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Thread: La vuelta al mundo en doce zarzuelas y un prólogo

          
   
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  1. #1
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    La vuelta al mundo en doce zarzuelas y un prólogo

    EL PRÓLOGO

    La zarzuela es una forma de música teatral, o una forma de teatro en la que algunas de sus partes tienen música. Por tanto, coexisten y alternan la forma hablada con la cantada, sin que haya nada establecido acerca de la amplitud de cada una de estas formas. Existen zarzuelas con mucho texto y poca música, y a la inversa, hay zarzuelas en las que la parte cantada abarca el 75, el 80 por ciento de la obra o más. Podemos considerar como equivalentes suyos el singspiel alemán, la opereta y la opèra-comique francesa o los musicales anglosajones, si bien la zarzuela se identifica claramente como un género español por el idioma, las melodías y estilos, los bailes populares y la ambientación de un buen número de obras.

    Tres elementos son fundamentales para diferenciarla de la ópera:
    a) En primer lugar, la inclusión de partes habladas. En la zarzuela no hay recitativos, ni partes declamadas, ni mucho menos continuum.
    b) La duración. Apenas hay zarzuelas con tres actos. Casi todas tienen uno (y entonces se les conoce como “género chico”) o dos (“zarzuela grande”) Tampoco es fácil que superen las dos horas.
    c) Carácter menos trágico. En pocas zarzuelas se produce una muerte, y menos aún son las que terminan dramáticamente; lo normal es que acaben con la pareja protagonista unida, con la victoria de “los buenos”, etc. Además, muchas incorporan alguna trama o enredo amoroso cómico, que se va desarrollando paralelamente al argumento principal y que sirve para relajar y hacer reír al público.

    Este género hunde sus raíces en la literatura del siglo XVII, el llamado “Siglo de Oro” de las letras españolas. Algunos dramas de Calderón de la Barca y Lope de Vega incluían acotaciones según las cuales determinados pasajes debían interpretarse con acompañamiento musical. Se considera que la primera zarzuela es “El golfo de las sirenas” (1657), de Calderón, quien la definió humildemente con estas palabras: “No es comedia, sino sólo una fábula pequeña en que, a imitación de Italia, se canta y se representa.”

    Esta referencia a Italia orienta sobre la situación musical del país a mediados del siglo XVII. Hacía medio siglo que había surgido la ópera en Italia y ahora estaba en expansión. Pero en España no se aceptó el recitativo. El carácter español lo vio como algo artificioso, forzado: si se habla, se habla; y si se canta, se canta. Esa pugna entre las dos concepciones de la lírica daría como resultado una divergencia entre los caminos de la zarzuela y la ópera, y una menor atención a ésta que en otros países europeos.

    Mientras las ciudades italianas disponían de teatros para representar las óperas, en España los espectáculos teatrales y zarzuelísticos tenían lugar:

    a) O bien en teatros privados de los palacios reales o aristocráticos, y de aquí proviene el término “zarzuela”, ya que las primeras representaciones tuvieron lugar en uno de los teatros del Rey Felipe IV, situado en las afueras de Madrid, en lugar donde abundaban las zarzas.

    b) O bien en las “corralas”: patios de vecindad cerrados que se adaptaban a las representaciones mediante la colocación de un escenario en una zona visible desde cualquiera de los pisos circundantes.

    La pugna entre ópera italianizante y zarzuela continuó durante el siglo XVIII, con épocas en que la primera pareció a punto de absorber estilísticamente a la segunda, pero con la llegada al trono de Carlos III acabó imponiéndose la tradición popular española representada por los sainetes de Ramón de la Cruz, como “Las segadoras de Vallecas”, con música de Rodríguez de Hita.

    El periodo de esplendor de la zarzuela comenzó hacia 1840, con los músicos Francisco Asenjo Barbieri y Emilio Arrieta, fue en aumento conforme se avanzaba en el siglo XIX y llegó a su cénit en las últimas décadas del mismo y las primeras del siglo XX. Aunque la lista de compositores sería muy larga, citaremos como principales a Francisco Alonso, Tomás Bretón, Ruperto Chapí, Federico Chueca, Manuel Fernández Caballero, Federico Moreno Torroba, José Serrano, Pablo Sorozábal o Amadeo Vives.

    En los años 30 del siglo XX la zarzuela inicia su decadencia, arrinconada por otros géneros que le van ganando terreno como la revista, y recibe el golpe de gracia con la guerra civil española (1936-1939), tras la cual la actividad compositiva cesa casi por completo, no hay obras nuevas y apenas si se representan las antiguas.

    Si la afición a la zarzuela ha pervivido a pesar de ello, se debe a las grabaciones discográficas de los años 50 y a algunas producciones televisivas de los 60. A finales de los 70 se reaviva el interés merced a los espectáculos del empresario José Tamayo, la aparición de colecciones en casette y la programación de zarzuelas en televisión y, sobre todo, en radio. En la actualidad, aunque ya no se componen zarzuelas, existe un interés creciente tanto por parte del público como de los intérpretes (incluso extranjeros), favorecido por la programación de zarzuelas en un número cada vez mayor de teatros del país (no sólo Madrid), por la renovación de escenografías y conceptos a la hora de representarlas, y por las nuevas tecnologías que permite su difusión.

    Un ejemplo ilustrativo, de uno de los autores citados: Francisco Asenjo Barbieri




    PALOMA
    Como nací en la calle de la Paloma
    ese nombre me dieron de niña en broma.
    Y como vuelo alegre de calle en calle
    el nombre de Paloma siguen hoy dándome.

    Aunque no tengo el cuello tornasolado
    siempre está mi cabello limpio y rizado.
    Y aunque mi pobre cuerpo no tiene pluma
    siempre está fresco y blanco como la espuma.

    En lo limpita paloma soy,
    y salto y brinco por donde voy.
    Y a mi nombre de Paloma siempre fiel,
    ni tengo garras ni tengo hiel.


    TODOS
    En lo limpita paloma es,
    y salta y brinca con gran placer.
    Y a su nombre de Paloma siempre fiel,
    ni tiene garras ni tiene hiel.


    PALOMA
    Como está mi ventana cerca del cielo
    y por él las palomas tienden el vuelo,
    cuando veo en mis vidrios que el alba asoma
    tender quisiera el vuelo cual las palomas.

    Pero al ver que las venden en el mercado
    y que las pobres mueren en estofado,
    digo mitad en serio, mitad en broma:
    “Hay sus inconvenientes en ser paloma”.

    En lo que arrullo paloma soy,
    que siempre canto por donde voy,
    y a mi nombre de Paloma siempre fiel
    busco un palomo, busco un palomo... ¿Quién será él?


    TODOS
    En lo que arrulla Paloma es,
    y siempre canta con gran placer.
    Y a su nombre de Paloma siempre fiel
    busca un palomo, busca un palomo... ¡Dichoso él!
    Last edited by Schigolch; January 25th, 2012 at 04:28 PM.

  2. #2
    Opera Lively Site Owner / Administrator / Chief Editor Top Contributor Member Luiz Gazzola (Almaviva)'s Avatar
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    Gracias, Loge, esto es muy informativo.
    "J'ai dit qu'il ne suffisait pas d'entendre la musique, mais qu'il fallait encore la voir" (Stravinsky)

  3. #3
    Schigolch
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    Además de los posts que irá presentando Loge, se publica un hilo paralelo con la traducción al inglés.

  4. #4
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    La acción de las zarzuelas no necesariamente tiene lugar en España. Algunos detractores de la zarzuela le reprochan su localismo. Incluso entre amantes de la ópera, que demuestran gran sensibilidad hacia la lírica, se produce algún rechazo por este motivo. Consideran que la zarzuela, además de no tener una calidad musical muy alta, requiere para su disfrute el conocimiento de las coordenadas culturales españolas, mientras que ello no es preciso, o no con tanta profundidad, para amar “Don Carlo” o “Boris Godunov”. Sin embargo, la creciente popularidad fuera de España de partituras como, por ejemplo, “Luisa Fernanda”, refutaría esa opinión.

    Y si bien es cierto que la acción de la mayoría de las zarzuelas transcurre en España, lo mismo podría decirse sobre Francia y la opéra-comique, o Alemania y el singspiel. Pero es que, además, tan cierto como lo anterior lo es la existencia de abundantes zarzuelas ambientadas fuera de España y que tratan temas tan universales como los de la ópera (amor, lucha por la independencia, maternidad, justicia, exilio...) y a menudo de forma más real, más “verista” si se quiere, que aquélla.

    Para demostrarlo, emprendemos este viaje alrededor del mundo, tal como hizo Phileas Fogg, el flemático personaje creado por Julio Verne. Nuestro primer destino es Lisboa. En Madrid cogemos el tren nocturno y llegamos a la capital lusa a primera hora de la mañana.

    Pero algo ha sucedido en el camino porque el viaje no ha sido sólo en el espacio sino también en el tiempo. No sólo hemos recorrido seiscientos kilómetros hacia el Oeste, sino también unos quinientos años hacia atrás. Al salir de la estación, vemos pasar unos soldados con armaduras y arcabuces. Afinando el oído, les oímos comentar que esa misma tarde las Cortes portuguesas están convocadas para elegir Rey, y que la nobleza en bloque es partidaria de la anexión a España, en la que reina Felipe II. Tan sólo el diputado del pueblo, Alves Ferreira, se opone a dicha anexión. En un mesón, un cantor popular, al que llaman “El pájaro azul”, entona la siguiente romanza con aire de fado, y además, cantando parte en portugués:


    Rafael Millán. Fado de “El pájaro azul”, interpretado por Vicente Sardinero (Barítono)
    DivShare File - 01_ Millán_ El pajaro azul_ Fado.mp3

    ESTEBAN
    La, la, la, la, tra, la, la, la.
    Cual ruiseñor canta en libertad
    tu alegre son ella escuchará.

    La, la, la, la, tra, la, la, la.
    Va en la canción
    del alma mía
    la poesía
    que llena el corazón

    Con ella va la melodía
    del triste fado
    de un pecho amante
    ¡La firuli lurilu la!
    que enamorado,
    solo y errante,
    cantará amor y libertad.

    Es mi ilusión
    cantar o meu fadinho
    que a orillas del Miño
    de niño aprendí así:

    Nao se vencer a tentaçao,
    vinho a falarte da minha illusao.
    Ouve ao luar, rir e chorar.
    Saudades e lembranças quero cantar.

    Linda mulher, minha paixao,
    seras rainha de meu coraçao,
    rasgando o ar o meu cantar,
    ous teus brillhantes olhos quero trovar.

    Linda rapariga, eu querote beijar:
    con los cantares que entona
    el trovador popular
    puedo algún día tus besos alcanzar.

    Linda rapariga, eu querote beijar:
    con los cantares que entona
    el trovador popular
    puedo algún día tus besos alcanzar.

    Niña hechicera,
    en este fado va mi pasión
    y aquí te espera
    mi ardiente corazón.

    Ouve ao luar, rir e chorar.
    Saudades e lembranças quero cantar.
    Linda mulher, minha paixao,
    seras rainha de meu coraçao
    rasgando o ar o meu cantar
    ous teus brillhantes olhos quero trovar.


    Esta zarzuela, “El pájaro azul”, muestra a la nobleza portuguesa vendida a los españoles, mientras que la resistencia al invasor corre a cargo del pueblo llano. Hay por en medio unos amores entre el trovador y la hija del diputado, y otra pareja de supuestos amantes que, en realidad, lo que hacen es espiarse uno a otro para suministrar información a sus respectivos bandos. Al final, vencen los españoles pero los rebeldes portugueses son perdonados.

    Esta convulsa situación, en la que los portugueses carecen de rey propio, y la leyenda popular que mantuvo por mucho tiempo la esperanza que el monarca regresaría de su expedición africana (cosa que no hizo, porque cayó muerto en la batalla de Alcazarquivir) sirvió a Donizetti como punto de partida para su ópera “Dom Sebastien”.
    Last edited by Schigolch; January 25th, 2012 at 04:29 PM.

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  6. #5
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    Como el asunto de la anexión ha creado mal ambiente, sobre todo contra los españoles, nos interesa salir cuanto antes hacia América. Para ello, en el siglo XVI, no había otra manera que subirse a un galeón o una carabela. Así que embarcamos en uno de los primeros, y al cabo de meses de navegación, varias tormentas y algunos mareos, arribamos a Cuba.

    Cuba merece un capítulo especial en este recorrido por el mundo, pues no sólo existen zarzuelas ambientadas en diversos lugares de la isla, sino que se trata de auténticas zarzuelas cubanas, con autores, temas y ritmos autóctonos. Esto, como veremos, sucedió también en otras partes de Latinoamérica, e incluso en Filipinas.

    La dominación española y la extensión del castellano por todos esos territorios se tradujo en una influencia en las artes en general y la lírica en particular. Y en ningún sitio fue tan grande y tan fructífera esa influencia, en lo que a la zarzuela se refiere, como en Cuba, debido al fuerte vínculo cultural con la metrópoli y a que fue el país donde durante más tiempo se mantuvo la presencia colonial. Así, mientras el resto de Hispanoamérica ya se había independizado en el primer cuarto del siglo XIX, Cuba no lo hizo hasta 1898 y dado que el periodo de mayor popularidad del género en España se ubica precisamente a finales del siglo XIX y comienzos del XX, es indudable que los colonos gustaban de ver zarzuelas, que las compañías teatrales y de zarzuela siguieron haciendo giras en la isla hasta casi finalizado el siglo, y que todo ello favoreció y moldeó el gusto de los propios cubanos, dando lugar a que en la siguiente generación sugiera un buen número de compositores nativos y se compusieran algunas obras importantes que aún se representan.

    Ahora bien, aun siendo la principal, la influencia española no es la única. La zarzuela cubana debe mucho también a las raíces africanas de su población, que introdujo sus ritmos característicos, y a los franceses emigrados de Haití, cuya aportación fue más palpable en la región oriental de la isla.

    En fecha tan temprana como 1791 ya se estrenaron algunas zarzuelas en Cuba. Pero no es hasta mediados del siglo XIX cuando aparece una pléyade de compositores que producirán zarzuelas cubanas hasta el final del siglo. Los más importantes son José Mauri, Gaspar Villate, y sobre todo, Eduardo Sánchez de Fuentes, autor de óperas, operetas, zarzuelas y ballets.

    En todo ese siglo apenas hubo año en que La Habana careciese de una temporada teatral o músico-teatral. Ni siquiera durante la Guerra de los Diez Años, entre 1868 y 1878, que fue el primer intento de obtener la independencia, dejaron de ir a Cuba las compañías de ópera y de zarzuela. En 1891, La Habana contaba con dos teatros líricos para ópera (el Tacón y el Payret), otros dos de zarzuelas (el Albisu para los peninsulares y el Alhambra, más frecuentado por los criollos) y otro para teatro.

    Con el cambio de siglo, esa primera generación de autores cubanos cede el testigo a otra, también numerosa, que va a desarrollar su labor en los años 20 y 30, y que se benefician de la invención de la radio, que permite difundir y popularizar sus creaciones. Aquí encontramos a Jorge Ankerman, Rodrigo Prats, Eliseo Grenet, y, finalmente, a los dos que sobresalen por encima del resto: Gonzalo Roig y Ernesto Lecuona.

    Lecuona es probablemente el más conocido para los españoles, pues las grabaciones discográficas han difundido aquí tres zarzuelas suyas: “El cafetal”, “Rosa la china”, y “María la O”. Compuso un buen puñado más, generalmente costumbristas, y como mera anécdota mencionaré “La tierra de Venus”, sólo por el hecho de que contiene la famosa canción “Siboney”.

    Pero Roig es el autor de la más importante y la más popular, en Cuba, de las zarzuelas cubanas: “Cecilia Valdés”. Y es de ésta de la que vamos a escuchar un fragmento.

    La acción ocurre a mediados del siglo XIX en la hacienda de un rico colono español cuyo hijo, Leonardo, después de tener como amante a la mulata Cecilia Valdés, se acaba casando con una damisela española. Loca de celos, Cecilia hace asesinar a Leonardo y se recluye en el Hospital de Paula. En esos momentos finales de la obra canta esta conmovedora nana a la hijita que ha tenido de su amante.

    Gonzalo Roig. Final de “Cecilia Valdés”, interpretado por Alina Sánchez (Soprano)
    DivShare File - 02_ Cecilia Valdes.mp3

    CECILIA
    Duerme, hija mía, mi pequeña, duerme...
    Duerme arrullada por mi triste canción.
    Duerme inocente; ten sueño de rosa,
    no escuches las quejas de mi corazón.

    De venturas nido fuiste, corazón,
    y hoy lloras herido por negra traición,
    porque triste y afligido
    lanzas doliente clamor;
    el pobre corazón herido
    por el puñal del dolor.

    No dejes, no, que me aflija
    la infamia del seductor.
    Mira que tengo una hija
    que es la hija del amor,
    que es la hija del amor.

    Tú eres como yo, hija del amor.
    Que no sepas nunca de este cruel dolor.
    Angel divino, mi querubín,
    que no haya en tu camino
    un hombre ruin.

    Que nunca hiera tu corazón
    la garra fiera de la traición.
    Tu sueño alado yo velaré
    y el dolor de tu lado apartaré.
    Y el dolor de tu lado apartaré.

    ¡A reír, corazón!
    ¡A olvidar la traición, corazón!
    Last edited by Schigolch; January 25th, 2012 at 04:30 PM.

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  8. #6
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    De Cuba, sorteando a los piratas del Caribe, pasamos al continente americano en un barco de la naviera que a finales del XIX cubría ese trayecto: la Compañía de Vapores Correos Españoles de las Antillas y Seno Mejicano. El barco podría ser el vapor “Madrid”, más tarde rebautizado “Moctezuma”. Y desembarcamos en México, aunque cuando llegamos nosotros, a finales del siglo XVIII, todavía se llama Nueva España.

    Aquí, la zarzuela autóctona no llega a tener tanta fuerza como en Cuba. En la segunda mitad del siglo XIX surgirán algunos autores, debido, fundamentalmente, a la iniciativa del empresario Manuel Moreno, quien integra una compañía de zarzuela y baile que inaugura su temporada en 1858. Como digo, es a partir de esa fecha cuando comienzan a surgir autores de este género, que alcanza su punto culminante con el cambio de siglo y los nombres de Rafael Tello, Luis Jordá, Pedro Valdés Fraga y Trinidad Moreno. Pero ninguno de estos autores, como tampoco ninguna de sus obras, (“San Crisóforo y anexas”, “Mariposa”, “Los de abajo”, “Soledad”, “Crisantema”) alcanzan el nivel de las zarzuelas cubanas, y por ello, hoy en día raramente se graban o se interpretan.

    Por ese motivo, la obra con la que haremos pie en el gran país mexicano no será una zarzuela autóctona, sino la mejor creación de un español, valenciano para más señas, llamado Manuel Penella. Penella vivió en América Latina durante su juventud desempeñando oficios tan variopintos como músico militar, sastre, torero, pintor, payaso y marinero. Regresó a España, y en 1932 estrenó en Barcelona “Don Gil de Alcalá”, zarzuela que él mismo definió como “de cámara” porque la orquesta es sólo de cuerda. Por azares del destino, Penella murió precisamente en México.

    “Don Gil de Alcalá” es un delicioso enredo amoroso que se desarrolla en Veracruz, al sur de México, a finales del siglo XVIII. De nuevo la protagonista femenina es una mulata huérfana, un personaje muy habitual en el teatro y en la zarzuela de esa zona. Esta se llama Niña Estrella. Siendo ella muy pequeña, murió su madre y desde entonces su crianza y educación han corrido a cargo del Gobernador de Veracruz, quien ve llegada la hora de casarla con don Diego, un viejo noble. Sin embargo, Niña Estrella está enamorada de un joven y guapo soldado llamado Don Gil de Alcalá, que conoció en un viaje a Yucatán. El carruaje en la que viajan el Gobernador y don Diego es asaltado por unos bandoleros, pero al rescate acude muy oportunamente un intrépido militar, que no es otro que don Gil, acompañado de su inseparable amigo, el sargento Carrasquilla. Para celebrar el heroico salvamento, el Gobernador organiza una fiesta durante la cual se entona un himno al jerez y se canta una famosa habanera. Don Gil aprovecha el ambiente festivo para cortejar a Niña Estrella y Carrasquilla, para desplumar a don Diego jugando a las cartas.

    Pero don Diego, que está con mil ojos, se da cuenta de que el joven capitán constituye un rival amoroso. Inicia pesquisas y descubre que don Gil es un impostor: ni es capitán ni es nada, y además, el asalto al carruaje fue simulado y para demostrarlo comparecen los supuestos bandoleros, que habían sido contratados por don Gil, y que declaran contra él porque ni siquiera les ha pagado. Ante tamaña vileza, el Gobernador, indignado, lo sentencia a ir a la frontera a luchar contra los peligrosos indios zacatecas que se han rebelado, lo que es como enviarlo a una muerte segura.

    Cuando todo parece perdido, un criado escucha cómo el Gobernador confiesa ante el Padre Magistral que tuvo un hijo ilegítimo con una lavandera madrileña. Sabe que la madre murió pero al niño le ha perdido la pista. Esta información llega a Don Gil, quien, al despedirse del Gobernador para ir a la guerra, la utiliza hábilmente dejando caer sutiles referencias a su niñez sin madre y a otros detalles que milagrosamente coinciden con la confesión. El Gobernador cae en el engaño: reconoce a Don Gil como el hijo perdido, le levanta el castigo y le ofrece la mano de Niña Estrella.

    Escucharemos la confesión del Gobernador ante el Magistral, que se queda pasmado ante lo que está oyendo. Y he elegido este número porque se trata de un dúo de bajos, lo que no es muy frecuente en la lírica. Además, son dos bajos bufos, que recuerdan mucho con sus intrigas y conspiraciones a los personajes de Don Bartolo y Don Basilio, de “El barbero de Sevilla”.

    Manuel Penella. Dúo de la confesión de “Don Gil de Alcalá”, interpretado por Rafael Campos y Carlos Luque
    DivShare File - 03_ Penella_ Don Gil de Alcalá_ Venid_ p.mp3

    GOBERNADOR
    Venid, Padre Magistral,
    que a solas tengo que hablaros.

    MAGISTRAL
    Me asusta Vuestra Excelencia.
    ¿Qué ocurre? ¡Decid!

    GOBERNADOR
    ¡Chist! Un secreto de mi vida
    que ahora quiero revelaros.

    MAGISTRAL
    ¿Tal vez una confesión?

    GOBERNADOR
    Sí, tal.

    MAGISTRAL
    Hace tiempo la esperaba.

    GOBENADOR
    ¿Vos?

    MAGISTRAL
    Sí, Excelencia.
    Mil veces atormentado
    os vi por vuestra conciencia.

    GOBERNADOR
    Decís bien. No puedo más.

    MAGISTRAL
    Al punto confesad.

    GOBERNADOR
    Pues sentaos y escuchad.

    (El Magistral se sienta solemnemente. El Gobernador se arrodilla y le besa la mano)

    GOBERNADOR
    Yo me acuso de que he tenido un hijo
    que hoy vive abandonado.

    MAGISTRAL
    ¿Qué decís, señor Gobernador?
    ¡Un hijo del pecado!

    GOBERNADOR
    Un hijo natural. Un hijo del amor...

    MAGISTRAL
    Lo estáis estropeando, señor Gobernador.
    ¡Un hijo!

    GOBERNADOR
    Yo no quería.

    MAGISTRAL
    Ya lo estoy viendo.

    GOBERNADOR
    Ni ella tampoco.

    MAGISTRAL
    ¡Pues no lo entiendo!

    GOBERNADOR
    ¡Ah! Y abandoné a aquella pobre mujer,
    de la que ya nunca he vuelto a saber.

    MAGISTRAL
    ¿Una dama principal?

    GOBERNADOR
    No tal. Fue una lavanderita.

    MAGISTRAL
    ¡¡Con una lavandera!!

    GOBERNADOR
    Si es que era muy bonita.

    MAGISTRAL
    ¡Aunque una Venus fuera!
    Debísteis respetar su angelical virtud.

    GOBERNADOR
    ¡Cualquiera piensa en eso
    en plena juventud!
    Yo tenía veintiún años
    y ella sólo dieciséis.

    MAGISTRAL
    ¡Horror!

    GOBERNADOR
    ¿Qué hubiérais hecho en mi caso?

    (El Magistral se pone en pie)

    MAGISTRAL
    ¡Pensad lo que dicho habéis!

    GOBERNADOR
    ¡Perdón!

    MAGISTRAL
    Decidme, ¿y fue en la Corte?

    GOBERNADOR
    Sí, fue en Madrid.

    MAGISTRAL
    ¡Tierra maldita de todos los pecados!

    GOBERNADOR
    Fue en Madrid,
    una mañana del mes de abril.
    ¡Fue en Madrid...!

    MAGISTRAL
    ¡Ya es demasiada vuestra exaltación!

    GOBERNADOR
    ¡Fue en Madrid!

    MAGISTRAL
    Ya me he enterado.

    GOBERNADOR
    Dadme el perdón.

    MAGISTRAL
    ¿Os arrepentís?

    GOBERNADOR
    Sí, padre.

    MAGISTRAL
    ¿Y ella aún vive?

    GOBERNADOR
    Tal vez no.

    MAGISTRAL
    Que Dios la haya perdonado,
    como ahora os perdono yo.

    (Se levanta y le bendice)

    GOBERNADOR
    ¡Fue en Madrid!

    MAGISTRAL
    Mi absolución.

    GOBERNADOR
    ¡Fue en Madrid!

    MAGISTRAL
    Con mi perdón.

    GOBERNADOR
    ¡Fue en Madrid!

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    Aprovechando que ahora el Gobernador está contento, le pedimos prestados unos caballos con los que vamos a cambiar de hemisferio, pasando por América Central, Colombia, y Perú, hasta llegar a Chile. Aquí nos encontramos con un estrafalario grupo humano que anda buscando al capitán Grant y su tesoro. Es la expedición formada por Mochila, Soledad, Escolástico, Sir Clayron, Miss Ketty y el doctor Mirabel, los personajes a los que su creador, Miguel Ramos Carrión, lleva de aquí para allá, haciéndolos subir a los Andes, bajar al fondo del Mar del Coral, pasar por un pelotón de fusilamiento, un terromoto, etc.

    Confiando en la interpretación que Mochila ha hecho de un fragmentario mensaje encontrado en el interior de un besugo, los expedicionarios llegan a la ciudad chilena de Talcahuano, donde la gente está celebrando la independencia del país y un coro de fumadoras canta: “Si es en el hombre un vicio el de fumar, en la mujer es gracia particular.” Tras el coro, los chilenos se lanzan a una zamacueca, un baile folklórico de la zona, que también podemos escuchar. (A la letra del baile, mejor no intentar encontrarle mucho sentido)


    Manuel Fernández-Caballero. Coro de fumadoras y zamacueca de “Los sobrinos del Capitán Grant”, interpretado por el Coro Cantores de Madrid
    DivShare File - 04_ Fdez-Caballero_ Sobrinos Capitán Gra.mp3

    FUMADORAS
    Si es en el hombre un vicio el de fumar,
    en la mujer es gracia particular.
    Y con un cigarrito, ¡válgame Dios, válgame Dios!
    cada mujer chilena, cada mujer, vale por dos.

    Cuando a los aires el humo sube
    parece hermosa, y flotante nube.
    Y si el tabaco tiene poder,
    se siente un mareíto, ¡ay!, que da placer.


    CORO
    Oigan las guitarras, vienen hacia acá.
    Todas las chilenas vamos a bailar.

    Vaya una colilla de la alegre cueca,
    de la sanguaraña o la zamacueca
    ¡Hagan todos corro, échense hacia allá!
    El bonito baile dé principio ya.

    Mi corazón a tus pies, lo ves y no lo levantas.
    ¡Samba que le da!
    Mi corazón a tus pies, lo ves y no lo levantas.
    ¡Samba que le da!
    Pobrecito corazón, qué de desprecios aguantas.
    ¡Samba que le da!
    Pobrecito corazón, qué de desprecios aguantas.
    ¡Samba que le da!
    ¿Qué es esto de mamá Chunga,
    que viene con su matraca,
    que si ella me dice triqui
    yo le digo triqui-traca?
    ¿Qué es esto de mamá Chunga,
    que viene con su matraca,
    que si ella me dice triqui
    yo le digo triqui-traca?
    ¡Torero, ja, ja!
    Dale aire a tu cuerpo y acércate acá.
    ¡Que le da, que le da, que le da!
    ¡Samba que le da!


    En lo referente a la zarzuela autóctona, el caso chileno se asemeja más a México que a Cuba. Es decir, hubo afición por el género pero no una gran producción patria, ni en cantidad ni en calidad. El escritor chileno y doctor en Filología Hispánica Manuel Peña Muñoz, en su libro “La España que viví”, casi nos hace vivir ese ambiente, incluyendo algunas anécdotas. De ese libro proceden estos extractos:

    “En Chile, la zarzuela tuvo adeptos inmediatamente. No solamente entre el público, sino también entre algunos autores que se sintieron tentados a escribir algunas que lamentablemente no quedaron en el repertorio ni fueron muy famosas. Si bien es cierto que algunas se representaron por cantantes chilenos, las que más gustaban eran las interpretadas por españoles. Y es así que las compañías venían especialmente a representar sus obras a nuestros escenarios. Venían en vapores con todos los baúles repletos de vestuarios y telones pintados, más la profusa utilería de tantos títulos.

    Copiapó e Iquique fueron las ciudades que recibieron con los brazos abiertos a estas compañías portadoras de todo el repertorio clásico. El teatro de la Victoria de Valparaíso conoció célebres temporadas muy aplaudidas por la colonia residente, ávida de nostalgia y ecos patrios. De pronto, la zarzuela arraigó en la sensibilidad nacional y se organizaron compañías chilenas estables con todo el repertorio español que realizaron giras triunfales por los barrocos teatros de Chile.

    Esta efervescencia por el género dio como resultado en Chile la producción de zarzuelas chilenas, entre ellas “El pasaporte”, la primera zarzuela nacional original de Alberto Blest Gana, escrita en 1865. Los autores chilenos intentaron copiar el lenguaje zarzuelero y escribir argumentos basados en acontecimientos históricos con personajes criollos. Así, nace la zarzuela “Una victoria a tiempo” de Eustaquio Segundo Guzmán, ambientada en la Guerra del Pacífico, “Ir por lana” de Alfredo Irarrázabal Zañartu, o “La redención de Chile” con música del maestro Guajardo.

    También hubo temporadas de zarzuela cómica en el Teatro Romea de Santiago con réplicas humorísticas y satíricas a la zarzuela española, estrenándose “La Gran Vía Mapocho” (1895) y “La Gran Avenida” (1897). Ambas eran parodias de la zarzuela madrileña “La Gran Vía”.

    Todas estas obras no dejaron mayor recuerdo, pero dan cuenta de la zarzuelización del ambiente nacional, proceso que llegó al apogeo en 1900, estrenándose numerosas zarzuelas en Iquique, Santiago y Valparaíso.”

    Por otro lado, otro escritor, Juan Andrés Piña, autor del libro “Historia del teatro en Chile. 1890-1940”) decía en una entrevista que como el Canal de Panamá no se abrió hasta 1917, las compañías de zarzuela que iban desde Buenos Aires a Lima tenían que dar la vuelta por el Cabo de Hornos y pasar obligadamente por Valparaíso, donde se quedaban mucho tiempo. Ese movimiento cultural ayudó mucho a la identidad nacional, pues aunque fueran autores y zarzuelas españoles, dieron origen a algo que podríamos llamar "lo chileno", algo que tenia que ver con las maneras de hablar de la gente, con ciertos personajes típicos, vestimentas y conflictos sociales que se estaban produciendo en el momento. Con la zarzuela, el teatro empezó a ser masivo y a constituirse en un fenómeno de identificación con cosas que le devolvían a la gente la imagen de sí misma.

  10. #8
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    Desde Chile, los sobrinos del capitán Grant podrían traladarnos a Australia en su barco, el “Escocia”, pero preferimos subir al “Irlanda”, que es el navío que pierde el doctor Mirabel, y que nos lleva a Filipinas, donde sí que tiene la zarzuela unas características peculiares y me parece indicado detenernos un poco a examinarlas.

    Como en todos los casos, la zarzuela llegó a Filipinas de la mano de compañías de teatro españolas que representaban allí obras ya conocidas en la metropóli. Las primeras en llegar a Filipinas fueron “Jugar con fuego” y “El barberillo de Lavapiés”, ambas del compositor Francisco Asenjo Barbieri. Estas obras fueron tan del gusto de la población autóctona, que los actores y cantantes españoles no tardaron en ser reemplazados por filipinos. Con el tiempo, también aparecieron libretistas y compositores patrios decididos a cultivar el género. Dos ejemplos son Práxedes “Yeyeng” Fernández y José Rizal (héroe nacional, autor de “Junto al Pasig”), que se hicieron tan populares como sus homólogos españoles.

    Pero las zarzuelas filipinas, allí llamadas sarswelas, tienen dos elementos muy característicos que las diferencian claramente de las españolas. En primer lugar, el idioma. Las zarzuelas filipinas no son en español. Pero tampoco en inglés, sino en sus lenguas vernáculas: tagalo, pampangueño, ilocano, cebuano, panayano y samareño. Algunas zarzuelas en tagalo se grabaron para el cine y son, por ello, las más populares.

    El segundo elemento caracterizador es su espíritu patriótico e independentista, llegando a convertirse en un vehículo de resistencia y agitación, al estilo de las obras patrióticas de Verdi, de tal modo que se llega a hablar de “zarzuela sediciosa”. Y cuando no es independentista, la zarzuela filipina es social y revolucionaria.

    En manos de los escritores y libretistas nacionalistas (por ejemplo, Severino Reyes) las primeras zarzuelas filipinas, desde 1878 hasta el final del siglo, fueron antiespañolas y antirreligiosas. Se identificaba la religión con lo español. Pero con la afirmación de la soberanía estadounidense en las islas desde 1898 hasta 1946, el género evolucionó hacia el antiamericanismo, la independencia y el socialismo. Como ejemplo, un título cristalino en cuanto a las intenciones de la obra: “Pobres y ricos”, de Isabelo de los Reyes, que trata de las condiciones de vida y trabajo de los obreros. Otro caso sería “Bagong Cristo” (“Nuevo Cristo”), de Aurelio Tolentino, que concluye con una manifestación de obreros y campesinos, el primero de mayo. Nada parecido se ha visto nunca en una zarzuela española.

    Como consecuencia de todo ello, a primeros de siglo eran habituales las redadas en los teatros donde se representaban zarzuelas, y los arrestos incluían a los elencos completos, director, manager, técnicos de luz, de decorados... En una ocasión, en la región de Ilocos, se llevaron a Comisaría a todo el público, la audiencia al completo. En 1903 hubo redadas en cinco representaciones. Los títulos de algunas de las obras eran realmente sediciosos: “Cadenas doradas”, “Libertad no alcanzada”, “Promesa incumplida”. La sarswuela que acabó con todo el público entre rejas fue “Ang Katipunan”, que no sé lo que significa, pero tiene que ser algo grave. En otra ocasión, unos veinte soldados americanos saltaron al escenario donde se estaba representando una zarzuela de Tolentino y destrozaron los decorados y el mobiliario.

    Un ejemplo de zarzuela independentista (y como es un ejemplo temprano los enemigos son los españoles), lo encontramos en “Walang Sugat”, que significa “No herido”. El autor de la música es Fulgencio Tolentino y el del libreto Severino Reyes, conocido como “El padre de la zarzuela tagala”, a quien esta obra le costó una temporada en prisión.

    El argumento es bastante simple: Tenyong, que es el héroe de la historia, abandona a su novia Julia para unirse a los independentistas filipinos que luchan contra la ocupación española. Durante su ausencia, Julia es presionada día sí, día también, por su madre para que se case con el acaudalado Miguel. Como pasa el tiempo y no hay noticias del héroe, Julia acaba por ceder al deseo de la madre. Tenyong, cómo no, aparece precisamente el día de la boda y con una artimaña consigue evitar el enlace. Durante la obra salen a relucir las injusticias de los dominadores hacia la población indígena, y la opresión y crueldad de los curas españoles para con los prisioneros filipinos.

    En el audio que podemos escuchar a continuación se capta uno de esos momentos de ardor nacionalista. Procede de una representación en directo, en el Ateneo de la Universidad de Manila y capta el momento en el que los patriotas filipinos se van sumando, uno a uno, a la insurrección contra los españoles. Todos los personajes van avanzando lenta y ardorosamente hacia la parte delantera del escenario, mientras uno de ellos agita una bandera roja. Nadie que haya visto el musical “Los miserables” puede olvidar el emocionante final del Acto I; pues bien, esta escena es casi calcada.


    Fulgencio Tolentino. Escena y coro de “Walang Sugat”. Ateneo de la Universidad de Manila
    DivShare File - 05a_ Tolentino_ Walang Sugat 1_ Coro.mp3


    Como quizá nos haya sabido a poco y hoy por hoy no hay demasiadas ocasiones de oir zarzuela filipina, añado un segundo fragmento, donde el tenor pronuncia una plegaria, bien para obtener ayuda divina en su lucha independentista, bien para recuperar el amor de Julia, o, lo que es más probable, para ambas cosas.

    Fulgencio Tolentino. Romanza de “Walang Sugat”. Ateneo de la Universidad de Manila
    DivShare File - 05b_ Tolentino_ Walang Sugat 2_ Romanza d.mp3

    Por desgracia, no dispongo de los textos de esta sarswela.

  11. #9
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    Tras nuestra estancia en Filipinas, algo más prolongada de lo normal, tomamos por última vez un barco, que nos lleva a la India. Gran parte del país está bajo dominación británica, y aquí es donde podríamos cruzarnos con Míster Fogg, que está dando la vuelta al mundo en sentido contrario al nuestro. Y al igual que él lo hace manteniéndose siempre que puede dentro de los límites del imperio británico, nosotros sólo hemos transitado hasta ahora por países que, en un momento u otro, formaron parte del imperio español.

    Además de Míster Fogg tenemos en la India a dos grupos de españoles, con objetivos a cuál más raro. Por un lado, los personajes de “El niño judío” andan buscando a un rajá que creen es el padre de uno de ellos.

    Por otro, tenemos a los de “El trust de los tenorios”, zarzuela con tintes de revista de José Serrano. El “trust” es un club madrileño integrado por galanes, cuyo “fin social” es conquistar al mayor número posible de mujeres. Uno de ellos, Saboya, está a punto de ser expulsado. Sólo podrá evitarlo si seduce a la primera mujer que pase bajo el balcón de la sede. La mala suerte hace que esa mujer sea Isabel, la esposa del Presidente del trust, el señor Cabrera. Para alejarla del seductor, Cabrera emprende con su mujer (que desconoce el motivo de tanto traslado) un viaje que les lleva por París, Venecia, y que culmina en la India. En París, el matrimonio se encuentra con un viejo amigo, el pintor Arturo, que desde ese momento les acompaña y les ayuda en la fuga. Al final, cuando Isabel se entera de que está siendo objeto de una competición entre su marido y Saboya, acaba yéndose con Arturo.

    De esta zarzuela apenas se conocía otra cosa que su famosa jota, pero en octubre de 2011 se representó en Madrid, y ello nos ha permitido conocer los demás números musicales, como, por ejemplo, esta invocación y danza oriental que tiene lugar casi al final, cuando Saboya pide ayuda a una sacerdotisa india para localizar a Isabel.


    José Serrano. Invocación y danza oriental de “El trust de los tenorios”, interpretada por Graciela Moncloa y el Coro del Teatro de la Zarzuela de Madrid
    DivShare File - 06_ Serrano_ El trust de los tenorios_ In.mp3

    RAMA-KANA
    ¡Oh, vírgenes del bosque sagrado de Osarid!
    Vuestra presencia invoco. ¡Llegad! ¡Venid!
    Del amor la blanca llama al dios se encenderá.
    ¡Oh, vírgenes del bosque! ¡Venid, llegad!

    CORO
    Por tu conjuro mágico aquí nos tienes ya.

    RAMA-KANA
    Es preciso saber la fortuna
    que tendrá ese mortal en amor.
    Hable pronto la lengua de fuego.
    ¡Cantad y bailad ante el dios!

    (Comienza el baile. La doncella de al lado de Saboya se pone en pie)

    INDIA
    En esa llama blanca que el viento mueve, que el viento mueve,
    la suerte de tu sino leerás en breve, leerás en breve.
    Venid, venid. Mirad, mirad.
    Ya la llama su luz derrama,
    y a quien bien ama da su azul claridad.
    Da su azul claridad.

    CORO
    La suerte de tu sino leerás en breve, leerás en breve.

    INDIA
    Al fin tu sueño ha de ser hermosa realidad.

    CORO
    Ya en la llama se ve lo que el dios te dirá.

    INDIA
    Ya en la llama se ve lo que el dios te dirá.
    Ya se extingue su luz. Ya apagándose va.

    TODAS
    Ya se extingue su luz.

    INDIA
    Ya apagándose va.

    TODAS
    Baildad, hijas de Thanis, danzas graciosas, danzas graciosas.

    INDIA
    Que caiga sobre el ara lluvia de rosas.

    TODAS
    ¡Danzad! Ya se escucha su voz.
    Su amor tuyo será. Su amor tuyo será.

    INDIA
    Ya se escucha su voz.
    Su amor tuyo será.

    TODAS
    Ya se escucha su voz.
    Su amor tuyo será. Su amor tuyo será.
    ¡Tu sueño al fin es realidad!

  12. #10
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    Para no ser menos que Míster Fogg, cruzamos la India a lomos de elefante, pero cuando llegamos a Nueva Delhi nos subimos a un tren y llegamos, pasando mucho calor, a Damasco, la esplendorosa capital del califato Omeya.

    Justo a tiempo para asistir a los esfuerzos por conseguir justicia de la hermosa Zobeida, que está tratando de cobrar una deuda para salir de la miseria. Pero ni el médico deudor accede a pagarla, ni el Cadí ni el Gran Visir acceden a hacerle justicia, si no es a cambio de favores sexuales, que ella rechaza porque es fiel a su marido. Suerte que el Califa en persona tiene la costumbre de peregrinar disfrazado por el país y, habiendo sido testigo de la depravación del médico y de los dos funcionarios, los despoja de sus bienes y liquida la deuda del marido de Zobeida.

    Se trata de la obra del maestro Pablo Luna “El asombro de Damasco”, que ya el día de su estreno cosechó uno de los mayores éxitos que tuvo nunca una zarzuela, hasta el punto de que en dos meses y medio se hicieron cien representaciones y se tradujo enseguida al inglés. La mayor parte de ese éxito se debió al bellísimo dúo que vamos a escuchar, entre Zobeida y el Gran Visir Nhuredin, quien empieza dándole muchas esperanzas pero cuando ella se niega a sus requerimientos acaba quitándosela de encima con un terrible “Que Alá te haga justicia. Yo nada puedo hacer”.

    Pablo Luna. Dúo de Nuredhin y Zobeida de “El asombro de Damasco”, interpretado por Manuel Ausensi y Toñy Rosado
    DivShare File - 07_ El asombro de Damasco.mp3

    NUREDHIN
    Esto que pides aquí
    y que esperas de mí,
    alcanzar vas al punto.
    Pues mi poder se humilló
    y quien manda eres tú,
    y el esclavo soy yo.
    No, no me puedo negar
    que mirarte y cegar
    cosa fue de un instante.
    Haz lo que quieras de mí
    que eres, más que mujer,
    una mágica hurí.

    ZOBEIDA
    Basta, señor, por piedad;
    no encendáis mi rubor.
    Sed clemente y pensad
    en mi honor.

    NUREDHIN
    Ven a mis brazos, mujer.
    Ven a mí sin temor
    que mi dueña has de ser
    y por ti a enloquecer
    voy, sultana, de amor.

    ZOBEIDA
    ¡Amor! ¡No es posible, no es creíble,
    por Alá!

    NUREDHIN
    No te alejes, no me dejes.
    Ven acá.

    ZOBEIDA
    ¡Amor! Por mi vida, yo lo juro:
    no será.

    NUREDHIN
    ¡No te alejes, no me dejes!
    Ven acá.
    ¿Qué quieres porque amantes
    me miren esos ojos?
    ¿Qué pides, di, sultana,
    a cambio de tu amor?
    Exige, sin que pongas
    barrera a tus antojos,
    que aquí soy el esclavo
    y tú eres el señor.

    ZOBEIDA
    Imposible. Soy casada
    y jamás accederé.
    Ni por nadie, ni por nada,
    a mi esposo faltaré.

    NUREDHIN
    ¿De modo que te niegas?

    ZOBEIDA
    Me niego, Gran Visir.
    Mejor que tal vergüenza
    mil veces es morir.

    NUREDHIN
    Pues bien, ya que resistes
    a mi pasión, cruel,
    ¡que Alá te haga justicia!
    Yo nada puedo hacer.

    ZOBEIDA
    ¡Señor! ¡Señor! ¡Tened piedad!
    ¡Por Alá os lo ruego!
    ¡Oh, qué destino cruel!
    La justicia que busco
    no la espero ya de él.
    Todos quieren faltar
    sin reparo, a mi honor.
    Y si me han de escuchar
    he de darles mi amor.
    ¡Piedad! ¡Piedad, señor!

  13. #11
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    En Damasco nos unimos a una caravana de comerciantes que va hacia el Norte. Rodeamos el Mar Negro por su parte oriental, y nos paramos a descansar en una posada de un pueblo al sur de Ucrania, que hoy en día es un país independiente pero que en la fecha de nuestro paso todavía es territorio ruso.

    Hemos llegado en las turbulentas fechas inmediatamente posteriores a la Revolución de Octubre. En la posada se presenta el príncipe Sergio, único miembro de la familia imperial que no ha sido capturado por los soviets. Como todos los presentes son partidarios del zar, se ofrecen a socorrerle, pero él les hace desistir advirtiéndoles del peligro que corren, pues se ha puesto precio a su cabeza. En cambio, pide que ayuden a la joven que le acompaña, Katiuska, con la que se encontró en la confusión de la huida. El príncipe se va y al poco aparece el comisario del soviet de Kiev, Pedro Stakoff, que tiene dos misiones: prender al príncipe y cobrar los tributos a los campesinos. Stakoff se presenta con algunos soldados, a los que se enfrenta y acaba echando de la posada para impedir que violen a Katiuska, y ésta a su vez salva a Stakoff de ser linchado por los aldeanos que no quieren pagar, escondiéndolo en su habitación.

    Pasado el peligro, todos se retiran a descansar, y entonces se produce el final del Acto I que vamos a escuchar. Empieza con un sexteto en el que, por un lado, varios huéspedes planean escapar a París, y por otro, algunos que han descubierto que Katiuska esconde a un hombre en su cuarto, le lanzan indirectas sobre lo bien que lo va a pasar esa noche. Cuando todos se han ido por fin, Stakoff sale del cuarto y huye, mientras Katiuska, que se ha quedado a solas, invoca a la luna y a las estrellas para que no brillen, favoreciendo con ello la fuga del comisario, de quien ya está enamorada.


    Pablo Sorozábal. Final del Acto I de “Katiuska”, interpretado por Pilar Lorengar y Renato Cesari en los dos personajes principales.

    DivShare File - 07 El reloj de las diez ya dio.mp3

    MISKA
    (Con intención)
    El reloj las diez ya dio,
    vámonos a descansar.
    Katiuska se fatigó
    y se debe pronto ir a acostar.

    TODOS
    (Menos Katiuska)
    Katiuska se fatigó
    y se debe pronto ir a acostar.

    KATIUSKA
    (Mirando con instintivo temor a la puerta del cuarto donde ha escondido a Pedro Stakoff)
    ¿Yo acostarme?

    MISKA
    (Con insidia)
    Sí, mujer.

    KATIUSKA
    ¿Yo acostarme?

    MISKA
    Es mejor

    TODOS
    Que esta noche, ya verás
    si es el dueño dulce, encantador.

    BRUNO
    (Aparte, a Olga)
    En cuanto se duerman te aviso
    y a París nos vamos.

    OLGA
    Puede ser que sí.

    PICH
    (Aparte)
    Bruno Brunovich es muy listo,
    pero mucho más es Amadeo Pich.

    BONI
    (Sale con luces, que reparte)
    Ya las luces preparé.
    Vámonos a descansar.

    OLGA, TATIANA y MISKA
    (A Katiuska)
    Vamos, niña, acuéstate.
    Que hoy el sueño te va a entusiasmar.

    TODOS
    Vamos, niña, acuéstate.
    Que hoy el sueño te va a entusiasmar.

    KATIUSKA
    Buenas noches.

    MISKA
    Ve con Dios.

    KATIUSKA
    Buenas noches.

    TODOS
    Descansar.
    Que esta noche, ya verás
    si es el sueño un sueño encantador.

    KATIUSKA
    Buenas noches.

    TODOS
    Buenas noches.

    BONI
    (Aparte, a Olga)
    Ya es la hora.

    OLGA
    Ya lo sé.

    (Han ido saliendo todos con sus luces, menos Miska)

    KATIUSKA
    Estoy temblando, pero he de entrar.

    (Va al cuarto. En el mismo instante Stakoff salta por la ventana que da a la escena. La puerta del cuarto está cerrada. Stakoff la abre y canta ante ella con emoción.)

    PEDRO STAKOFF
    Mujercita que amante nos espera
    impaciente si tardamos en llegar.
    Esos son mis ensueños de quimera
    y en la vida no los pude realizar.
    Katiuska, duerme.
    Katiuska, para soñar.
    Yo en el alma ya me llevo tu recuerdo...
    Tu recuerdo que no podré olvidar.

    (Stakoff va a salir por la puerta de la posada, pero apenas la abre suenan unos disparos. Vuelve atrás y, después de unos segundos de indecisión, salta por la ventana. Katiuska, que ha observado esta acción, sale de su cuarto, se dirige a la ventana por donde Pedro ha huido, y canta emocionada)

    KATIUSKA
    ¡Luna! Luna, esconde tras el velo
    de una nube tu resplandor.
    Estrellitas que esmaltáis el claro cielo,
    guiadle bien con vuestro fulgor.
    Apague suave la brisa
    de sus pasos todo rumor
    y que escape lejos y aprisa...
    muy aprisa, ¡porque es mi amor!

    (Se oyen dos tiros fuera. Katiuska da un grito y cae de rodillas bajo el icono.)



    En el Acto II se descubre que Katiuska es hija de la zarina. Stakoff, que ha logrado apresar al príncipe y a algunos de sus leales, se ve en el dilema de cumplir con su deber y entregar al príncipe al soviet, o ceder a las peticiones clemencia de Katiuska. Finalmente, decide por él el alto comisario del pueblo, quien deja partir a los prisioneros (menos al príncipe, que será juzgado) y permite a Katiuska elegir entre abandonar Rusia como un miembro de la familia imperial, o quedarse en su patria como una mujer del pueblo. Katiuska opta por esto último, y se queda con su amado Stakoff.

  14. #12
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    Llegados a Europa, tendríamos muchas posibilidades de viajar de zarzuela en zarzuela. Podríamos ir a Noruega (“El anillo de hierro”), Inglaterra (“La generala”), Holanda (“Molinos de viento”), Bretaña (“La tempestad”), Nápoles (“La canción del olvido”), etc. Pero un rico terrateniente ucraniano nos saca de la Rusia revolucionaria en su automóvil De Dion-Button recién estrenado, y nos lleva a Hungría, que también es escenario de una zarzuela.

    Se titula “Romanza húngara”, y su autor es Joan Dotrás Vila. La acción transcurre en la puzsta (llanura) húngara, al Este del país, más o menos en la misma época que “Katiuska”, es decir, a principios del siglo XX. Es una historia de amores difíciles entre Marielsa, una joven húngara, e Itsvan, un criador de potros que se gana la vida yendo de pueblo en pueblo.

    Los más adentrados en el repertorio zarzuelero quizá conozcan la romanza de Itsván. Pero, para que podamos difrutar de algo más infrecuente, voy a presentar el dúo “No esperes, no”, en el que Marielsa recrimina a Itsvan porque le han visto con otra, y éste le contesta que no espere que le dé explicaciones. Vamos a escuchar este dúo en una grabación realizada en Barcelona en 1937, con Marcos Redondo y María Teresa Planas.

    Joan Dotrás Vila. Dúo de “Romanza húngara”, interpretado por Marcos Redondo y María Teresa Planas.
    DivShare File - 09_ Dotrás Vila_ Romanza hungara_ Dúo _.mp3

    ITSVAN
    No esperes que te diga,
    no esperes, no,
    el nombre de la moza
    que me hechizó.
    Su nombre y su morada,
    no esperes, no,
    que diga hasta el momento
    que quiera yo.

    MARIELSA
    No quiero preguntarte
    quién es esa mujer,
    aunque me gustaría
    saber quién pueda ser.
    No espero, no;
    no espero, no,
    que digas el secreto
    de quién te enamoró.

    ITSVAN
    Como tú, en la luz de sus ojos
    lleva siempre la pasión;
    fiel cristal, su mirar sin enojos
    sabe dar paz a mi corazón.
    Su bondad ideal,
    a la tuya es igual,
    la emoción de su voz
    me recuerda a las dos.
    Su candor, sin cesar,
    me hace en ti pensar.
    Por su amor,
    si he de luchar,
    vencer sabré.

    MARIELSA
    Espero que esa moza
    que te hechizó
    también tendrá defectos
    que tengo yo.
    No espero que me digas
    su nombre, no.
    Feliz si con sus gracias
    te cautivó.

    ITSVAN
    No esperes que te diga
    su nombre y condición.
    Las mozas, sin palabras,
    entienden la intención.
    No esperes, no;
    no esperes, no,
    que diga su secreto
    mi amante corazón.

    MARIELSA
    La moza que tú quieres,
    si sabe tu pasión,
    verá nacer la llama
    que enciende la ilusión.
    No esperes, no;
    no esperes, no,
    que yo pregunte lo que piensa
    tu amante corazón.

    LOS DOS
    Feliz quien siente nacer
    un ardiente y firme querer.

    ITSVAN
    Cual tu voz, su voz
    es caudal de amor.
    Sois las dos,
    cual bella flor,
    nidal feliz de amor.

    MARIELSA
    No me importa quién podrá dar
    a tus frases tal calor,
    ni me puede causar
    envidia su amor.

  15. #13
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    Estando tan próximos a Venecia, no podíamos dejar de ir a la ciudad de la laguna, y nos vamos a dar el gusto de llegar en globo, que había quien lo hacía a comienzos del siglo XX. Con sus canales, sus góndolas y gondoleros, y esos gobernantes tan particulares que fueron los dux, Venecia ha alimentado la imaginación de infinidad de artistas y son abundantes las óperas y zarzuelas que tienen aquí su sede. Entre estas últimas, “La dogaresa”, zarzuela de Rafael Millán en la que los amores de la hermosa Marietta con el gondolero Paolo se ven amenazados por el Dux, que también pretende a la joven, y de hecho, hace que la lleven al palacio ducal para casarse con ella al día siguiente.

    En el Acto II, Paolo se dispone a rescatar a su amada antes de que tenga lugar el enlace. Para ello espera a que se haga de noche, y sigilosamente acude con la góndola a la escalinata del palacio. Sigilosamente es un decir, porque va cantando la barcarola que es el fragmento que he escogido para ilustrar esta zarzuela, dado que los tenores no se han podido lucir mucho hasta aquí.


    Rafael Millán. “Ya duerme Venecia tranquila”, de “La dogaresa”, interpretado por Carlos Munguía.

    DivShare File - 10_ Millán_ La dogaresa_ Barcarola _Ya d.mp3

    PAOLO
    ¡Ah...!
    Ya duerme Venecia tranquila,
    la góndola rápida avanza.
    Paolo cantando vigila
    jurando en su canto venganza.
    Sufra el mundo entero
    mi mismo dolor.
    Canta, gondolero,
    tu perdido amor.

    CORO
    Tra, la, la, la, la

    PAOLO
    El destino fiero
    me infirió el dolor.
    Llora, gondolero
    lágrimas de amor.

    CORO
    Tra, la, la, la, la
    Ya duerme Venecia tranquila,
    la góndola rápida avanza.

    PAOLO
    Escucha mi canto, la veneciana,
    más pura que un trino de ruiseñores.
    Y es mi estrella tan tirana
    que mi amor no llevas a ella.
    En mi canto, veneciana,
    va el encanto del amor.

    CORO
    Escucha mi canto, la veneciana,
    más pura que un trino de ruiseñores.

    PAOLO
    Y es mi estrella tan tirana
    que mi amor no llevas a ella.

    CORO
    En mi canto, veneciana.

    PAOLO
    Va el encanto del amor.



    Pero el plan es descubierto. Paolo es apresado y condenado a muerte. Desesperada, Marietta pide ayuda al siniestro bufón Miccone, quien, por el módico precio de una caricia, se sacrifica para salvar al gondolero. Cuando llevan a éste hacia el patíbulo se cruzan con el Santo Viático. Según la tradición, si sucede tal cosa el condenado a muerte es indultado. Paolo es liberado, y la zarzuela termina con Miccone anunciando a los cuatro vientos que el Viático es para el Dux, a quien él mismo acaba de herir de muerte. Es uno de los pocos casos en que se produce una muerte en una zarzuela.

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  17. #14
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    A mí me gusta mucho la barcarola La Dogaresa.
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  18. #15
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    Me alegro enormemente, Almaviva. El cantante no es, desde luego, lo más fino que hay en tenores. Pero es uno de los que más zarzuelas ha grabado, y a mí me gusta mucho la fuerza que imprime siempre a sus interpretaciones.

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