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Thread: Verismo / Giovane Scuola

          
   
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  1. #61
    Schigolch
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    Adriana Lecouvreur no es tan popular como Pagliacci,... pero casi.

    De nuevo otra funcion desde Tokio, en 1976, con Montserrat Caballé, José Carreras y Fiorenza Cossotto:


  2. #62
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    SAKÙNTALA
    de Franco Alfano

    Franco Alfano (1876-1954) es conocido, fundamentalmente, por haber terminado “Turandot”. Pero en sus 78 años de vida tuvo tiempo de hacer alguna cosa más que ponerle el broche a la última obra de Puccini, como componer doce óperas, dos sinfonías, ballets, cuartetos y varios ciclos de canciones. Una de sus óperas más conocidas es “Sakùntala”, cuya primera versión se estrenó en el Teatro Comunale de Bolonia el 10 de diciembre de 1921. Durante la II Guerra Mundial se perdió la partitura al caer una bomba aliada sobre los archivos de la casa Ricordi. Alfano reescribió la ópera, estrenándose en su versión reconstruida el 5 de enero de 1952 en el Teatro dell’Opera de Roma. Para esta segunda versión, Alfano abrevió el título y le puso simplemente “Sakùntala”. En la “Sakùntala” reconstruida existen fuertes influencias de Puccini, de Richard Strauss y del impresionismo. Todo ello, impregnado de un toque orientalizante bien conseguido puesto que con anterioridad Alfano se había familiarizado con la temática indica poniendo música a varios poemas de Tagore.

    El libreto lo escribió el propio Alfano, basándose en el drama indio del siglo V a. C. Abhijñānaśākuntalam. Esta leyenda ya había sido motivo de inspiración para numerosos compositores durante el siglo anterior: óperas de Schubert (1820) y de Karl Perfall (1853), un ballet de Ernest Reyer (1858), un oratorio de Philipp Scharwenka y un drama musical de Felix Weingartner (1884.)

    La obra gozó de cierto éxito, sobre todo en interpretaciones radiofónicas entre 1952 y 1979, con sopranos como Magda Olivero, Anna de Cavalieri y Celestina Casapietra en el rol principal. Fue recuperada para las representaciones en vivo en el Festival de Opera de Wexford en 1982. También se había programado en Roma para 2006, y durante los ensayos hubo la gran suerte de descubrir una copia del original de 1921 en los archivos de Ricordi. Así, la de Roma 2006 fue la primera representación en la época actual de la obra tal y como Alfano la concibió al principio.

    Los principales intérpretes de los respectivos estrenos fueron:

    En el del 10-12-1921:
    Sakúntala: Augusta Concato-Piccaluga (Soprano)
    El Rey: Nico Piccaluga (Tenor)
    Priyamvada : Anna Manarini (Mezzo)
    Anusuya: Gina Pedroni (Soprano)
    Kanva: Bruno Karmassi (Bajo)
    Durvasas: Enrico Spada (Bajo)
    Director: Tulio Serafin

    En el de la versión reconstruida, de 5-1-1952:
    Sakúntala: V. P. Aguero (Soprano)
    El Rey: Roberto Turrini (Tenor)
    Priyamvada : Fernanda Cadoni (Mezzo)
    Anusuya: Mafalda Micheluzzi (Soprano)
    Kanva: Giulio Neri (Bajo)
    Durvasas: Bruno Sbalchiero (Bajo)
    Director: Gianandrea Gavazzeni

    Hay un par de grabaciones completas:
    Anna de Cavalieri (Sakùntala), Antonio Annaloro (Tenor), Plinio Clabassi (Kanva), Amodeo, Cadoni, Gianna Galli (Anusuya). Orquesta Sinfónica y Coro de Milán de la RAI. Director: Arturo Basile. Grabado el 24 de septiembre de 1955

    Celestina Casapietra (Sakùntala), Michele Molese (The King), Laura Didier Gambardella (Priyamvada), Adriana Baldiseri (Anusuya), Aurio Tomicich (Kanva) Orquesta de la RAI de Roma, dirigida por Ottavio Ziino. (Transmisión en vivo, febrero de 1979)


    Argumento:

    Acto I

    La acción tiene lugar en la India, en los tiempos antiguos. Al subir el telón vemos un bosque con un monasterio cercano, desde el cual llegan los cánticos de los monjes a la luz y a los dioses. Apenas terminan éstos cuando se oyen, fuera de escena, los gritos de una partida de caza.

    Ya en este primer número se pueden apreciar las influencias impresionistas de las que hablaba antes:
    Comienzo

    VOCI INTERNI
    Luce! Luce dei cuori!
    Fiori ed incensi,
    Fuoco offriamo a te!
    Benedetto! Benedetto!
    Sette Fiamme hai nella Bocca!

    [Il Vecchio Durvasas avanza dal fondo Batte alla e porta dell'eremo.]

    VOCI INTERNI
    Cingi l'anima nostra
    Col nimbo dei tuoi Pensier!

    DURVASAS
    Sakùntala, apri!

    [La porta s'apre. Entra Durvasas.]

    VOCI INTERNI
    Sette mari hai por tuo letto!
    Sette monti sotto il piè!

    SAKÙNTALA e DONNE
    Vittorioso tu splendi!

    [Il Mattino si fa radioso.]

    VOCI DI CACCIA LONTANA
    Oh-oh! Oh-oh! Oh-oh! Oh-oh!

    [Alcuni mendichi, ansimanti, si affretteranno verso l'eremo.]

    ALCUNI MENDICHI
    Eremiti, salvate le sacre gazzelle!
    E' la caccia del Re!



    Entra el Rey, que, persiguiendo una gacela, se ha separado de los demás cazadores. Unos monjes bendicen al Rey con la promesa de un hijo que será tan virtuoso como él y que gobernará el Universo. Los monjes se retiran. El Rey oye ruido de gente y se esconde. Es Sakùntala, que pasea por el bosque con dos amigas, Priyamvada y Anusuya. Detrás de los matorrales, el Rey queda prendado de la belleza de Sakùntala y sale de su escondite. Las amigas le cuentan que Sakuntala fue encontrada en el bosque por Kanva, el director del monasterio, y criada por él, tras lo cual se retiran para dejar a Sakuntala a solas con el Rey.

    Sigue un dúo de amor, hasta que se hace de noche. Como si despertasen de un sueño, los amantes se separan, pero antes el Rey le entrega a Sakùntala un anillo como prenda de amor. Escuchemos ese dúo que cierra el Acto:

    Final Acto I

    IL RE
    Oh! Il tuo braccio è puro
    Come il cielo più puro!...
    Guarda! Guarda!
    Sul tuo braccio il monile riluce
    Come arco di luna sul ciel!

    SAKÙNTALA
    Non so... Non vedo...
    Il polline dei fiori
    M'ha velato le ciglia!

    IL RE
    Dolce mal, pena soave!
    Non senti salire dal cuor
    Un tepore d'effluvio febbril?
    Non vedi sfiorar tra nimbi dorati
    Un'onda di fiamma che abbaglia?...
    E' il soffio dell'anima mia...
    E' l'ansia di tutti I miei sogni...
    Che anela guarirti...

    [Supplichevole, accennando a volerla baciare]

    Così... Così...

    [La fanciulla si difende ritraendosi, ma sempre più debolmente.]

    IL RE
    Un bacio... un solo bacio!...

    [E accostando lentamente le sue labbra al volto della fanciulla, la bacia lungamente sugli occhi. Sakùntala si leva. Con le mani si terge le palpebre: appare trasfigurata. E come muove qualche passo, il Re la segue con le braccia protese.]

    SAKÙNTALA
    Io vedo! Io vedo! ¡Oh! Meraviglia!
    Strani raggi sfavillan!
    Gemme ed ori nell'aria...
    Tutto splende!
    Io mi sento librata...
    Circonfusa d'incanti...
    E un palpito di canto
    Mi solleva... M'inebria!...
    La liana è fiorita...
    Brillano nuovi fiori...
    Il musco odoroso
    Emana un profumo più vivo...

    IL RE
    Dolce cuor!

    SAKÙNTALA
    E fiori, e fiori intorno
    Mi ridono... m'invitano...

    IL RE
    [Subitamente appassionato]
    Solo mio fiore... solo sospiro...
    Tutta mia!

    SAKÙNTALA
    [Perdutamente]
    Stringimi a te! Chiudimi in te!

    IL RE e SAKÙNTALA
    Sempre in un bacio,
    Tutta in un bacio...
    La vita in ebbrezza infinita!
    Più oltre, più oltre nel sogno!

    [Un lungo bacio li unisce. Una pausa. Poi si sentirà la voce dolcemente ammonitrice di Priyàmvada.]

    LA VOCE DI PRIYAMVADA
    [Dall'interno]
    Usignuoli, separatevi!...
    La notte scende!

    [Come risvegliandosi, gli amanti si sciolgono dall'abbraccio, tenendosi sempre per mano. Il Re piegherà un ginocchio davanti alla fanciulla, e togliendosi dal dito un ricco anello, lo lasciarà passare nell'anulare di lei. Gli amanti si guarderanno ancora, trasognati: quindi entrambi retrocederanno, come per ubbidire al richiamo ineluttabile.]



    Acto II

    Algún tiempo después, en el interior del monasterio. El ermitaño Durvasas quiere entrar. Sólo Sakùntala está autorizada para abrir la puerta, pues Kanva está de viaje. Pero la joven no atiende su obligación pues está como ausente, triste y melancólica, pensando en el Rey que la enamoró, que se fue y que ya no ha vuelto. El ermitaño, en vista de que no acude a abrirle, la maldice: “¡Que el amor te pierda! ¡Que aquél que ocupa tus sueños te olvide! ¡Que cuando vuelva a verte no se acuerde de ti ni del amor que compartisteis!” Priyamvada y Anusuya, aterradas, acaban abriendo aunque sea una transgresión de las ordenanzas.

    Una vez dentro, Durvasas se calma un poco. No puede retirar la maldición pero la atempera un poco: “Si Sakùntala muestra un anillo al esposo, se salvará”. Aparece Sakùntala, triste y lánguida, y expresa su dolor por no haber vuelto a ver al Rey. Lo escuchamos a Anna de Cavalieri, en una de esas grabaciones que se hicieron para la RAI en la década de los 50, concretamente el 24-9-55.



    SAKÙNTALA
    O nuvola... nuvola leggera,
    Che vaghi pei cieli, sul mar...
    Nuvola... o candido soffio divino,
    Respiro dei monti di là...
    Buona sorella che sola a piacer
    Puoi mutar di destino...
    Sii messaggera pietosa di tutto il dolor
    Che mi piange nel cuore!...
    Va! Vola verso lo sposo,
    Verso il dolce mio sposo
    Che dorme in oblio d'amor!

    VOCI LONTANE
    Ah!

    SAKÙNTALA
    Va! Va!
    Il vento propizio ti aiuti
    Sì come il cor ti addita il cammin!
    Non esser mai stanca...
    Ed allor sentirai d'improvviso
    Dov'è la mia mèta, sorella!
    Nel ricco giardino,
    Uccelli dai vaghi colori
    S'inseguono in corse brillanti,
    Tra le aiuole fiorite...
    Marmoree fontane
    Vi sprizzan più alto nell'aria
    Zampilli di gemme raggianti...
    Sui prati muscosi
    Cortei d'iridate fanciulle vedrai
    Ondeggiar tra vapori di mille profumi,
    In languide danze
    Al ritmo di musiche blande...
    Volteggiano i piccoli piè tintinnanti...
    Balenano vividi sguardi,
    E bocche vermiglie
    Si cercan nell'ombra,
    Desiose, anelanti...
    Ah! Tu librati piano, con ansia repressa,
    Con brivido lieve...
    T'inchina, t'appressa, poi t'abbandona
    E l'inonda del pianto
    Che tutta mi strazia!

    VOCI
    Ah!... Ah!...

    PRIYAMVADA
    Sakùntala, tuo padre ritorna!...

    ANUSUYA
    Il maestro!

    CORO DEGLI EREMITI
    Gloria! Gloria a Kanva! Gloria!

    SAKÙNTALA
    Padre! Padre!



    Unas voces a lo lejos anuncian el regreso de Kanva. Ha sido informado de todo, incluso de que Sakùntala está embarazada, y sabe que el niño que espera será el heredero real, futuro gobernante glorioso del mundo. Kanva le anima a ir en busca del Rey y le proporciona un acompañante: el monje Harita, al que se sumará un joven ermitaño. Sakùntala emprende el viaje hacia el palacio real. El bosque resuena con los cantos mágicos de los espíritus de las montañas y el sol se pone con un resplandor de fuego.



    Acto III

    En el palacio del Rey. El monarca está abatido, melancólico. Un escudero anuncia la llegada de dos ermitaños, que escoltan a una mujer con velo. Pero el Rey está bajo la influencia de la maldición de Durvasas, por lo que no reconoce a Sakùntala, ni siquiera cuando ésta se levanta el velo. Sakùntala decide entonces mostrarle el anillo, pero descubre con horror que lo ha perdido por el camino. Convencida de que el destino se opone a que el Rey la reconozca, huye desesperada del palacio.

    Al poco, los guardias traen a un pescador, que ha encontrado el anillo a la orilla del río y al momento, el Rey recupera la memoria. Corre a buscar a Sakùntala, pero ya es tarde. A lo lejos se oye un estruendo. Un escudero informa al Rey de que la muchacha se ha arrojado al estanque de las ninfas, elevando los brazos como si invocase la ayuda divina, y que en ese momento la ha envuelto una nube de fuego. El soberano se derrumba de dolor mientras el escenario se oscurece. De repente, se oye la voz de Sakùntala, como si sonase en el corazón del Rey: “No te aflijas, Rey. Estaba escrito que tu glorioso hijo tenía que nacer de mi sacrificio”. Al mismo tiempo, entran los ermitaños llevando en brazos al hijo recién nacido. El Rey y todos se arrodillan ante el niño, sobre el cual cae un haz de luz. A lo lejos, suenan campanas de celebración.

    Final

    [Un rombo lontano interrompe bruscamente l'estasi del Re, che si volge istintivamente verso il fondo. E come egli resta attonito, ecco giungere
    trafelato lo scudiero.]

    IL RE
    [Con agitazione]
    Ebbene?...

    LO SCUDIERO
    [Ansante]
    Un prodigio!... Un prodigio!...
    La fanciulla fu vista lanciarsi
    Verso lo stagno delle ninfe,
    Le braccia tese al cielo
    Come per invocar un aiuto divino!
    A un tratto una nube di fiamma
    L'avvolse, la ghermì...

    IL RE
    [Affannosamente]
    E poi?!

    LO SCUDIERO
    Poi... più nulla! Tutto era scomparso...
    Solo... vedemmo gli eremiti,
    Chinarsi sul suo velo
    E adorarlo come cosa sacra!...

    IL RE
    [Annientato, in preda alla più cupa ambascia, con voce di pianto]
    ¡Ah! Sortilegio iniquo! Maledizion!

    [Un tremito convulso lo scuote all'improvviso... arretra e cade
    riverso come tramortito. La scena subitamente si oscura.
    E la lontana dolcissima voce di Sakùntala, da prima sola,
    poi dominante un mormorio diffuso di voci minori, risuonerà
    sull'animo del Re.]

    VOCI FEMMINILI
    [Interne]
    Ah!...

    LA VOCE DI SAKÙNTALA
    ¡No! Re! Non disperar! Era scritto...
    Che una vita di luce... nascesse
    Dal più profondo martirio d’amor:
    Tuo figlio!... Giovine eroe del Mondo!...
    Prendilo e ricorda Sakùntala,
    Sakùntala Immortale!

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  4. #63
    Schigolch
    Guest
    Bonita ópera, y grande como casi siempre Anna de Cavalieri.

    Entre las obras inspiradas en la leyenda de Sakùntala, mencionar también la obertura de Goldmark, bastante resultona:

    http://www.youtube.com/watch?v=XUvPcUz53AU

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  6. #64
    Schigolch
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    Andrea Chenier es otro de esos iconos del Verismo. Siguiendo la pequeña tradicion de este hilo, podemos ver una funcion completa desde Tokio:


  7. #65
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    Francesco Paolo Frontini es un compositor prácticamente desconocido, aunque no para sus paisanos. Si algún forero ha estado en la ciudad de Catania antes del 2007 o después del 23 de septiembre de 2010, habrá tenido la oportunidad de visitar el Jardín Bellini, reabierto al público tras cuatro años de trabajos de restauración entre las fechas citadas. En dicho jardín existe, desde 1880, el llamado “Viale degli uomini illustri” por el cual uno puede pasear entre bustos de personajes como Luigi Capuana, Mario Rapisardi, Giovanni Verga, Francesco Pastura, etc, nombres que a la mayoría de los extranjeros no nos dicen nada, pero que los catanienses veneran en su condición de autóctonos ilustres. En todo caso, llama la atención que entre tanto pedestal con busto haya uno, y sólo uno, al que le falta la figura. Es el de Frontini, cuya imagen fue robada en los años 80 y no ha sido repuesta. En youtube existe un breve vídeo denuncia, sencillo y sentido, al final del cual se puede ver cómo era el busto.


    En sus 79 años de vida (1860-1939) Frontini compuso un ramillete de obras entre las que destacan unas cincuenta canciones sicilianas, dos cuartetos, una misa de Réquiem, la serenata “Araba” y media docena de óperas: Nella, Sansone, Aleramo, Malía, Il falconiere, Fatalità.

    Hoy hablaré de “Malìa”, ópera de la cual tenemos el libreto

    http://frontini.altervista.org/HTMLo..._libretto_.pdf

    pero de la que apenas hay nada grabado.


    “Malìa” significa “Seducción”, título que ya es una declaración de verismo truculento: ambiente rústico, seducción, traición, remordimiento y muerte. “Malìa” se estrenó en Bolonia el 30 de mayo de 1893. Los intérpretes del estreno fueron Antonio Bardossi (bajo), Clotilde Malatesta (mezzo), Leonilde Gabbi (soprano), Ettore Marchi (tenor) y Michele Wigley (barítono). Dirigía la orquesta Vittorio Podesti.

    La acción tiene lugar en un pueblo siciliano, a comienzos del siglo XIX.

    ACTO I
    En la hacienda del granjero Paolo se está preparando una fiesta. Una de sus hijas, Nedda, se casa hoy con el apuesto Cola. Entre las muchachas que esperan la llegada desde la iglesia de los recién casados se encuentra Jana, hermana de Nedda. Jana oculta a duras penas su nerviosismo, pues aunque está prometida a Nino, de quien se ha enamorado de verdad es precisamente de Cola, el que en ese mismo momento se está convirtiendo en su cuñado. Y este pensamiento no hace sino aguzar su tormento y exacerbar su pasión.

    Al llegar el cortejo nupcial se canta, se baila, se bebe y se brinda en honor a los nuevos esposos. Todo el mundo está contento, excepto Jana. Esto no le pasa desapercibido a Cola, que trata de hacerla reír. Y tampoco a Nino, su prometido, que, malinterpretando la causa de su tristeza, la colma de atenciones y le susurra tiernamente que también ellos, dentro de poco, serán marido y mujer. Jana, que esperaba poder resistir a la tentación, sabe desde ese momento que su suerte está ligada a la de Cola. Cuando éste se va con Nedda a inaugurar su nueva casa, Jana se abandona a un llanto desesperado.


    ACTO II
    Es la fiesta de la Inmaculada. La procesión va a pasar frente a la casa de Jana. Su padre le exhorta para que reciba a los invitados que vendrán dentro de poco, pero ella está encerrada en su tormento íntimo y actúa como un autómata. Paolo, preocupado, no acierta a explicarse el origen de la extraña “enfermedad” que aqueja a su hija. Confiando en un milagro de la Virgen, invita a Jana a rezar.

    Pero la oración no hace efecto. Su tormento no le da paz. Llegan los invitados, entre ellos el irresistible Cola. Jana se queda a solas con él y, no pudiendo ya más, se desfoga y confiesa: “Eres la causa de mi mal y de mi perdición”. Le ama y le odia. La declaración le hincha el ego a Cola, que ve que ha conseguido una nueva conquista, y le promete cambiar de amores: Nedda por Jana. Esta, en vez de aplacarse, se agita cada vez más. Pero ahora es por el sentimiento de culpa: lleva en el alma el dolor por el pecado. y cuando la imagen de la Virgen pasa ante la casa, en vez de invocar la gracia de la curación como le aconsejan las vecinas, Jana se maldice a sí misma y declara que no tiene salvación. Todos creen que la joven está endemoniada.


    ACTO III
    La época de la vendimia. Ante las constantes muestras de afecto de Nino, Jana se siente obligada a contarle la verdad. Si no, no conseguirá expiar el pecado. Nino, pedazo de pan, la perdona y le promete que se casará con ella igualmente, y que se irán lejos a iniciar una nueva vida. Pero Cola no piensa permitirlo. Ha sucumbido a su propia pasión pecaminosa y quiere que la situación siga como está. De lo contrario, amenaza a Jana con una atroz venganza. Nino, indignado, le dice que está al tanto de todo, y que quiere reparar el error. Pero ya, cuando se ve insultado en el honor y en su propia aspiración a la redención, se abalanza sobre Cola y lo mata a cuchilladas.


    Sólo he podido encontrar un fragmento cantado, y no con orquesta, sino con acompañamiento de piano: la oración de Jana del Acto II


    Ah, non mi sente! Non mi ascolta!
    Signora del cielo, perdono!
    La stanca mia mente delira!
    Son come una paglia che il turbin raggira!
    Ridàmmi la pace, Signora del ciel!
    Tu, Vergine pura, disperdi
    le impure mie ansie crescenti!
    O Madre pietosa di tutti i dolenti,
    ridammi la pace, Signora del ciel!


    Además de lo anterior, un entusiasta de Paolo Frontini se ha lanzado a interpretar en lo que parece un órgano casero varios fragmentos de la misma obra y los ha subido a youtube.

    Preghiera:
    http://www.youtube.com/watch?v=wZeHf...feature=relmfu

    Ma tu non m’ami!
    http://www.youtube.com/watch?v=kDWI9...feature=relmfu

    Coro de vendimiadores:
    http://www.youtube.com/watch?v=Y4xHL...feature=relmfu


    Para arropar un poco a nuestro autor, me parece preferible escuchar una de sus deliciosas canciones sicilianas, “Amuri, amuri”, donde, además, podremos comparar a dos grandes cantantes:

    Rosa Ponselle, con piano


    Toti Dal Monte, con orquesta

  8. #66
    Schigolch
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    El argumento no puede ser mas "verista" desde luego...

  9. #67
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    Sí, en la línea de Cavalleria y Mala vita, por ejemplo. Verismo rural, digamos.

  10. #68
    Schigolch
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    Eugenia Burzio fue una de las indiscutibles reinas del verismo.

    Su debut se produjo cantando Santuzza, en 1899, a los 27 años de edad. La mayor parte de su carrera transcurrió en Italia, y buena parte de ella en La Scala, el templo milanés. Allí cantó roles de Mascagni, Leoncavallo, Puccini, Giordano,... aunque también Verdi, y alguna que otra incursión en el Belcanto.

    Se retiró en 1919, dejando una serie de grabaciones desde 1905 hasta 1917 que recogen su estilo, un tanto tosco, pero de gran entrega e impacto emocional.

    Voi lo sapete, o mamma

    Io son l'humile ancella

    Laggiù nel Soledad

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    Alfredo Catalani - Loreley (1993) Acto Primero

    con subtitulos en castellano.




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    Alfredo Catalani - Loreley (1993) Acto Segundo

    con subtitulos en castellano.




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    Muchas gracias por ese enorme trabajo de subtitular en castellano. Espero ansioso el final.

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    “Edipo Re” es la última y póstuma ópera de Leoncavallo, pues murió en 1919 antes de terminarla La labor de completarla le correspondió a Giovanni Pennacchio. Escrita para el barítono Titta Ruffo, el compositor le hizo jurar en el lecho de muerte que estrenaría la obra. Ruffo cumplió, y el 13 de diciembre de 1920 “Edipo, Re” se estrenaba en Chicago con gran éxito, según un telegrama que el propio cantante envió a la viuda de Leoncavallo. (Y que se puede consultar, junto con otros, en el Sistema bibliotecario ticinese – Fondo Leoncavallo Locarno (http://www.sbt.ti.ch/leoncavallo) El libreto es de Giovacchino Forzano, más conocido por serlo también del de “Gianni Schicchi”.

    Los intérpretes principales del estreno fueron:

    Edipo: Ruffo, Titta [Barítono]
    Yocasta: Francis, D. [Soprano]
    Creonte: Paillard, Albert [Tenor]
    Tiresias: Defrère, Désiré [Barítono]
    Director: Gino Marinuzzi


    Las grabaciones de las que puedo dar razón son las siguientes (Los cantantes aparecen en el orden Edipo-Yocasta-Creonte-Tiresias-Corintio-Pastor):

    Linz, 1960
    Hugh Beresford , Erika Honnemann, Emil Maijkut, Günther Adam
    Director: Joseph Strobl. Linzer Landestheater


    Nápoles, 1970
    Giulio Fioravanti, Luisa Malagrida, Luigi Infantino, Dino Dondi, Gianpiero Malaspina, Fernando Jacopucci
    Director: Armando de la Rosa Parodi. Teatro San Carlo, Nápoles


    Roma, 1972
    Giorgio Lormi, Linda Vaina, Giuseppe Vertecchi, Maurizio Mazzieri, Saverio Durante
    Director Pietro Argento. Orch sinf e coro di Roma della RAI


    Hilversum, 1977
    Michael Davidson, Paola Barbini, Gianni Bavaglio, Hubert Waber, Willem Laakman, Henk Kreukniet
    Director: Kees Bakels. Großer Radio-Chor Radio-Orchester Hilversum


    Viena, 1998
    Alan Titus, Yvonne Naef, Keith Lewis, Cheyne Davidson, Roland Bracht, Johannes Chum
    Director: Dennis Russell Davies. Vienna Radio Symphony Orchestra and Chorus


    Turín, 2002
    Renato Bruson, Raffaella Angeletti, Ezio Di Cesare, Alfredo Zanazzo, Carlo Morino, Alessandro Casentino
    Director: Yoram David. Orchestra e Coro del Teatro Regio di Torino


    Los fragmentos con los que seguiremos el argumento pertenecen a la de 1970.


    Argumento:
    A la hora de escribir el libreto, Forzano siguió el texto de Sófocles con bastante fidelidad. Para quien le interese, la obra original de Sófocles puede leerse aquí: http://www.teatroenmiami.com/biblioteca/edipo.pdf

    La historia de Edipo es bien conocida: un oráculo predice que Layo, rey de Tebas, será asesinado por su hijo, quien, después de ello, se casará con su madre. Horrorizado, Layo entrega al hijo recién nacido a un pastor con la orden de que lo mate en el monte, pero el hombre se ve incapaz de cometer un infanticidio y le da el bebé a un mensajero, quien lo lleva a la corte de Corinto, cuyos reyes, Pólibo y Mérope, lo adoptan al carecer de hijos propios. Edipo crece pensando que estos son sus padres, hasta que un día, un invitado borracho le hace dudar. Edipo emprende un viaje para consultar al oráculo de Delfos, y en un cruce de caminos se encuentra con Layo, a quien no conoce, y al que da muerte por una discusión absurda sobre preferencia de paso. Edipo llega a Tebas, sube al trono y se casa con la viuda de Layo, Yocasta, cumpliendo así la terrible predicción.

    Pero ni Sófocles ni Leoncavallo nos cuentan esta historia de manera lineal, sino de una forma mucho más moderna: al estilo investigación policíaca. Al comenzar la obra, todos estos hechos han sucedido ya, y ante una epidemia de peste, Edipo hace de policía, interroga a varios testigos hasta que junta todas las piezas del puzzle (tampoco es tan difícil: son tres o cuatro piezas), y acaba descubriendo, horrorizado, que el asesino es él, y que, además, se ha casado con su madre.

    La obra empieza la obra con unos acordes que intentan dar un toque dramático, y que, según un artículo de 2009 de Andrea Merli para mundoclasico.com, son acordes del tango “Jalousie”. El pueblo pide a su rey, Edipo, que le libere de la epidemia de peste que asola Tebas. Edipo replica que ya ha enviado a su cuñado, Creonte, a que pregunte al oráculo de Apolo la manera que librarse de la epidemia. Creonte informa de que Apolo ha prometido acabar con la epidemia si se cumple una condición: que se castigue al asesino del anterior rey, Layo, que está en la propia Tebas. Pero como el oráculo no da el nombre, y nadie de los presentes lo sabe, el rey manda llamar a Tiresias, anciano ciego que es adivino.

    Mientras van a buscar al adivino, Edipo anuncia terribles castigos para el asesino o sus encubridores, si los hay. Llega Tiresias, pero se resiste a dar el nombre. Al final, ante las amenazas del rey, el anciano revela que el crimen lo cometió el propio Edipo. Este, que no es consciente de haber matado a Layo (pues ni siquiera lo conocía), se indigna ante la acusación, y cree que se trata de una conspiración de Creonte para derrocarle. Hace detener a ambos, Creonte y Tiresias, y los condena a muerte.

    Declaración de Tiresias

    EDIPO
    ¡Mientras tanto, tebanos, os hablaré!
    Si alguno de vosotros sabe
    quién asesinó al rey Layo,
    ¡le exijo que lo revele!
    ¡Si alguno conoce el nombre, y no lo revela,
    sea excluido en los ritos y sacrificios!
    ¡Le estará prohibido adorar a los dioses!
    ¡Amor y familia, todo, le será negado en mi reino!
    Y si permaneciese oculto en mi morada,
    siendo yo reo, caiga sobre mí el castigo
    que impuse a otros.
    ¡Pueblo! ¡Así lo ordena Edipo!

    CORO
    (murmurando)
    ¡Ese nombre nos es desconocido, señor!
    ¡Nadie conoce el nombre del asesino de Layo!
    ¡Aquí viene Tiresias!...

    EDIPO
    ¡Al fin nos será revelado el misterio!

    (Llega el adivino ciego, acompañado por Creonte.
    Éste lo hace detenerse frente al palacio)

    EDIPO
    ¡Estás delante del rey!
    ¡Sacerdote de Apolo,
    el rey te pide completar el oráculo!
    ¡Revela al asesino de Layo y salva a Tebas!
    ¡Vamos, revela el nombre del asesino de Layo
    y salva a Tebas! ¡Salva al rey!

    (Pausa)

    TIRESIAS
    ¡Déjame volver a mi hogar!
    Permite que no responda a aquello que quieres.

    (Se va)

    EDIPO
    ¡Detente!
    ¿No puedes revelarlo?
    ¿Conoces al asesino?

    TIRESIAS
    ¡Lo conozco!

    EDIPO
    ¿Y no quieres revelarlo?

    TIRESIAS
    ¡No quiero!

    EDIPO
    ¡Tiresias!
    ¡Ah! ¿Pero no ves cómo la muerte
    avanza inexorable!
    ¿No ves los lúgubres cuervos descendiendo
    sobre la ciudad, convertida en cementerio?
    ¡Escucha la voz de tu rey que
    truena y obliga a obedecer!
    Te imploro llorando, ¡ah, salva a Tebas!
    ¡Revela el nombre del asesino de Layo!

    TIRESIAS
    Mejor para ti no saberlo nunca.

    (Trata de marcharse)

    EDIPO
    ¡La ira de Edipo es un rayo!
    ¡Revela el nombre!

    TIRESIAS
    ¡No!

    EDIPO
    ¡La flameante espada alzo sobre tu cabeza
    cual mensajera de la muerte!

    CORO
    ¡Tiresias!

    TIRESIAS
    ¡Osado! ¿Me obligas a hablar?
    ¡Caiga la desgracia sobre ti!
    ¿Condenarás al exilio al asesino de Layo?
    Pues bien, Edipo, ¡toma el cayado y márchate!
    El asesino de Layo que ha infectado a Tebas,
    ¡eres tú!

    EDIPO
    ¿Es ésta una trampa, Creonte?

    CREONTE
    ¡Edipo!

    EDIPO
    ¡Calla! ¡Creonte, fuiste un día mi amigo,
    pero ahora conjuras para usurpar el trono!
    ¡Guardias! ¡Encadenadlos!
    ¡Que mueran ambos!

    (los guardias se arrojan sobre ambos y
    los encadenan)

    CORO
    ¡Que mueran! ¡Que mueran!
    ¡La reina! ¡La reina! ¡Yocasta!



    Aparece Yocasta entre música de arpas y pregunta a Edipo la razón de que su hermano esté preso. Edipo reitera la acusación de traición, que Creonte niega bajo juramento. Yocasta pregunta en qué se sostiene la acusación, a lo que su marido replica que en la profecía del oráculo. “Los oráculos también se equivocan” –dice Yocasta-. Sin ir más lejos: a Layo, un oráculo le dijo que lo mataría su hijo, pero todo el mundo sabe que murió a manos de unos bandidos en un cruce de caminos. Un sirviente escapó a la matanza pero huyó cuando subiste al trono” ¡Rayos! A Edipo se le enciende una lucecita: ese sirviente ¿está localizable? Sí, lo encontrarían fácilmente. Edipo hace que lo vayan a buscar y, mientras tanto, concede a Creonte y a Tiresias la libertad provisional.

    Edipo prosigue el interrogatorio. Cuando se entera de que Yocasta tuvo un hijo con Layo pero que éste, por miedo al oráculo, mandó matarlo, empieza a atar cabos: él mató a alguien, cuyas señas coinciden, en un cruce de caminos, exactamente en el sitio donde se dice que murió Layo. La horrenda sospecha empieza a tomar forma en su mente. Yocasta aún confía en que el sirviente que han ido a buscar exculpe con su declaración a Edipo, al que trata de animar, y ambos cantan un lírico dueto: “¡Paz, serenidad! ¡Paz! ¡Paz!”

    Duo de Yocasta y Edipo

    YOCASTA
    ¡Señor! ¡Estás desconcertado!

    EDIPO
    Habla, ¿tú y Layo tuvisteis algún hijo?

    YOCASTA
    Sí, pero a los pocos días de nacer,
    por temor al oráculo, el rey lo hizo asesinar.

    EDIPO
    ¡Ah, el oráculo profetizó que un príncipe
    asesinaría a su padre!
    Esa amenaza también recae sobre mí.
    ¡Negras nubes se forman y ofuscan mi mente!
    ¿Fueron mis padres Pólibo y Mérope de Corinto?
    Un día, a la mesa, un invitado borracho me llamó
    "hijo recogido por piedad"... ¡Contuve la ira!
    Fui a Delfos a interrogar al oráculo...
    ¡Mi destino era matar a mi padre
    y casarme con mi madre!
    Atónito, salí huyendo de las tierras corintias.
    Al entrar en la región de Fócida,
    donde se cruzan los caminos de Delfos y Daulis,
    vi venir una carroza con cinco ocupantes,
    entre ellos, un hombre canoso.
    Discutimos sobre la preferencia de paso...
    ¡Peleamos!... ¡El viejo me fustigó con su látigo!
    ¡De un golpe cayó muerto!
    ¡Me abalancé sobre los otros, y también los maté!
    ¡A todos menos a uno, que se dio a la fuga!
    ¡Oh, mujer! ¿Seré yo el asesino de Layo?
    ¡Horrendo destino!

    YOCASTA
    (Cariñosamente)
    ¡Edipo! ¡Edipo!
    ¡No temas, el pastor vendrá y dirá que Layo
    fue asesinado por ladrones! ¡Oh, Edipo!
    Desaparecerán de tu alma las negras nubes
    y la dulce paz volverá al doliente rey.
    ¡Descansa, mi rey, sobre el corazón que te ama!
    ¡Que entre mis caricias
    encuentre tu alma de nuevo la paz!..
    ¡Paz! ¡Serenidad! ¡Paz! ¡Paz!


    Suenan trompetas. Es una embajada de Corinto, que viene a ofrecer el trono de esa ciudad a Edipo, pues ha fallecido Pólibo. Edipo rechaza esa corona, pues teme que, si vuelve, cumpla la parte del oráculo que predecía que se casaría con su madre. El embajador, pensando que va a arreglar la cosa, le informa de que Mérope no era su verdadera madre. Y puede decirlo con seguridad porque él mismo le cogió de manos de un pastor de Tebas y lo entregó a los reyes de Corinto.

    De esta forma, Edipo se entera de que los que siempre creyó sus padres sólo lo eran adoptivos. Sólo le queda esperar que llegue el pastor, que es el sirviente que escapó a la matanza en la encrucijada, para que el círculo se cierre. Edipo y Yocasta comprendiendo que el oráculo se ha cumplido implacablemente, rompen con un escalofrío el abrazo en que estaban fundidos hasta ahora. Finalmente, llega el pastor, que lo confirma todo y, para que ya no quede duda alguna, reconoce a Edipo como el asesino de Layo.

    Yocasta se suicida colgándose en su alcoba. Horrorizado, y medio loco ya, Edipo se despide de sus hijas, que también son sus hermanas, y, acudiendo a la llamada de Apolo, se sumerge en la noche horrenda, noche eterna, negra y profunda.

    Final

    (El coro se dispersa. El cielo se oscurece
    progresivamente. Se ven relámpagos. La furia
    de los elementos se desencadena, mientras en el
    palacio, el inmenso drama humano, concluye en
    su terrible tragedia. Edipo sale, yendo a tientas,
    con el rostro ensangrentado y las cuencas de los
    ojos vacías.)

    EDIPO
    (casi sollozando)
    ¡Oh, noche horrenda! ¡Oh, noche eterna!
    ¡Negra! ¡Profunda!
    ¡Borra de mí toda visión!
    ¡También la última, esa de la reina,
    de la madre, de la esposa torturada!
    Colgando de una cuerda por el cuello, impura,
    balanceándose desde el techo de la alcoba.
    ¿Cómo volver a ver cualquier cosa humana?
    ¡Profanador de los amores más sagrados!
    ¡Engullid todo, tinieblas! ¡No ver nada!
    ¡No oír nada, salvo el rugido de mi alma!
    Pasar entre los vivos como una sombra,
    expiando mis culpas en eterno sufrimiento.
    ¡Oh, Tebas! ¡Adiós! ¡Vuelve la serenidad!

    (Salen sus hijas, junto con Creonte)

    ¡El culpable de las desgracias de la ciudad, Edipo,
    huye para siempre en las tinieblas! ¡Adiós!

    (Se aleja. Se oyen sollozos)

    ¿Quién llora? ¿Quién llora en el palacio?
    ¡Mis hijas! ¿Quién os acompaña? ¡Eres tú!
    ¡No puedo decir tu nombre sin invocar tu perdón!

    (Creonte, con un gesto, envía las niñas junto a
    Edipo. Éstas se arrodillan a sus pies llorando.
    Edipo las acaricia con sus manos)

    ¡Mis flores, no habrá más sol para vosotras!
    ¡Oh, blancas palomas, el cielo se os ha cerrado!
    ¡Suave Ismena, bella Antígona,
    quiero acariciaros una vez más!

    (Quiere abrazar a sus hijas pero, aterrado,
    se retira bruscamente.)

    ¿Qué dices, Apolo?... ¡Sí!
    ¡Te escucho! ¡Te oigo, oh, inexorable!
    ¡Edipo está condenado a acariciar a sus hijas
    con manos fraternas!
    ¡Horror! ¡Horror! ¡Horror!
    Te obedezco ¡oh dios! y me marcho.
    ¡Creonte! ¡Te dejo toda mi vida!
    ¡Oh, amadas, olvidad a vuestro padre!
    ¡Ah!
    ¡Oh, noche horrenda, noche eterna,
    negra, profunda, envuélveme en tu manto!
    ¡Oh, noche!

    (Diciendo estas palabras, se aleja hacia la salida;
    cae, se levanta. Creonte, dulcemente, ha tomado a
    las niñas, que, estirando el brazo en dirección a
    su padre, le dicen adiós. Edipo desaparece. Sus
    hijas comienzan a llorar.)


    (Traducción del libreto: Ana Paula Martin, para Kareol)

    Termino la presentación con las palabras del anteriormente citado Andrea Merli y su escueto análisis de la obra:

    "El ambicioso drama en un acto de Ruggero Leoncavallo "Edipo Re", sobre libreto de Giovacchino Forzano sacado de la homónima tragedia de Sofocles, que se estrenó póstumamente el 13 de diciembre de 1920 en Chicago (con el famoso barítono Titta Ruffo, que había prometido al autor en el lecho de muerte que interpretaría la obra) bien podría pertenecer al siglo precedente, pese a los intentos, a menudo conmovedores por su inocencia, de renovación de un lenguaje musical, el del padre del Verismo, completamente arraigado en la época decimonónica. Leoncavallo, en este ultimo trabajo, no resiste a la tentación de reanudar el canto abierto a una melodía mediterránea, espontánea y próxima al mundo de la 'canzonetta' que él con tanto éxito había recorrido.Los primeros acordes, aun intentando dar un toque dramático, son nada menos que los del celebre tango 'Jalousie' y en contados momentos, en el trascurso de la ópera el canto del barítono protagonista recuerda desde muy cerca el fatídico 'prólogo' de I pagliacci en la frase 'un nido di memorie in fondo all'anima'. Con todo, el 'mestiere' (el oficio) del honrado operista que tuvo más ambiciones que aciertos, garantiza un más que honorable resultado teatral y musical y, si la ópera hubiese sido compuesta con antelación a la que resultó su obra insuperada Pagliacci, podríamos considerarlo un halagador primer intento de un joven autor. Lástima que sea su testamento."

  21. Thanks Nervous Gentleman thanked for this post
  22. #74
    Schigolch
    Guest
    Bueno, tampoco está tan mal como testamento....

  23. Likes Nervous Gentleman liked this post
  24. #75
    Schigolch
    Guest
    Dos grandes cantantes italianos, Francesco Merli y Bianca Scacciati, en Loreley:


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