nos ha llegado con el papel del bufón repartido entre Danise y Ernesto Badini (Borghi-Zerni fue Gilda y Broccardi el Duque) se considera como la mejor interpretación del barítono napolitano y según Celletti “el Rigoletto más completo que se puede escuchar en disco” (Le grande voci).

    Aquí lo tenemos, en "Cortigiani, vil razza"




    Y en un par de papeles veristas:

    Buona Zazà, de “Zazà”




    Nemico della patria, de “Andrea Chénier”





    En 1923 firmó un contrato con Brunswick Records, y en esos registros eléctricos se percibe un oscurecimiento de la voz, que adquiere un toque gutural. Un ejemplo de esos años:


  8. #171
    Schigolch
    Guest
    Efectivamente, Danise, partía de un buen instrumento, como también hacía De Luca, aunque de distintas características ambos. Sin embargo, ninguno tenía la extraordinaria dotación natural de un Stracciari. O de un Ruffo.

    Gran estilista, y de austero canto, como indica Lauri-Volpi, podemos considerarlo uno de los mejores barítonos italianos de esas extraordinarias generaciones.

  9. #172
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    IL GRILLO DEL FOCOLARE
    de Riccardo Zandonai

    En 1908, el animador cultural de la sociedad milanesa Arrigo Boito, presentó al joven Riccardo Zandonai al editor Ricordi, que fue quien le encargó la ópera. El libreto es de Cesare Hanau, quien se basó en un cuento de Navidad de Charles Dickens, y, salvo por el hecho de que algunos personajes conversan con un grillo, el argumento es auténticamente verista. Y además, verismo urbano, del que no abunda. Sin embargo, la música no tiene nada que ver con el estilo de Mascagni o Leoncavallo; con una especie de arioso constante y mucha declamación, se asemeja más a lo que pocos años después presentará Pizzetti con su “Fedra”. Bueno, la verdad es que a Zandonai ya lo conocemos; no vamos a descubrir ahora cómo era su estilo.

    Conozcamos a los personajes de esta historia, que tiene lugar en 1830, en los suburbios de Londres:

    .......... .....
    John Peerybingle (barítono): Cochero londinense, de los que nunca faltan en las novelas de Dickens, Conan Doyle, etc. Es un buen hombre, un pedazo de pan entrado en años. Expresión esta última que, semánticamente, no dice nada pero con la que todos nos imaginamos a una persona que ya no es joven. Echémosle unos cincuenta años. Como todo buen marido, no se entera de qué va el asunto hasta el final. (Un detalle de auténtico verismo)
    .......... ..
    Dot (soprano): Joven esposa de John. Digamos, veintipocos años. Inteligente y de buen corazón, es la verdadera protagonista, el personaje en el que confluyen las dos tramas de la historia: por ayudar a casarse a Edward y May, ve peligrar su propio matrimonio. Ella y John tienen un niño de diez meses y tres días. "Vacunado", como dice Dot para que quede constancia..
    .

    .......... ..
    El grillo (personaje mudo): Insecto que Dot y John tienen en una jaula, sobre el hogar (el focolare). Lo tratan como si fuera un perro o un gato doméstico, hablan con él y respetan mucho sus opiniones, que el animal expresa a través de la orquesta. En realidad, no tiene la menor incidencia ni en la gestación del problema ni en su solución, por lo que darle título a la ópera me parece desproporcionado, aunque, eso sí, es original y respeta el título de la novela.

    .......... .....
    Tackleton (bajo): El malo de la película es dueño de una juguetería, y todo el problema surge cuando anuncia su intención de casarse con May, pese a que, como John, él también está “entrado en años”. Además, hace creer a John que su mujer le engaña. Pero no es ni mucho menos un Yago: él cree realmente que Dot engaña a su amigo y se limita a meter cizaña. Por otra parte, él no conoce el compromiso previo de May, por lo que no es consciente del daño que le hace.

    .......... .....
    Caleb Plummer (barítono): Anciano que trabaja en la juguetería de Tackleton y se pasa toda la ópera lamentándose. Aunque motivos tiene: en primer lugar, es viudo y pobre dickensiano. O sea, de solemnidad. Pese a ello, la comida de Navidad se celebra en su mísera casa. En segundo lugar, tiene una hija ciega: Berta. Y para terminar, tenía un hijo, Edward, que se fue a América seis años ha, buscando fortuna y al que da por muerto al no recibir noticias suyas.

    .......... .....
    Berta Plummer (mezzosoprano): Hija de Caleb. Es ciega y ayuda a su padre en la fabricación de muñecas. (En el cuento les cose los ojos de cristal, pero al libretista le debió de parecer una paradoja truculenta, y en la ópera simplemente las viste) Para paliar su sufrimiento, Caleb la engaña haciéndole creer que viven desahogadamente. Para colmo, Berta se enamora de Tackleton, el jefe de su padre..

    .......... .....
    El viejo vagabundo (tenor): Es raro que un tenor haga el papel de viejo, ¿verdad? Tiene su explicación: el viejo resulta ser Edward, el hijo perdido de Caleb que se hace pasar por pordiosero para averiguar si May, su antigua novia, le sigue siendo fiel después de seis años de ausencia..
    .
    .

    .......... .....
    May Fiedling (soprano): Novia de Edward que, aunque le ha sido fiel durante más de un lustro, al final se ve obligada a casarse con Tackleton por imposición de su madre..
    .
    .
    .

    .......... .....
    La madre de May. Ni canta ni aparece en escena en ningún momento, pero es la causante del drama. De una intervención de Edward se deduce que no le dejaba casarse con May por ser pobre, y por otra de May nos enteramos de que obliga a su hija a contraer matrimonio con Tackleton, al que no ama.
    .


    El relato, al final, hace pensar en si merece la pena engañar a otros para hacerlos más felices, si guardar secretos en pareja es bueno para la salud conyugal, y en las malas interpretaciones y el daño que puede hacerse actuando por impulso en vez de razonando las cosas con serenidad.

    En el estreno, que tuvo lugar en el Politeama Chiarella de Turín el 28 de noviembre de 1908, estos roles fueron interpretados por:
    Albertina Baldi (Dot)
    Edmondo Grandini (John Peerybingle)
    Francesco Federici (Caleb Plummer)
    Angelo Pintucci (El viejo vagabundo – Edward Plummer)
    Ugo Canetti (Tackleton)
    Ernestina Bertinetti (May)
    No me consta quién cantó el rol de Berta.
    La orquesta la dirigía Pietro Cimini.


    Aquí está la partitura, aunque incompleta. Faltan unas 8 ó 10 páginas:
    http://www.piano.ru/scores/zandonai/zand-grillo.pdf

    Los audios que ilustrarán la exposición proceden de una representación en Pésaro, en 1984, con una calidad bastante deficiente. Pido disculpas de antemano por ello. Los intérpretes son:
    Heui Youn Chung (Dot)
    Roberto Magri (John)
    Jai Hwan Lee (Caleb)
    Antonio Carangelo (El viejo vagabundo – Edward)
    Maurizio Picconi (Tackleton)
    Yeal Seon Kang (Berta)
    Guadalupe Gonzales (May)
    Director: Ottavio Ziino



    ACTO I

    Mientras se ocupa de las tareas de la casa, Dot le canta al grillo una canción infantil. La llegada de John provoca una breve y tierna escena de amor conyugal. Al cabo de un rato, el cochero se acuerda de que ha dejado esperando en la calle a un viejo al que se ha encontrado sentado en la nieve, y que ha traído para que se caliente. Sale corriendo y vuelve enseguida con un viejo andrajoso. Poco después llega Caleb, amigo del matrimonio. En la conversación que tiene con ellos salen a relucir los dos puntales de la existencia del hombre: Berta, su hija ciega y Edward, su hijo desaparecido en América. Caleb y John pasan a la habitación donde duerme el niño.

    Cuando se encuentra a solas con Dot, el viejo se quita la peluca y las gafas, y descubre que se trata de Edward, el hijo ausente de Caleb. A Dot no le da un soponcio de milagro. Edward vuelve rico de América, pero cuando estaba a pocas millas de Londres ha oído que su novia, May Fiedling, va a casarse con otro, y se ha disfrazado para averiguar, sin ser reconocido, qué hay de cierto en ello. Dot le asegura que May le sigue esperando. Suenan unos golpes en la puerta. Edward vuelve a ponerse el disfraz. John y Caleb regresan a la sala. El recién llegado es Tackleton, amigo de John y jefe de Caleb, que viene a anunciar su matrimonio con May Fiedling y a invitar a todos a la boda. Aunque, de momento, lo que hace es invitarse a sí mismo, junto con May, a la comida que sabe que todos los años celebran la víspera de Navidad Dot, John, Caleb y Berta en casa de estos últimos.

    Vuelven a quedarse solos Dot y Edward. Para comprobar si es verdad que May ha traicionado a Edward, Dot traza un plan: en algún momento de la comida en casa de Caleb, se las ingeniará para quedarse a solas con May. Entonces avisará a Edward, que estará montando guardia por los alrededores, para que entre a la casa y escuche a su exnovia. Edward queda alojado en casa de Dot y John, y el el acto termina con una escena sumamente enternecedora, con ese matrimonio sencillo, amante y feliz, recordando en la intimidad de su casa cómo se conocieron, cómo se enamoraron y cómo se casaron. Y mientras cae la noche, Dot se adormece y su amoroso marido le pide al grillo que cante para acunarla.

    Dúo de Dot y John

    JOHN
    Vedo... Vedo laggiù...
    Laggiù lontano, delle piccole Dot correre,
    correre tenendosi per mano.
    I prati sono in fiore.
    Il sole è fulgido,
    è il dolce aprile!
    Allora eri una piccola bambinetta gentile.

    DOT
    Allor tu non mi amavi!
    In quelle nuvole vedo salir,
    confondersi tanti sogni soavi!

    JOHN
    I sogni nostri. Eccola passar
    modesta e bella per la via,
    è Dot fanciulla,
    quale apparve al trepido desìo
    dell’amorosa anima mia.

    DOT
    È allor che ti guardai la prima volta,
    dritto negli occhi, fiso,
    da un senso arcano
    mi sentìa sconvolta
    e fiamme di rossor salirmi al viso.

    JOHN
    Era il Maggio odoroso.
    Strappai da un cespo,
    e ti ho gettato un fiore.

    DOT
    Ma qual’è questa musica
    che mi par di sentir?
    La chiesa è piena di lumi e canti.
    E chi è quella pallida donna,
    che al fianco tuo si regge appena?

    JOHN
    È Dot, la sposa mia.
    Ma guarda, eccola:
    in nuova veste,
    fra le spire appare.
    È china su una culla,
    un bimbo dondola e ancor più bella pare.
    E poi la vedo, nel lontan
    crepuscolo, vecchietta ormai,
    sull’uscio riguardare...
    Oh, quant’ani passarono,
    quant’anni per amare!

    DOT
    (Sottovoce, quasi addormentata)
    Quant’anni passarono, per amare...

    JOHN
    Oh, Grillo consapevole, tu canti?
    Canta ancora! Grillo gentile,
    guardala dormir, la tua signora...
    Sì, canta, canta ancora.
    Dormi... Dormi, mio amore!
    Dormi... Dormi...
    JOHN
    Veo... Veo allí abajo
    a lo lejos, pequeñas Dot corriendo,
    corren cogidas de la mano.
    Los prados están floridos.
    El sol es fúlgido,
    ¡Es el dulce abril!
    Por entonces eras una niña gentil.

    DOT
    ¡Entonces aún no me amabas!
    ¡En aquellas nubes veo acumularse,
    confundirse tantos sueños suaves!

    JOHN
    Nuestros sueños. Y ahora, mírala pasar
    modesta y bella por la calle.
    Es Dot jovencita,
    que se muestra al ansioso deseo
    de mi alma amorosa.

    DOT
    Y al mirarte por primera vez
    directamente a los ojos,
    un sentimiento desconocido
    se apoderó de mi
    y se me encendió la cara.

    JOHN
    Era el mayo oloroso.
    Arranqué una flor del césped
    y te la lancé.

    DOT
    Pero... ¿qué música es ésa
    que me parece estar oyendo?
    La iglesia está llena de luces y cánticos.
    ¿Y quién esa aquella pálida mujer
    que apenas se sostiene junto a ti?

    JOHN
    Es Dot, mi esposa.
    Pero mira, ahí está:
    con un vestido nuevo
    aparece entre las espigas.
    Está inclinada sobre una cuna,
    mece a un bebé, y aún parece más bella.
    Y después la veo, en el lejano
    crepúsculo, viejecita ya,
    recordar bajo el umbral...
    ¡Oh, cuántos años han pasado,
    cuántos años para amar!

    DOT
    (En voz baja, medio adormilada)
    Cuántos años han pasado para amar...

    JOHN
    Oh, grillo inteligente, ¿cantas?
    ¡Sigue cantando! Grillo gentil,
    mira cómo duerme tu señora...
    Sí, sigue cantando.
    Duerme, amor mío.
    Duerme, duerme...



    ACTO II

    La víspera de Navidad. En una habitación humildísima, Berta está vistiendo muñecas y cantando melancólicamente a un amor que, por el momento queda desconocido para nosotros. Más tarde sabremos que se trata de Tackleton.

    Berta. Comienzo del Acto II

    BERTA
    Lungi! Ah, lungi, sul l’ali del vento
    un mio sogno gentil s’involò
    nel mio cuore. Ora più non lo sento,
    forse a un altro lontan lo portò.
    Ma sul’ali del vento, un messaggio
    misterioso al mio cuore arrivò,
    circonfuso d’un dolce miraggio
    che una dolce speranza avvivò...
    Ohimè, come turbata mi sento!
    Se è il mio sogno che torna non so,
    o se è quello che il perfido vento
    in un giorno di Maggio portò!

    (Con grande sentimento)

    Chi sei mai tu, ch’io penso in quest’ora?
    Chi sei tu, che mi pensi laggiù?
    Oh, mio ignoto,
    il mio cor non t’ignora!
    Il mio cuore lo sa, che sei Tu!
    Che sei Tu!
    BERTA
    ¡Lejos, lejos, en las alas del viento
    un gentil sueño se introdujo
    en mi corazón. Ahora ya no lo siento,
    quizá a otro, lejos, lo llevó.
    Pero en las alas del viento, un mensaje
    misterioso llegó a mi corazón,
    revestido de una dulce ilusión
    que una dulce esperanza avivò...
    ¡Oh, qué turbada me siento!
    No sé si es mi sueño que vuelve,
    o si es aquello que el pérfido viento
    se llevó un día de mayo!

    (Con gran sentimiento)

    ¿Quién eres tú, que pienso en ti ahora?
    ¿Quién eres, que me acuerdo de ti?
    ¡Oh, mi desconocido,
    mi corazón no te ignora!
    ¡Mi corazón sabe quién eres!
    ¡Sabe quién eres!

    La habitación está junto al almacén de Tackleton, que se vislumbra a través de una puerta vidriada. A ruegos de su hija ciega, Caleb le vuelve a describir la casa como si fuera amplia y acogedora. La joven se imagina las cosas que no puede ver, y es hasta feliz: “e benedico il ciel che ha fatto tante cose belle, e voi, si buono, che obliar mi fate di non poter vederle!”

    Empiezan a llegar los comensales, y cuando ya están todos, Tackleton comenta su boda con May, lo que pilla desprevenida a Berta, que no sabía nada. Todos se sientan a comer. Con las viandas y los brindis empieza a enrarecerse el ambiente. Dot lanza una pulla a May. Tackleton se la devuelve brindando por los ausentes y, en concreto, por el viejo vagabundo, mientras ríe torvamente. Dot detiene la estocada y reacciona diciendo que bebe por los que se fueron a buscar fortuna, pero no por los demás. Y ya cuesta abajo y sin frenos, ante la estupefacción de los demás, lanza a May una serie de indirectas que la novia no puede ignorar. Oigamos esa escena:

    Brindis

    JOHN
    Ed ora, ai vostri posti!

    (Tutti prendono posto attorno alla tavola)

    Prima il pudding!

    (Egli da fuoco al pudding)

    Questa fiamma gioconda
    È un presagio ridente!
    Ogni cor lo asseconda col suo voto
    più ardente!

    CALEB
    Bravo, John! Viva John!

    TACKLETON
    Viva John!

    DOT
    (Fissando May)
    Questa fiamma gioconda
    altre fiamme ridesta,
    se nell’ombra profonda
    la scintilla ne resta!

    (Passando un platto col pudding fiammante a May,
    e con ironia)

    Per May Fiedling la fiamma
    e quest’altra allo sposo

    (passando altro platto a Tackleton)

    dell’ardor che li infiamma
    sia l’augurio amoroso!

    JOHN
    (Sottovoce)
    Dot, che dici?

    MAY
    (Turbata)
    Che intendo?

    TACKLETON
    Or sturiam le bottiglie.

    (Sturando e versando prima a Dot, poi a May,
    indi agli altri)

    Prima a voi!
    Per voi questa, o mia dolce compagna!

    (Rivolgendosi a Dot con finta, maligna bonarietà)

    Ed or, Madama, se lo permettete,
    un brindisi portar voglio agli assenti.
    È un ghiribizzo che mi salta!
    Bevo ai vecchi amici, e bevo...
    Ai vecchi viaggiatori!

    (Sghignazzando)

    Ah, ah, ah, ah!

    JOHN
    Che intendete dir?

    TACKLETON
    Nulla so io!
    Ah, ah, ah, ah!

    DOT
    Il brindisi mi garba.
    E bevo anch’io,
    bevo agli assenti,
    a color che un dì partirono
    lieto di speme il cor,
    pieno d’amore, lungi, lungi,
    a cercar la lor fortuna!
    E bevo ai cor fedeli
    che non sanno obliare
    e che liattesero fidenti
    e saldi al sacro giuramento.

    (Deponendo con forza il bicchiere)

    Ed agli altri non bevo!

    (May, molto commosa, si asciuga
    furtivamente le lagrime)

    JOHN
    Dot, te ne prego!

    CALEB
    Male scelta è quest’ora...

    TACKLETON
    (Furioso, fra sè)
    Chi per ultimo ride, ride bene.
    Attendi un po’ colomba mia!

    DOT
    (A John e a Caleb)
    Oh, lasciate mi dir!
    Molti son morti di color che partirono,
    ma forse qualcun vive e rammenta.

    (Alzandosi e guardando sempre May)

    Forse qualcun sospinto
    al desiato ostel
    dall’amore non vinto
    del suo cuore fedel,
    forse qualcun sul mare
    ora la vela tende
    verso le spiaggie care,
    verso chi non l’attende!
    Oh, ma il vento non freme
    come freme il suo ardor!
    Su la vela non preme,
    come preme al suo cor!
    E forse è giunto,
    forse in questo stesso istante
    alla sua casa accorse
    questo fedele amante
    e vuota la trovò!

    MAY, BERTA, JOHN Y CALEB
    Dot! Dot!

    DOT
    No, Il brindisi è finito
    e depongo il bicchier.
    Tregua alle vane lusinghe.
    JOHN
    ¡Y ahora, todo el mundo a su sitio!

    (Todos se sientan a la mesa)

    ¡Primero el pudding!

    (Pone el pudding al fuego)

    ¡Esta alegre llama
    es un sonriente presagio!
    ¡Que todos los corazones lo secunden
    con su más ardiente deseo!

    CALEB
    ¡Bravo, John! ¡Viva John!

    TACKLETON
    ¡Viva John!

    DOT
    (Mirando fijamente a May)
    ¡Esta alegre llama
    puede despertar otra antigua llama,
    con tal que en la profunda sombra
    la chispa permanezca!

    (Pasando un plato con el pudding llameante a May,
    y con ironia)

    Para May Fiedling la llama,
    y esta otra para el esposo.

    (Pasando otro plato a Tackleton)

    ¡Que sea augurio amoroso
    del ardor que les inflama!

    JOHN
    (En voz baja)
    Dot, ¿qué dices?

    MAY
    (Turbada)
    ¿Qué oigo?

    TACKLETON
    Y ahora, abramos las botellas.

    (Abre y sirve primero a Dot, luego a May,
    y después a los demás)

    ¡Primero a usted!
    ¡Y luego a ti, oh dulce compañía!

    (Volviéndose hacia Dot con finginda y maligna bondad)

    Y ahora, señora, si lo permitís,
    quiero brindar por los ausentes.
    ¡Es un capricho que se me ha ocurrido!
    Bebo por los viejos amigos, y bebo...
    ¡por los viejos vagabundos!

    (Ríe sarcásticamente)

    ¡Ja, ja, ja, ja!

    JOHN
    ¿Qué queréis decir?

    TACKLETON
    ¡Yo no sé nada!
    ¡Ja, ja, ja, ja!

    DOT
    Me gusta el brindis.
    Y yo también bebo,
    bebo por los ausentes,
    ¡por aquellos que un día partieron
    lleno de esperanza el corazón,
    lleno de amor, lejos, lejos,
    en busca de fortuna!
    Y bebo por los corazones fieles
    que no saben olvidar
    a quienes prometieron fidelidad
    y confían en el sacro juramento.

    (Bajando con fuerza el vaso)

    ¡Y por los demás no bebo!

    (May, muy emocionada, se enjuga furtivamente
    las lágrimas)

    JOHN
    ¡Dot, por favor!

    CALEB
    Mal momento ha elegido...

    TACKLETON
    (Furioso, para sí)
    Quien ríe el último, ríe mejor.
    ¡Espera un poco, paloma!

    DOT
    (A John y a Caleb)
    ¡Oh, dejad que me explique!
    Muchos de los que partieron han muerto,
    pero alguno quizá aún vive y recuerda.

    (Se levanta y mira a May)

    ¡Quizá alguno fue empujado
    al deseado lugar
    del amor nunca vencido
    de su corazón fiel,
    quizá alguno hincha las velas
    sobre el mar
    hacia las queridas costas,
    hacia quien no le espera!
    ¡Oh, no se estremece el viento
    como se estremece su ardor!
    ¡La vela no se oprime
    como se oprime su corazón!
    ¡Y quizá esté cerca,
    quizá en este mismo instante
    este fiel amante
    acuda corriendo a su casa
    y la encuentre vacía!

    MAY, BERTA, JOHN Y CALEB
    ¡Dot! ¡Dot!

    DOT
    No, he terminado el brindis
    y bajo el vaso.
    Basta de fingidos halagos.

    Las campanas de Devonshire, sonando a lo lejos, interrumpen la escena y rebajan la tensión. Los hombres se van a fumar al almacén, circunstancia que aprovechan Dot y Berta para recriminar a May por haber olvidado a su novio para casarse con un hombre que le dobla la edad. En su defensa, May alega ante Dot que la boda se la ha impuesto su madre. Al oírlo, Dot llama a Edward y los amantes, reconciliados, deciden anticiparse a Tackleton: si la boda de éste está prevista para el día siguiente a las once, Edward y May se casarán a las diez.

    Tackleton llama a su prometida desde el almacén. May acude, y Dot queda a solas con Edward. Para agradecer lo que ha hecho por él, abraza a Dot... y Tackleton los ve. Inmediatamente avisa a John, quien llega a tiempo de ver escapar al supuesto viejo vagabundo. Corroído por las insinuaciones de Tackleton, que parecen confirmadas por lo que acaba de ver, John acusa de infiel a su mujer y sale, desesperado, sin que valgan de nada las protestas de inocencia de Dot, Berta y May.



    ACTO III

    El día de Navidad, un rato antes de las once. Tras un sombrío preludio vemos la misma sala, en la casa de Dot y John, que sirvió de escenario al primer acto. Zandonai regala al personaje de John la intervención solista más amplia e impresionante la ópera. El cochero lamenta la situación a la que ha llegado. En tres partes bien diferenciadas, la música describe los estados de ánimo por los que va pasando: primero, cuando siente el corazón traspasado de dolor por el engaño de su mujer, es lúgubre y apasionada. Después agitada y amenazante, acompañando sus ansias de venganza, que le llevan a descolgar la escopeta de la pared. Está a punto de salir a cometer una locura, cuando el canto del grillo le detiene. Tras un instante de conversación con el animal, la nube que tenía ante los ojos desaparece y deja el arma en el suelo. “Canta y háblame de ella”, le pide. Y ese momento de sosiego trae una melodía lírica y tierna.

    John. Comienzo del Acto III

    JOHN
    Una prova! Una prova!
    E non l’ho forse, ohimè, la prova?
    Non l’ho vista forse?
    Lei, la mia Dot,
    lei sì soave e pura,
    chè tale io la credeva
    ella mentiva!
    Il suo dolce sorriso,
    i suoi leggiadri teneri vezzi
    e le carezze e il baci,
    tutto menzogna!
    L’idolo adorato ch’era il cor del mio cor,
    l’anima mia, è infranto,
    e infranta è insieme la mia vita!

    (Cade singhiozzando sulla sedia.
    Rialzandosi, accigliato, cupo)

    Ma quell’uom, chi sarà?
    Stolido, io giaccio qui, singhiozzando
    come un bimbo imbelle,
    e forse egli sogghigna al pianto mio!
    Oh, tregua al vano delirare.
    L’ora d’agire è questa.

    (Con veemenza, minaccioso)

    E tu, straniero infame,
    ladro dell’amor mio,
    d’ogni mia gioia,
    tu, che hai fatto di me
    l’uom disperato ch’io sono,
    trema! Sí, trema per te!

    (Stacca il fucile dalla parete e fa per uscire. Il grillo si mette a cantare, e John, quasi malgrado suo, si ferma)

    Che vuole ancor costui?
    “Fermati”, sembra ch’ei dica.
    E perche far?
    Per ascoltar le tue nenie mendaci?
    Ah, ti fai beffe dunque di me,
    com’ella stessa? Prendi!

    (Afferra un oggetto qualunque dal camino
    e lo scaglia sul focolare)

    Tace! Ch’io l’abbia ucciso?
    Oh, che silenzio in questa stanza!
    Fredda, fredda mi sembra e vuota
    di tutto quanto amai!

    (Depone il fucile e si avvicina al camino)

    Canta ancor, picciol grillo,
    parla ancora di lei, di il suo nome,
    sì, dillo se fedel tu le sei!
    Fa ch’io senta il tuo canto
    di mia angoscia in quest’ora,
    in quest’ora di pianto!
    Per pietà, canta ancora, canta ancor!

    (Il grillo riprende a cantare)

    Sì..., sì... T’intendo, oh, canta!
    Sì, sì... le vedo passar laggiù lontan,
    le Dot dell’altra sera.
    Sorridon tutte, e sono tutte belle,
    tutte pure e fedeli!
    Oh Dot! Oh Dot!
    Che mai facesti, oh Dot!
    JOHN
    ¡Una prueba, una prueba!
    ¿Es que no tengo la prueba?
    ¿Acaso no la he visto?
    ¡Ella, mi Dot,
    ella, suave y pura,
    que así yo la creía,
    ella me mentía!
    ¡Su dulce sonrisa,
    sus costumbres graciosas y tiernas,
    las caricias y los besos,
    todo era mentira!
    ¡El ídolo adorado de mi corazón,
    de mi alma, está roto,
    y rota está toda mi vida!

    (Cae sollozando sobre la silla.
    Luego se levanta, ceñudo y sombrío)

    Pero aquel hombre, ¿quién será?
    ¡Estúpido, yo yazgo aquí, sollozando
    como un niño cobarde, cuando ellos
    estarán burlándose de mi llanto!
    ¡Oh, basta de delirar en vano!
    Es la hora de actuar.

    (Con vehemencia, amenazante)

    Y tú, extranjero infame,
    ladrón de mi amor,
    de toda mi alegría,
    tú, que me has convertido
    en un hombre desesperado,
    ¡teme! ¡Sí, teme por ti!

    (Descuelga el fusil de la pared y va a salir. El grillo empieza a cantar, y John, de mala gana, se detiene)

    ¿Y tú qué quieres?
    “Detente”, parece decir.
    ¿Y para qué?
    ¿Para oir tus cantos mendaces?
    ¡Ah! ¿Tú también te ríes de mí,
    como ella? ¡Pues toma!

    (Agarra un objeto de la chimenea
    y lo arroja al hogar)

    ¡Calla! ¿Yo lo hubiera matado?
    ¡Oh, qué silenciosa está la sala!
    ¡Fría, fría me parece, y vacía
    de todo cuanto amé!

    (Baja el fusil y se acerca a la chimenea)

    Sigue cantando, pequeño grillo,
    háblame de ella, de su nombre...
    ¡Sí, dímelo, si eres fiel!
    ¡Haz que sienta tu canto
    de mi angustia en esta hora,
    en esta hora de llanto!
    ¡Por piedad, canta, sigue cantando!

    (El grillo vuelve a cantar)

    Sí..., sí... ¡Te escucho, oh, canta!
    ¡Sí, veo pasar allí lejos,
    las Dots de la otra noche!
    Todas sonríen, y todas son bonitas,
    todas puras y fieles!
    ¡Oh, Dot! ¡Oh, Dot!
    ¡Qué has hecho, Dot!

    Entra Tackleton, vestido de novio. Antes de ir a la iglesia, donde ha de casarse dentro de una hora, ha decidido pasar por casa de John para hurgar en la herida. Le dice que, desde hacía tiempo, ya sospechaba de Dot. Pero John reacciona de manera imprevista: “¡Al que hable mal de Dot lo estrangulo con mis propias manos!”. Tackleton no lo entiende. El buen cochero ha reflexionado y ha llegado a una dolorosa conclusión: Dot merecía a alguien mejor que él. En el colmo de la desolación, John se culpa a sí mismo de todo lo sucedido. Tackleton, a quien no le gusta el sesgo que ha tomado la conversación, recuerda que se tiene que casar dentro de un rato y se va. John le acompaña.

    Entra Dot, y casi a continuación Caleb y Berta. Tras un breve intercambio de frases, Dot decide que ya está bien de tener engañada a la joven ciega, y para terror de su padre, le cuenta la verdad sobre su mísero estado. Berta, comprendiendo la buena intención de Caleb, le perdona. Hecha esta buena acción, Dot acomete la siguiente: les anuncia que cuando el reloj dé la hora, llegará un misterioso huésped. Este no es otro que Edward, que viene acompañado de May, ya convertidos en esposos.

    Edward se da a conocer a su padre y hermana, y les anuncia que se acabaron las privaciones, pues ha vuelto rico. Cuando John regresa, el propio Edward le cuenta la verdad: no había ningún viejo vagabundo, y todo lo que ha pasado se ha debido a la ayuda que le ha prestado Dot. Avergonzado, John pide perdón a su mujer y la reconciliación es inmediata. En esto regresa Tackleton, sofocado porque ha venido corriendo. ¡Viene a buscar a May, pues ya son las once y llegan tarde a la iglesia! El tunante se queda pasmado cuando se entera por la propia May de que hace una hora que ya es la esposa de otro. Berta, enamorada aún de Tackleton, acude a consolarle. Con todo aclarado y los personajes felices (Tackleton no tanto, pero los cariños de Berta permiten entrever que ahí se cuece algo que también va a llegar a buen puerto), suena un himno procedente de la iglesia y concluye la ópera.

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  11. #173
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    HARICLEA DARCLÉE


    Nacida en el seno de una familia de alcurnia venida a menos, Hariclea Haricli, más tarde conocida profesionalmente como Hariclea Darclée, (1860 – 1939) se casó con un oficial del ejército, contra la voluntad de sus padres, que aún no habían asumido su decadencia y soñaban para ella con un matrimonio de más altos vuelos. Hariclea acompañó a su marido a los cuarteles y guarniciones a los que iba siendo destinado, pero pronto comprendió que aquella unión no le hacía feliz, y a los 26 años, estando embarazada, lo dejó y se fue a París a vivir por su cuenta. Logró ser aceptada en el conservatorio que dirigía Duvernois, quien la fue preparando para debutar en la Opera Comique.

    Aquí intervino la casualidad. La Opéra de París estaba a punto de representar por 200ª vez el “Faust” de Gounod, y quiso lucirse con una producción especial para la ocasión. Un miembro de la Junta Directiva de la Opéra, Pierre Gailhard, fue al conservatorio a ver si había alguna soprano aceptable que pudiera representar el papel de Julieta. Gailhard no quedó satisfecho con ninguna de las cantantes que se le presentaron, pero de repente, oyó la voz de Hariclea dando su clase detrás de una puerta. Gailhard entró y, a la vista y oído de lo que ofrecía aquella joven rumana, le gritó a Duvernois: “¿Es usted tonto? ¡Sabe que estoy desesperado buscando una Julieta y no me presenta esta hermosa voz!”

    Al día siguiente realizó una audición ante Charles Gounod. El viejo maestro lloró después de oirle cantar su música. Aunque apenas tenía experiencia escénica, fue contratada en el acto, lo que desató envidias y celos entre sus colegas. Algunas cantantes conspiraron contra ella y la dirección decidió sustituirla por Adelina Patti en el último momento.

    Se frustró, pues, el debut con “Romeo y Julieta”. Pero el paso importante estaba dado: Gounod y los directivos de la Opéra habían oído su voz. Y eso le permitió debutar el 14 de diciembre de 1888 con otra ópera del maestro: “Faust”. En los affiches, su apellido ya no era Haricli, sino Darclée. Además, se tomó su venganza, servida bien fría, cuando Adelina Patti (que había sido recibida con una fuerte oposición por los críticos parisinos) enfermó y el director le pidió a toda prisa que la sustituyera en el “Romeo y Julieta”. Hariclea lo hizo, pero persistía su frustración por habérsele robado la premiére de “Romeo”, y por eso, una vez cumplidas sus obligaciones contractuales, no quiso continuar con la Opéra de París y dejó la compañía.

    Con ello, Darclée empezó un periplo de constantes giras y viajes, que no terminó hasta su última aparición, en 1918. En los casi 30 años que hubo enmedio participó en tantos estrenos absolutos (y cuando no eran estrenos mundiales lo eran en el país en que estuviera) que es uno de los cantantes que con más justicia puede llevar el título de “Creadora del verismo”. La lista es impresionante.

    Estrenos mundiales:
    “Cóndor” (“Odalea”), de Gomes, en 1981
    “I Rantzau”, de Mascagni (1892)
    “La Wally”, de Cilea (1892)
    “Ero e Leandro”, de Mancinelli (1897)
    “Iris”, de Mascagni (1898)
    “Tosca”, de Puccini (1900)
    “Amy Robsart”, de De Lara (1893)
    “Enoch Arden”, de Catargi (1906)

    Estrenos en determinados países:
    “El Cid”, de Massenet (Italia, 1891)
    “Manon”, de Massenet (España, 1894)
    “Pagliacci”, de Leoncavallo (España)
    “La bohème”, de Puccini (Argentina y Uruguay)
    “Zazá”, de Leoncavallo (Argentina y Uruguay, 1902)
    “Thaïs”, de Massenet (España, 1906)
    “Prosperine”, de Saint-Säens (Portugal, 1914)


    Además, participó en la primera representación fuera de Rusia de “La vida por el Zar” (1890), en la segunda representación de “L’Amico Fritz”, el importante revival en Italia de “Saffo” de Paccini (1911) y la histórica representación en Italia de “Rosenkavalier” (1911) Su actuación final, en 1918, fue en el segundo acto de la ópera que debería haber supuesto su debut, casi 30 años antes: “Romeo et Juliette”.

    Desgraciadamente, parece que Darclée tuvo problemas económicos en sus últimos años. Perdió casi toda su fortuna durante la I Guerra Mundial y gastó lo que le quedaba en la carrera de su hijo Ion Hartulari como compositor de operetas. Supuestamente, trabajó como taquillera en el último año de su su vida.

    Desde 1995 se organiza en su ciudad natal un concurso de canto bianual que lleva su nombre.

    Hariclea Darclée realizó muy poquitas grabaciones (se cree que alrededor de diez arias) para Fonotipia, cuyo rastro se perdió durante la guerra.

    En youbute tenemos este vídeo donde canta “Vai Mindruto” de I Rantzau, de Mascagni. La fecha que da es 1926, pero no sé si es correcta, ya que, por lo poco que he encontrado al respecto, las grabaciones de Fonotipia fueron hechas en 1905.



    Ya en la sesentena, grabó dos breves canciones populares:






    Y curiosamente, con tan escasos registros discográficos, hay una película sobre su vida:



    Se puede ampliar información en la página oficial:
    http://www.darclee.com/

  12. #174
    Schigolch
    Guest


    Gemma Bellincioni fue una de las divas del verismo, celebrada tanto por su voz, como por sus facultades como actriz (tal vez, incluso un poco más valorada en este segundo apartado). Ella fue la primera Santuzza, junto a su marido, el tenor Roberto Scagno, que cantaba Turiddu. También fue la primera Fedora, en la ópera de Giordano.

    Curiosamente, podemos escucharla en ambos roles, en grabaciones del año 1903, cuando la Bellincioni contaba con 39 años de edad.




  13. #175
    Schigolch
    Guest
    Un youtube del poco usual título de Alfano, Il dottor Antonio, una obra compuesta en 1941, pero que no pudo estrenarse hasta 1949. Esta grabación es desde el Teatro de la Scala, en 1953:


  14. Thanks Bardamu thanked for this post
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