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Thread: Gemas ocultas: Edgar

          
   
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  1. #16
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    8.- Galería de personajes (1)

    EDGAR, el protagonista, es un personaje absolutamente fallido. Sobre todo, dramáticamente, a causa de los cortes efectuados por el libretista que, al hurtar al público los fundamentos psicológicos de sus acciones, dejan al tenor como un muñeco sin voluntad, o con una voluntad sometida a más cambios de dirección que una veleta. Esto se aprecia con claridad en el acto primero, donde, tras haberse casi prometido con Fidelia y repudiado a Tigrana, se enfrenta por ésta a todo el pueblo y se va con ella, abandonando a su supuesto verdadero amor. La decisión de incendiar la casa no se sustenta en nada, como no sea en poder decir después a Tigrana: “¡Tigrana, ven! ¡Que también nos inflame de nueva vida la voluptuosidad!” Pero la metáfora le sale un poco cara.

    El acto segundo aporta nuevas pruebas del carácter antojadizo del personaje: la vida alegre y voluptuosa ya no le gusta, aunque aquí canta el aria “Orgia, chimera dall'occhio vitreo” donde se justifica un poco. Tigrana intenta retenerle, pero basta con que suene una trompeta fuera para que decida abrazar la vida militar, por la cual hasta ahora no había manifestado el menor apego. Finalmente, el falso funeral del acto tercero queda, sin la explicación de su conducta, como una broma macabra para sus compañeros soldados, y no digamos para Fidelia.

    En lo vocal, el personaje de Edgar tiende más hacia la declamación que hacia la lírica. Una vigorosa declamación verista preside los momentos impetuosos, como la quema de la casa y la llamada a Tigrana (“Tigrana, vieni”) en el acto primero, el dúo con Tigrana en el segundo (“O lebbra, sozurra del mondo”), y buena parte del acto tercero, hasta que se produce el trío con Tigrana y Frank.

    Escuchamos a Veriano Luchetti (1971) defendiendo a Tigrana, incendiando su casa y cogiéndola para irse con ella.

    EDGAR
    (toccando l'elsa del pugnale e minaccia
    i contadini)
    Se alla devota nenia non torni,
    Di questo acciar
    A te la lama farò provar...
    Ed or da voi men vo',
    Stolido gregge,
    Per non tornar mai più.

    (esaltandosi)

    Maledetto paterno tetto,
    Su te, fra poco,
    Ruggendo, il fuoco per mano
    Mia divamperà!

    (rientra nella casa. Presto cominciano a
    sprigionarsi scintille e fumo dalla casa)

    CONTADINI
    Orror!

    (Alcuni entrano nella casa d'Edgar come
    per impedire l'incendio, ma, dopo pochi
    momenti, vengono respinti in scena da
    Edgar che compare sulla porta con un
    tizzone acceso nella destra)

    CONTADINI
    Sventura!...
    Al fuoco! Al fuoco!

    EDGAR
    Fuori di qui!...
    Nessuno queste soglie osi varcar!...
    Nessuno d'imporsi a me pretenda!
    È mia la casa... ed ardere dovrà!

    (getta il tizzone nella casa, con trasporto
    a Tigrana)

    Tigrana, vieni!
    Noi pure accenda
    Di nuova vita la voluttà!
    EDGAR
    (tocando el mango del puñal y
    amenazando a los campesinos)
    Si no volvéis a las pías cantinelas,
    el filo de este puñal
    presto os lo haré probar.
    Y ahora os dejo,
    estúpida grey,
    para no volver jamás.

    (exaltándose)

    Maldito techo paterno.
    Sobre ti, dentro de poco,
    se abatirá rugiente el fuego,
    prendido por mi mano.

    (entra en la casa e inmediatamente
    comienzan a salir de ella centellas y humo)

    CAMPESINOS
    ¡Horror!

    (Algunos entran en la casa de Edgar como
    para extinguir el incendio, pero poco
    después, vuelven a escena empujados por
    Edgar, que aparece en la puerta con una
    tea encendida en la mano)

    CAMPESINOS
    ¡Infortunio!...
    ¡Al fuego! ¡Al fuego!

    EDGAR
    ¡Fuera de aquí!...
    ¡Que nadie ose traspasar este umbral!
    ¡Que nadie pretenda plantarme cara!
    Esta es mi casa... ¡y en el fuego arderá!

    (arroja la tea a la casa. Con arrebato,
    abrazando a Tigrana)

    ¡Tigrana, ven!
    ¡Que también nos inflame
    de nueva vida la voluptuosidad!

    En cambio, cuando aparece la introspección la música se impregna de lirismo y surge el canto; así, el monólogo del Acto II (que, seguido del dúo con Tigrana señalado “Andante expressivo”, constituye un ensayo para las explosivas pasiones del venidero Acto II de “Manon Lescaut”), el trío con Tigrana y Frank del Acto III, o el dúo con Fidelia del acto IV.


    FIDELIA es la heroína, dulce y buena, y no por ello menos decidida y resuelta, que permite la redención del protagonista. Su música es tierna y apasionada. Es introducida con una encantadora pastoral (“Oh fior del giorno”) cuya primera estrofa canta fuera de escena, inaugurando la lista de heroínas puccinianas cuya voz se oye antes de salir al escenario (Mimí, Tosca, Butterfly...) Esta primera estrofa, cantada sobre una dulce melodía, pierde su carácter inocente al ser repetida. Entonces adquiere un apasionado ímpetu y se desata al ver a su amado: “O fior del l’anno, salve alba d’april…”

    ”O fior del giorno” Adriana Damato (2005)

    FIDELIA
    (dalla destra, di dentro)
    O fior del giorno,
    Salve alba serena!
    Speranza ed esultanza!
    Inno gentil, del giorno fior.
    Di celestial profumo
    È l'aura piena...

    (appare sul poggio)

    O fior dell'anno,
    Salve alba d'april!
    FIDELIA
    (a la derecha, desde dentro)
    ¡Oh, flor de la mañana,
    salve, alba serena!
    ¡Esperanza y regocijo!
    ¡Himno gentil, flor del nuevo día!
    Todo está lleno
    de celestial fragancia...

    (aparece sobre la colina)

    ¡Oh flor del año,
    salve, alba de abril!

    Pero es en el acto III en el que alcanza la estatura de heroina pucciniana y se beneficia de la excepcional vena melódica de su creador. “Addio mio dolce amor” empieza calmadamente, cantada mezza voce sobre unos tenues colores orquestales, y tras expresar su amor por Edgar, cambia de intensidad, ganando considerablemente en apasionamiento con la frase “O Edgar, la tua memoria sarà il mio sol pensiero! Lassù nella tua gloria, m’attendi, Edgar!”, de amplio vuelo lírico, que contiene la más hermosa idea melódica de la ópera, confiriendo a su adiós a Edgar el máximo impacto. Este pasaje también tiene una función estructural, pues desarrolla el tema de la segunda parte del Preludio, que volverá al final de la escena, de manera que crea un puente entre el comienzo y el final del funeral. La oímos hace unos días a Raina Kabaivanska; escuchémosla hoy a Julia Varady:

    ”Addio, mio dolce amore”. Julia Varady

    FIDELIA
    Addio, mio dolce amore...
    Nell'ombra ove discendi,
    Solenne ed infinita
    Anch'io verrò...
    M'attendi!
    Dove tu regni, dolor,
    La gioventù non ha più fior!
    Addio, ancora, addio, o Edgar,
    La tua memoria sarà
    Il mio sol pensiero!
    Lassù, nella tua gloria,
    M'attendi, Edgar, lassù!
    FIDELIA
    ¡Adiós, adiós, mi dulce amor!
    Yo también iré
    a las tinieblas insondables e infinitas
    a las que desciendes.
    ¡Espérame!
    ¡Donde tú, dolor, reinas,
    la juventud ya no florece!
    ¡Adiós, adiós, oh Edgar,
    tu memoria será
    mi único pensamiento!
    ¡Allá arriba, en tu gloria,
    espérame, Edgar, allá arriba!

    Todavía en este mismo acto, Fidelia cuenta con otra expresiva aria, “Nell villaggio d’Edgar”, que pudimos oir en el post introductorio a Renata Scotto. En estas dos arias encontramos ya la firma del Puccini que tan extraordinariamente expresó el temor, la melancolía y la desesperación.

  2. #17
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    8.- Galería de personajes (2)

    “Edgar” es la única ópera de Puccini que contiene un papel de mezzo-soprano protagonista. TIGRANA es el demonio del drama, y el autor no sólo compuso para ella una música muy poderosa, sino que en la versión original le asignó la mayor porción de la partitura. Pero tras el fracaso cosechado en el estreno, y a la vista de cuál fue el personaje que salió peor parado de las sucesivas revisiones, se podría conjeturar que Puccini, en su subconsciente, atribuyó algo de ese fracaso a haber dado el protagonismo a una voz de mezzo. En la versión en tres actos de 1892 (Edgar III), desapareció su aria del tercer acto “Ah! Se scuoter dalla morte” que cantaba ante el cadáver de Edgar (una pieza de fuerte impacto dramático), y en la de 1905 (Edgar IV) pierde también la “Canción de la copa” del acto II. Así, Tigrana es degradada de protagonista a seconda donna.

    A pesar de ello, la música que conserva Tigrana sigue siendo impactante y transmite a la perfección su carácter salvaje. Canta por primera vez en el diálogo con Edgar del Acto I (“Tu voluttà di fuoco”), sobre un Andante religioso sostenuto que se escucha en un órgano fuera de escena (se supone que proviene de la iglesia a la que acuden los aldeanos) y que es material procedente del Kyrie de la “Misa” del propio Puccini. La presencia aquí de esta música, sacra y pura, sirve para acentuar, por contraste, la naturaleza demoniaca de Tigrana. El segundo momento importante de ésta es su enfrentamiento con los aldeanos a los que provoca con una canción de aire español (“Tu il cuor mi strazii”) que, por si cabía alguna duda, lleva la elocuente indicación de tempo “Allegro satanico”. Lo escuchamos a Marjorie Biggar:

    ”Tu il cuor mi strazii”. Marjorie Biggar

    TIGRANA
    Tu il cuor mi strazii...
    Io muoio!
    Che feci a te, crudel?
    Belava all'avvoltoio
    Nell'agonia l'agnel...
    Agnellin, fai pietà,
    Fai pietà! Ah! Ah! Ah!
    TIGRANA
    ¡Me has destrozado el corazón!...
    ¡Me muero!
    ¿Qué te hecho, cruel?
    Los balidos del cordero en la agonía
    atraen al buitre.
    ¡Ten compasión del corderito,
    ten compasión! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

    Tras los cortes inferidos a su papel, a Tigrana le quedan el dúo del segundo acto con Edgar (“Quel che sognavi un di d’orgie e di baci”), donde la música ya no es tan salvaje sino que oscila entre lo romántico y lo sensual, y el trío con Edgar y Frank ante el cadáver (acto III), donde la galantería del falso fraile y la exposición de las joyas tentadoras le dan un aire desenvuelto y ligero al acompañamiento musical. Podemos oir la Tigrana de Mary Ann McKormick en el dúo del Acto II, secundada por Carl Tanner como Edgar:

    Dúo de Edgar y Tigrana (Acto II) Carl Tanner y Ann Mckormick

    TIGRANA
    (andando ad Edgar)
    Edgar... Edgar
    Sulla tua fronte
    Erran tetri pensieri...

    EDGAR
    Essi son neri
    Come l'abisso immondo
    Ove scesi con te!...

    TIGRANA
    Tu più non m'ami
    No! No! No!
    Tu più non m'ami!

    EDGAR
    La parola d'amor non profanar!

    TIGRANA
    Quel che sognavi un dì
    D'orgie e di baci
    Sogno febbril,
    Donar io seppi a te.
    Per sempre, il fato
    Ci unì intendi?
    Un mendico sarai lungi da me!

    EDGAR
    Taci, demonio!... Taci!...

    TIGRANA
    Dalla valle natia
    Perchè fuggir, perchè fuggir,
    E la casa paterna incendiar?
    Perchè incendiar?
    Or la tua sorte è mia...
    Tutto perdesti!

    (avvicinandosi ad Edgar,
    e fissandolo voluttuosamente)

    Dal labbro mio suggi l’oblio
    E a te il doman sorriderà...
    Nuovi deliri di voluttà
    A te darà la mia beltà!

    EDGAR
    Ogni velen, demon,
    Tu chiudi in sen
    Nè da te fuggir potrò?
    Nè un raggio a me brillar vedrò?
    Un raggio di sol di speme ancor?...
    Ne mai da te fuggir potrò?...
    Da questo abisso d'onta e d'orror
    Fuggir potrò?
    Ogni velen, demon,
    Tu chiudi in sen!
    Ah! Demon!

    TIGRANA
    Vano è lottar,
    Il fato ci uni!
    Ora il fato ci uni!
    Dal labbro mio suggi l'oblio,
    Ed il doman sorriderà.
    Nuovi deliri a te darà
    Di voluttà la mia beltà.
    A te darà di voluttà
    Nuovi deliri la mia beltà!
    TIGRANA
    (andando hacia Edgar)
    Edgar, Edgar,
    sobre tu frente
    vagan sombríos pensamientos.

    EDGAR
    Sí, y son negros
    como el abismo inmundo
    al que bajé contigo.

    TIGRANA
    Ya no me amas.
    ¡No! ¡No! ¡No!
    ¡Ya no me amas!

    EDGAR
    ¡No profanes la palabra amor!

    TIGRANA
    Yo supe cómo dar,
    a quien un día soñaba
    con orgías y besos,
    un sueño febril.
    El destino nos ha unido para siempre...
    ¿Entiendes?
    ¡Un mendigo serás lejos de mí!

    EDGAR
    ¡Calla, demonio! ¡Calla!

    TIGRANA
    Del valle nativo,
    ¿por qué huir
    incendiando la casa paterna?
    ¿Por qué incendiarla?
    Ahora estás en mis manos.
    ¡Lo has perdido todo!

    (acercándose a Edgar
    y mirándolo voluptuosamente)

    Toma el olvido de mis labios
    y el porvenir te sonreirá.
    Mi belleza te ofrecerá
    nuevos delirios de voluptuosidad.

    EDGAR
    ¡Escondes en tu pecho, demonio,
    todos los venenos!
    ¿No podré nunca alejarme de ti?
    ¿No veré brillar más un rayo,
    un solo rayo de esperanza?
    ¿No podré nunca alejarme de ti?
    ¿Podré huir de este abismo
    de vergüenza y horror?
    ¡Escondes en tu pecho, demonio,
    todos los venenos!
    ¡Ah! ¡Demonio!

    TIGRANA
    ¡Es vano luchar
    contra el destino que nos une!
    ¡Estamos unidos!
    ¡Toma el olvido de mis labios
    y el porvenir te sonreirá!
    Mi belleza te ofrecerá
    nuevos delirios de voluptuosidad.
    ¡Nuevos delirios de voluptuosidad
    mi belleza te ofrecerá!


    Mucho menos importante, en comparación con los tres anteriores, es el personaje de FRANK, que sólo dispone de una intervención solista: la convencional aria que canta tras su discusión con Trigana “Questo amor, vergogna mia”, en la que debe expresarse con la desesperación de quien reconoce que su pasión es autodestructiva pero no puede renunciar a ella. Las demás intervenciones son, o bien formando parte de un ensemble (final del Acto I), de un dúo (pelea con Edgar en el Acto I) o de un trío (escena de las joyas en el Acto III)

    Comienzo del trío de las joyas. Vicente Sardinero, Carlo Bergonzi y Gwendolyn Killebrew (1977)

    FRANK
    (avvicinandosi a Tigrana, a sua volta)
    Bella signora,
    Il morto esser vorrei,
    Ché il vostro lutto avrei,
    Dama gentil!

    TIGRANA
    Lasciatemi pregar!

    FRANK
    Del vostro pianto
    una perla soltanto
    Le mille perle val
    D'ogni monil!

    (mostra a Tigrana una collana di perle)

    TIGRANA
    (scossa alla vista della collana)
    ¡Ah!

    (poi rimettendosi, severamente)

    Va!... Non tentarmi!

    (Frank s'allontana)

    EDGAR
    (avvicinandosi di nuovo a Tigrana,
    e mostrandole un altro monile)
    Guarda!

    TIGRANA
    (scossa, alzandosi, guardando il monile)
    O meraviglia!

    FRANK
    (ad Edgar, indicandogli Tigrana)
    Come de fiamma maliarda,
    Osserva, affascinata ell'è diggià!
    FRANK
    (acercándose a su vez a Tigrana)
    Hermosa señora,
    quisiera ser el muerto
    para merecer vuestro dolor...
    Dama gentil.

    TIGRANA
    ¡Dejadme rezar!

    FRANK
    Una sola perla
    de vuestras lágrimas
    vale las mil perlas
    de cualquier collar.

    (le muestra a Tigrana un collar de perlas)

    TIGRANA
    (agitada por la visión del collar)
    ¡Ah!

    (reponiéndose, severamente)

    ¡Basta! ¡No me tentéis!

    (Frank se aleja)

    EDGAR
    (Acercándose a Tigrana y mostrándole
    otro collar)
    ¡Mira!

    TIGRANA
    (agitada, levantándose, mirando el collar)
    ¡Qué maravilla!

    FRANK
    (a Edgar, señalando a Tigrana)
    ¡Observa cómo está ya fascinada
    por una llama que la hechiza!

    Curiosa figura Frank, que más bien parece el resultado de condensar varios personajes en uno solo. Frank acaba siendo el “chico para todo”. ¿Se necesita un rival amoroso de Edgar? Ahí está Frank. Los soldados han de tener un capitan… Pues casualmente aparece Frank, quien, además acepta a Edgar en el regimiento tras perdonarle con un par de frases. ¡Qué bien le vendría a Edgar un cómplice para la farsa del funeral y para tentar a Tigrana con joyas! Pongamos a Frank, que ahora ya es uña y carne con el protagonista. Y por último: ¿en qué hombro puede llorar Gualtiero la pérdida de su hija? Pues, obviamente, en el del hijo que le queda, que es… Frank.

  3. #18
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    8.- Galería de personajes (y 3)

    La intervención de GUALTIERO es casi testimonial, especialmente en la versión definitiva. Con la práctica desaparición del acto IV pierde su mejor momento, la plegaria “Tutta la notte ella vegliò”, y el resto de sus (brevísimas) intervenciones en ese acto. Incluso le desaparece alguna frase del Acto III, cuando se halla con Fidelia ante el cadáver de Edgar.

    ”Tutta la notte ella vegliò” Carlo Cigni (2008)

    GUALTIERO
    Tutta la notte ella vegliò...
    Sopita finalmente or riposa
    Angelus Domini
    La figlia mia, Signore,
    Deh serba a me! Nunciavit
    Mariæ... L'ultimo fiore
    Ell'è della mia vita
    L'ultima gioia!... Ecce Ancilla Domini...
    Io vecchio son... Ch'io muoia!
    Strappa la quercia antica
    Ma, deh, la rosa non colpir!... Fiat mihi
    Secundum verbum tuum!

    CORO
    (interno)
    Iddio non benedice
    Che gli umili quaggiù
    Viver può sol felice
    Chi segue la virtù
    Ave, o Signor! Non gloria ed ôr
    Noi ti chiediam ma pace e amor!
    GUALTIERO
    Ha velado durante toda la noche...
    Ahora descansa al fin, dormida.
    Angelus Domini
    ¡Señori, mi hija,
    consérvamela! Nunciavit
    Mariæ... Es la última flor
    de mi vida.
    ¡La última alegría! Ecce Ancilla Domini...
    Yo soy viejo. ¡Puedo morir!
    ¡Arranca la encina vieja,
    pero no te lleves la rosa! Fiat mihi
    Secundum verbum tuum!

    CORO
    (En el interior)
    Dios sólo bendice
    a los humildes, aquí abajo.
    Sólo vivirá feliz
    quien siga la virtud.
    ¡Ave, oh Señor! ¡Ni gloria ni oro
    te pedimos, sino paz y amor!

    A Gualtiero sólo le queda su intervención en la refriega del Acto I entre Edgar y Frank, que provee el momento de calma necesario antes de lanzarse al concertante que sigue. En mi opinión, el intérprete de Gualtiero no debe cantar este pasaje como una orden dada con la autoridad de un senador, sino como un ruego, un favor que implora una persona decrépita; ello teniendo en cuenta tanto las palabras que dice (“Ah, un padre, un vegliardo – nell'onta, nel pianto, O figli, o fratelli, – non fate morir!”) como el carácter plañidero que demuestra en la versión completa, y también el hecho de que la tregua dura lo que el eco de sus palabras, y en cuanto se desvanece éste Edgar y Frank vuelven a los navajazos.


    Finalmente, yo creo que el CORO reclama consideración como un personaje más, y de los importantes. Tanto, que a ratos esta obra pasaría por un ejemplo de grand opèra. Omnipresente en el primer acto desde el principio hasta el final, acompaña en el segundo a Tigrana en su exaltación de la copa y a Frank en su condición de militar, reaparece en el tercero con los grupos de aldeanos y militares que se llevan el chasco del falso muerto, y participa en el cuarto, primero como coro femenino que acompaña a Fidelia en sus transportes místicos, y después como coro mixto que se prepara, y más adelante libra, la batalla de flores, corriendo a cargo del coro las últimas palabras del libreto (“Alla mannaia!”) antes de que caiga el telón.

    Aunque no fuera por otra cosa, “Edgar” merece ser tenida en cuenta por la habilidad que demuestra Puccini con el coro, que unas veces suena religioso, otras vengativo, otras alegre, otras marcial… Por ejemplo, el Requiem del Acto III, reciclado por Puccini de su “Capriccio sinfonico”, pone de relieve un tratamiento magistral de las voces concertadas con las armonías y los colores de la orquesta. Con todo, en varios momentos corales se dejan oir ecos de Verdi y de Ponchielli (maestro de Puccini). Es el caso del concertante final del primer acto (el modelo de grandilocuente recapitulación de melodías a tutta forza para terminar un acto es el finale del acto tercero de “La Gioconda”), la marcial conclusión del segundo acto, o el “Ai corvi il suo cadavere!” de los soldados cuando descubren el engaño de la armadura.

    Oigamos ese coro en el Final del Acto I, en la grabación de 1971 a cargo de Veriano Luchetti, Mietta Sighele, Bianca Maria Casoni, Renzo Scorsoni, Alfredo Colella, Orquesta y Coro de la RAI de Turín. Director: Carlo Felice Cillario:[/align]

    Final del Acto I (Concertante y coro)

    GUALTIERO
    Giù l'armi!... La voce
    D'un vecchio ascoltate!
    Del giovane sangue
    Lo sdegno frenate!

    TUTTI
    Giù l'armi!

    EDGAR
    D'un vecchio che prega
    La voce tremante
    Quai tristi memorie
    Nel cuor mi destò!
    O della mia vita
    Terribile istante...
    Di colpe novelle
    Macchiarmi non vo'.

    FIDELIA
    D'entrambi nel sangue
    Qual nembo veloce
    Il cieco delirio
    Dell'ira scoppiò!
    Ma, a un tratto,
    L'insania dell'impeto atroce
    D'un vecchio la voce
    A vincer bastò.

    GUALTIERO
    Del giovane sangue
    Io sdegno frenate!
    D'un vecchio la voce,
    D'un vecchio ascoltate!
    Frenate! Frenate!
    D'un vecchio la voce ascoltate!
    La mano vi pose
    Sull'elsa soltanto,
    Il torvo consiglio
    D'un cieco delir.
    Ah, un padre, un vegliardo
    Nell'onta en il pianto,
    O figlio, fratelli,
    Non fate morir!
    Lo sdegno frenate, olà!

    FRANK
    D'un padre la voce
    Mi supplica invano,
    Placar del mio sdegno
    La fiamma non può!
    Qual fascino arcano,
    Qual turbido incanto,
    Qui fascino arcano
    Nel cor mi gettò!
    Tigrana, il tuo sguardo
    Nel cor mi gettò!
    D'un padre la voce...

    TIGRANA
    (guardando Frank ed Edgar ironica)
    D'un vecchio alla voce
    Ah, spegner a spegner bastò!
    Al suolo si chinan gli sguardi,
    Ah, la man già l'elsa lasciò!
    Ah, al suolo d'entrambi
    Si chinan gli sguardi,
    La mano delle spade
    già l'elsa lasciò!...
    A spegner dell'ira la fiamma,
    O codardi, la tremula voce
    Di un vecchio bastò!

    CONTADINI
    D'un vecchio la voce ascoltate!
    Del giovane sangue lo sdegno frenate!
    Il ciglio bagnato è di pianto
    Il cuore con te palpitò.
    Si, o padre,
    Ogni cuore con te palpitò
    Il cielo un soave
    mestissimo incanto
    D'un padre alla voce
    Che implora donò!
    O vecchio, ogni ciglio
    Bagnato è di pianto...
    Io sdegno frenate, olà!

    EDGAR
    (riprendendo per mano Tigrana
    in atto di condurla seco)
    Or dunque, addio!

    FRANK
    (brandendo il pugnale e
    sbarrando loro nuovamente il passo)
    No... Tu non passerai!

    EDGAR
    (volgendosi a Gualtiero e
    sguainando anch'egli, indicando Frank)
    Egli lo vuole!

    GUALTIERO
    (cercando di frenarli)
    Frank!

    FIDELIA
    (cercando di frenarli)
    Edgar!

    EDGAR, FRANK
    Parli il pugnale!

    (si battono)

    FIDELIA
    Edgar!

    GUALTIERO
    Olà!

    CORO
    Terror! Olà!

    FIDELIA
    Fratello!
    Ferma, Edgar! Fratello!

    GUALTIERO
    Figlio!
    Cessate!
    Cessate! Olà!

    TIGRANA
    (come aizzando Edgar)
    Su!... Ferisci!
    Su!... Ferisci!
    Incalza!... Incalza!
    Ferisci! Ferisci!
    Su!... Ferisci!
    Incalza! Su! Su!

    CONTADINI
    Per pietà!
    Fermi olà! No! No!
    Oh terror! Qual furor!
    Qual demonio li spinge?
    Giù il pugnale!
    Per pietà!
    Fermi olà!
    Giù il pugnale!
    No! No! No! No!

    (a Tigrana)

    Ah... crudel!... Taci, tu!
    Oh! Terror! Terror!
    L'armi a lor, su, strappiam!
    Ah! Non più, che tardiam?

    (il pugnale di Edgar striscia sul petto di Frank)

    EDGAR
    (a Frank, ritraendosi)
    Sei ferito!

    FRANK
    No!... No!...

    TIGRANA
    (a Edgar, tirandolo a sè)
    Vieni Fuggiam... Ferito egli è.
    Perchè restar?

    FRANK
    (con ira)
    Deve un di noi
    Lasciar la vita qui!

    (fa per rimettersi in guardia ma vacilla)

    GUALTIERO
    (lanciandosi su Frank, strappandogli l'arme)
    Per Dio, quell'arme a me!...

    EDGAR
    (a Tigrana, allontanandosi rapidamente con lei)
    Partiamo!

    FRANK
    (facendo come uno sforzo supremo
    per seguirla, ma trattenuto)
    Abbietta creatura,
    Maledizion! Maledizione a te!

    TUTTI
    (ai due fuggenti)
    Maledizion! Maledizion!

    (Frank cade fra le braccia di Gualtiero; tutti lo
    circondano; Fidelia accorre a lui, l'incendio
    divampa.)
    GUALTIERO
    ¡Dejad las armas!
    ¡Escuchad las palabras de un viejo!
    ¡Frenad la cólera
    de la sangre!

    TODOS
    ¡Dejad las armas!

    EDGAR
    La voz temblorosa
    de un viejo que reza...
    ¡Qué tristes recuerdos
    despierta en mi pecho!
    ¡Oh, terrible momento
    de mi vida,
    no quiero mancharme
    con nuevos delitos!

    FIDELIA
    En la sangre de ambos
    cual veloz nubarrón
    el ciego delirio
    de furia estalló.
    Mas, de golpe, la locura
    de este impulso atroz
    se vio derrotada
    por la voz de un viejo.

    GUALTIERO
    ¡Frenad la cólera
    de vuestra sangre joven!
    ¡Escuchad las palabras
    y los consejos de un viejo!
    ¡Basta! ¡Basta!
    ¡Escuchad las palabras de un viejo!
    La mano os coloca,
    al blandir el puñal,
    ante el torvo consejo
    de un ciego delirio.
    ¡Ah, no hagáis morir,
    oh hijo, hermanos, a un padre, a un anciano
    en la vergüenza y el llanto!
    ¡No lo hagáis morir!
    ¡Aplacad la cólera!

    FRANK
    De un padre la voz
    me suplica en vano,
    ¡no puedo aplacar
    el fuego de mi cólera!
    ¡Qué antiguo hechizo,
    qué turbio encanto,
    qué antiguo hechizo
    atrapó mi corazón!
    ¡Tigrana, fue tu mirada,
    la que lo apresó!
    De un padre la voz...

    TIGRANA
    (mirando irónica a Frank y a Edgar)
    Bastó la voz de un viejo
    para apaciguar la ira,
    ya las miradas apuntan al suelo.
    ¡Ah, las manos sueltan el puñal!
    ¡Ah, las miradas de ambos
    apuntan al suelo
    y las manos soltaron
    los mangos de los puñales!
    Para aplacar el fuego de la ira,
    ¡oh, cobardes!
    bastaron las palabras de un viejo.

    CAMPESINOS
    ¡Escuchad la voz de un viejo
    y aplacad la ira de la sangre joven!
    Los ojos están bañados en lágrimas.
    El corazón palpitó contigo.
    ¡Sí, oh padre,
    todos los corazones palpitaron contigo!
    El cielo otorgó
    a la voz de un padre que implora
    un encanto
    tristísimo y conmovedor.
    ¡Oh, viejo, todos los ojos
    están bañados en lágrimas!
    ¡Aplacad la furia! ¡Basta ya!

    EDGAR
    (volviendo a coger a Tigrana de la mano con
    ademán de llevársela con él)
    Entonces, ¡adiós!

    FRANK
    (desenvainando el puñal e interponiéndose
    nuevamente en su camino)
    No... ¡Tú no pasarás!

    EDGAR
    (Volviéndose a Gualtiero y desenvainando
    también él, señalando a Frank)
    ¡Es su deseo!

    GUALTIERO
    (intentando detenerlos)
    ¡Frank!

    FIDELIA
    (intentando detenerlos)
    ¡Edgar!

    EDGAR, FRANK
    ¡Que hable el puñal!

    (luchan)

    FIDELIA
    ¡Edgar!

    GUALTIERO
    ¡Basta!

    CORO
    ¡Horror! ¡Basta!

    FIDELIA
    ¡Hermano!
    ¡Basta, Edgar! ¡Hermano!

    GUALTIERO
    ¡Hijo!
    ¡Basta!
    ¡Basta ya!

    TIGRANA
    (animando a Edgar)
    ¡Venga! ¡Clávaselo!
    ¡Venga! ¡Clávaselo!
    ¡Persíguelo! ¡Persíguelo!
    ¡Clávaselo! ¡Clávaselo!
    ¡Venga! ¡Clávaselo!
    ¡Persíguelo! ¡Venga! ¡Venga!

    CAMPESINOS
    ¡Por piedad!
    ¡Detente! ¡No! ¡No!
    ¡Oh, terror! ¡Qué furor!
    ¿Qué demonio lo empuja?
    ¡Abajo el puñal!
    ¡Por piedad!
    ¡Basta ya!
    ¡Abajo el puñal!
    ¡No! ¡No! ¡No! ¡No!

    (a Tigrana)

    ¡Ah! ¡Cruel! ¡Cállate!
    ¡Oh! ¡Horror! ¡Horror!
    ¡Venga, quitémosles las armas!
    ¡Ah! ¿A qué esperamos?

    (el puñal de Edgar rasguña el pecho de Frank)

    EDGAR
    (a Frank, apartándose)
    ¿Estás herido?

    FRANK
    ¡No! ¡No!

    TIGRANA
    (a Edgar, tirando de él)
    ¡Ven! ¡Huyamos! ¡Está herido!
    ¿Por qué quedarnos?

    FRANK
    (con ira)
    Uno de nosotros
    debe dejarse aquí la vida...

    (hace por ponerse en guardia, pero vacila)

    GUALTIERO
    (precipitándose sobre Frank, arrancándole el arma)
    ¡Dios mío, dame ese arma!

    EDGAR
    (A Tigrana, alejándose rápidamente con ella)
    ¡Vámonos!

    FRANK
    (Haciendo un esfuerzo supremo para seguirla,
    pero le retienen)
    ¡Abyecta criatura!
    ¡Maldición! ¡Maldita seas!

    TODOS
    (a los dos que huyen)
    ¡Maldición! ¡Maldición!

    (Frank cae entre los brazos de Gualtiero, todos los
    rodean; Fidelia corre hacia él, el incendio
    se aviva)

  4. #19
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    9.- ¡Edgar vive! (1)

    O eso dice él en el acto tercero. Pero ¿es verdad? ¿Ha vivido “Edgar” en los escenarios y en los discos después de su largo y difícil parto de más de tres lustros?

    Tras el estreno de la versión definitiva, en 1905, cayó sobre ella un largo silencio. El propio compositor reconocía que “Es un organismo defectuoso desde el punto de vista dramático. Su éxito fue efímero. Compuse algunas páginas meritorias, pero eso no basta”. Pero llegó 1944, año en que se celebraba el vigésimo aniversario de la muerte de Puccini, y la Scala repuso la obra el 24 de diciembre, aunque hubo de hacerlo en su sala provisional del Teatro Lírico de Milán. Cantaron Francesco Merli, Tatiana Menotti, Cloe Elmo (¡una contralto! Por primera vez este papel, pensado para mezzo, deja de ser interpretado por sopranos), Giuseppe Modesti y Luigi Borgonovo, bajo la dirección de Antonino Votto.

    Posteriormente se cantó en Londres (6-4-67), Turín (24-9-71), París (8-6-72), Treviso (8-10-74) y en Nueva York, el 13 abril de 1977, en una versión de concierto en el Carnegie Hall con ¡atención! Carlo Bergonzi, Renata Scotto, Gwendolyn Killebrew, Vicente Sardinero y Mark Munkittrick, dirigidos por Eve Queler.

    Casi se puede decir, por tanto, que fue en la década de los 70 cuando el mundo descubrió que entre la primera ópera de Puccini y la tercera estaba la segunda. ¿Supuso esto un relanzamiento de “Edgar”? ¿Comenzó a ser programada con asiduidad? Pues… No es que desde entonces haya habido todos los días una función de “Edgar” en algún rincón del mundo, pero al menos se ha ido representando de cuando en cuando: Gran Bretaña (1982), Siena (1989), México (1990), Valencia (1998, versión de concierto), Salerno (2000), Avellaneda (2000), Kansas (2001), París (2002), Filadelfia, Torre del Lago y Roma (2004), Barcelona (también en 2004, en versión de concierto, en programa doble con “Le Villi” y con carácter, ambas, de estreno local), Helsinki, Polonia, Maryland (2006). De modo que sí: podemos decir que “Edgar” vive. O al menos, sobrevive.

    Me apresuro a matizar que lo que ha sobrevivido, lo que se ha venido interpretando desde 1905, es la versión superreducida considerada definitiva. ¿Nadie quiso arriesgarse con la original? No, lo que ocurre es que de la música suprimida del acto IV (toda excepto el final, como sabemos) se perdió la partitura, y tan sólo existía una versión para piano. Sin embargo, a comienzos del siglo XXI llega en ayuda de los musicólogos esa peculiar costumbre que tenemos de acordarnos de las cosas cuando se celebra un aniversario redondo. En 2008 va a celebrarse el 150 aniversario del nacimiento de Puccini, y una experta en este autor, Linda B. Fairtile, pone manos a la obra de reconstruir la orquestación original. Es entonces cuando la nieta del compositor, Simonetta Puccini, aparece con la partitura original intacta. ¡La tenía ella! Y se la estuvo guardando mientras pasaban varias generaciones de melómanos privados de oir ese cuarto acto.

    Gracias a ello se pudo montar en 2008 la versión original de “Edgar” con nuestros ya conocidos Cura, Nizzi, Gerteza, Vratogna y Cigni, y los turineses pudieron ver lo mismo que sus tatarabuelos milaneses. Corrijo: pudieron oir casi lo mismo. Lo que vieron fue bastante distinto: la historia ambientada en el Risorgimento, el acto segundo en un burdel en el que clientes y trabajadoras disponen de césped para tenderse y del cual Tigrana es la Madame… En fin: lo que pasa hoy en día con las puestas en escena.

    En todo caso, hay que reconocer que poder presenciar los cuatro actos de “Edgar” fue toda una suerte. ¿Tendrá continuidad esta opción, y se representará a partir de ahora en su integridad? ¿Pasará a ser Edgar I la version definitiva, en detrimento de Edgar IV? Necesitaremos bastante más que los cinco años transcurridos para saberlo, porque tras las funciones turinesas “Edgar” ha vuelto a darnos esquinazo, y, salvo una representación semiprofesional en Valladolid 2010, no puedo dar cuenta de ninguna otra que haya tenido lugar, ni con los tres actos, ni con los cuatro.

  5. #20
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    9.- ¡Edgar vive! (y 2)

    En cuanto a las grabaciones, tenemos casi una veintena. Aquí aparecen casi todas, ordenadas por décadas.
    http://www.esdf-opera.de/komponisten...startseite.htm


    Por ser la primera, mencionaré la de aquella función de Londres de 1967, con cantantes semidesconocidos como Edward Byles, Angela Rubini, Michael Rippon, Doreen Doyle y Graham Nicholls. Orquesta Municipal de Fulham. Director: Joseph Vandernoot.
    Del resto, yo diría que destacan cuatro:

    Tenemos, por un lado, la de 1971 con Veriano Luchetti, Mietta Sighele, Bianca Maria Casoni, Renzo Scorsoni, Alfredo Colella, Orquesta y Coro de la RAI de Turín. Director: Carlo Felice Cillario.

    “D’ogni dolor – Nel villaggio d’Edgar son nata anch’io”. Mietta Sighele

    En alguna página he leído que ésta fue la primera, pero el enlace a esdf-opera.de lo desmiente. Lo que sí parece es haber sido la primera que ha dejado huella.



    A finales de esa década de los 70 llega la mejor, el estudio (Sony) de 1977, con Carlo Bergonzi, Renata Scotto, Vicente Sardinero, Gwendolyn Killebrew y Mark Munkittrick en versión de concierto.

    A los dos primeros los pilla algo entrados en años para interpretar roles de jóvenes, sobre todo a Bergonzi, pero su implicación en sus respectivos papeles, así como una dirección galvanizante de Eve Queler, compensa ampliamente cualquier pequeña objeción que pudiera hacerse.

    Bergonzi y Killebrew en el lánguido y voluptuoso dúo del Acto II entre Edgar y Tigrana



    En 2002 tenemos otro interesante disco (Naïve), en este caso un directo, con Carl Tanner, Julia Varady, Mary Ann McKormick, Dalibor Jenis y Carlo Cigni. Orquesta Nacional de Francia. Director: Yoël Levi.

    “Questo amor, vergogna mia”. Dalibor Jenis


    No nos podemos olvidar de Plácido Domingo, que en 2005, en estudio (Deutsche Grammophon), acometió el último rol tenoril protagonista que le faltaba de Puccini.

    Le acompañan Adriana Damato, Marianne Cornetti, Juan Pons y Rafael Siwek. Orquesta de la Academia de Santa Cecilia. Director: Alberto Veronesi.

    “Orgia, chimera dall’occhio vitreo”. Plácido Domingo


    La relación de la página que he enlazado termina en 2008, pero en 2010 se grabó otro disco a cargo de Pier Giorgio Morando, Marco Berti, Cristina Gallardo-Domas, Rossana Rinaldi y Luca Salsi. Orquesta y Coro del Festival Puccini. Director: Filippo Polinelli. Está disponible en spotify.




    En DVD, contamos con uno de 2004 a cargo de:
    Edgar: Darío Balzanelli
    Fidelia: Montserrat Martí
    Tigrana: Halla Margret
    Frank: Andrea Rola
    Gualtiero: Giovanni Tarasconi.

    Orquesta del Festival Euro Mediterráneo.
    Director: Tamas Pal.

    Este DVD ha recibido muy malas críticas tanto en el aspecto vocal como en el interpretativo.


    Naturalmente, todas estas grabaciones registran la versión en tres actos. Unicamente el DVD de Turín 2008 nos permite ver y oir los cuatro actos.

    El crítico Raymond Tuttle decía de él que podría haber sido mucho peor, pero que probablemente hubiera sido mejor hace cincuenta años. Señala que el squillo de José Cura, con un bigote para asemejar su look al del mismísimo Puccini, está en buena forma, que Amarilli Nizza recuerda físicamente a Freni y vocalmente está entre ésta y Scotto, pero que su interpretación de Fidelia carece de nervio (literalmente: “es como una acuarela cuando uno espera un cuadro al óleo”), que Julia Gertseva se mueve correctamente pero nunca convincentemente, y que Vratogna tiene una bonita voz pero… ¿dónde está el fuego? La dirección de Yoram David tampoco ayuda pues, sin hacer nada mal, se nota que no está enamorado de la obra.

    En resumen: todos más o menos correctos, pero sin chispa.

  6. #21
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    10.- Conclusiones

    “Edgar” fue el único fracaso verdadero de Puccini. Las demás óperas que compuso fueron éxitos bien desde el día del estreno, o bien después. Pero “Edgar” nunca levantó cabeza. Es famosa la anécdota de que el propio Puccini, algo amargado por ello, presentó a su amiga Sybil Seligman una partitura de la ópera en la que consta de su puño y letra: E Dio ti GuARdi da quest’opera!

    Y, musicalmente hablando, no es mala ópera. En “Edgar”, Puccini superó claramente a “Le Villi” en términos de avances armónicos, tratamiento de la orquesta y del coro. También consiguió algún logro en cuanto a exigencias dramáticas, como la primera parte del acto III, donde la escena del funeral fingido es presentada de forma bastante realista, con una conexión lógica entre la música y la acción. Aquí, la imaginación de Puccini podía jugar en abstracto con la idea de la muerte, idea que más adelante inspirará alguno de sus más hermosos momentos (cuarto acto de Manon, final de La Bohème, ejecución de Cavaradossi, suicidio de Liù). No en vano, en “Edgar” se encuentra ya el germen, el anuncio de gran parte de lo que Puccini será después.

    Sin duda, el fallo estuvo en el libreto. Más exactamente, en imponer a Puccini ese libreto. Quizá otro compositor le hubiera sacado mayor partido. El hecho es que Flandes en 1302 no era el ideal de Puccini para llevarlo a escena. Al elegir “La Coupe et les lèvres” como base para “Edgar”, con esa ubicación geográfica e histórica, Fontana demostró no haber comprendido las verdaderas inclinaciones dramáticas del compositor. Pero éste aprendió la lección: a partir de entonces, elegiría él el tema de sus óperas, y sería él quien definiría las estructuras dramáticas de los libretos antes de ponerles música. Fue él quien escogió a Manon como la heroína de su siguiente ópera, pese a los reparos de Ricordi, que no quería jugársela con un tema que ya había explotado Massenet con éxito. El compositor se mantuvo en sus trece. El 1 de febrero de 1893, el Teatro Regio de Turín se venía abajo con los aplausos dedicados a la tercera obra de Puccini. Y empezó la leyenda.

    Final (Escenas 6 y 7 del Acto IV). Cura, Nizza, Gertseva, Vratogna, Cigni y el Coro del Teatro de Turín (2008)

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