Como Beatrice di Tenda, La Straniera no es una ópera frecuentemente representada en el teatro, en nuestros días.
No siempre fue así; tras su estreno en La Scala en 1829 (con Henriette Méric-Lalande, Caroline Ungher, Domenico Reina y Antonio Tamburini), la ópera fue popular en Italia durante más de sesenta años, representándose en Palermo, Bérgamo, Messina, Trieste, Venecia, Bolonia, Roma, Nápoles, .... Incluso llegó a estrenarse en Madrid, el 3 de Diciembre de 1830.
Sin embargo, sufrió el destino de tantas otras obras del periodo y, salvo un par de funciones en La Scala, en 1935, para celebrar el centenario de la muerte de Bellini (con Gina Cigna, Mario Basiola, Francesco Merli...), desapareció de los escenarios desde finales del siglo XIX. Cantantes como Renata Scotto o Montserrat Caballé revivieron la ópera a finales de los años 60, pero nunca ha logrado establecerse definitivamente en el Repertorio.
Henriette Méric-Lalande
El argumento, muy enrevesado, nos presenta a una mujer, Alaide, que vive en Bretaña y oculta su rostro (la Straniera). Arturo, prometido a Isoletta, se obsesiona con la extraña, a pesar de los avisos que recibe de su amigo Valdeburgo.
En realidad, Valdeburgo es el hermano de Alaide, que a su vez es la esposa bígama del Rey de Francia, y vive oculta esperando la muerte de la primera esposa del soberano. Arturo, irritado con Valdeburgo, cree haberlo matado, aunque éste reaparece y el arrepentido Arturo promete cumplir la palabra empeñada, y desposar a Isoletta. Llega la noticia de la muerte de la Reina, y se desvela la verdadera identidad de Alaide. Arturo, desesperado, se arroja sobre su espada para morir.
Como en muchas ocasiones en el melodramma, todas estas vicisitudes son simple excusa para que las emociones de los protagonistas pasen a primer plano, perfiladas y potenciadas por la música que las acompaña.
En el caso de La Straniera, su principal originalidad reside en lo contenido del retrato musical que nos ofrece Bellini, Retratando esas emociones con una gran elegancia, una delicada fragilidad. Con unas melodías de gran vuelo dramático, pero recogidas, íntimas, casi rozando la timidez, y privilegiando los números de conjunto.
Merece mucho la pena acercarse a La Straniera. En mi opinión, esta excelente grabación de Opera Rara:
captura apropiadamente el espíritu de la obra.
Aunque el personaje de Arturo (pensado originalmente para Rubini, que se hizo cargo del rol en 1830, y fue revisado especialmente por Bellini para la ocasión) sea tal vez el más expansivo, sólo le falta un aria de locura, es Alaide quién goza de la música más hermosa y profunda. Como muestra, un botón, con el final de la ópera en la voz de Raina Kabaivanska, la magnífica aria "Or sei pago, o ciel tremendo", con el acompañamiento del coro.




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